OnlyFans, la ‘página azul’: el patriarcado disfrazado de libertad

Miles de chicas jóvenes entran buscando independencia económica y acaban atrapadas en una lógica de exposición constante, donde el valor de su existencia se mide en suscriptores.

Por Isabel Durán Báez | 21/10/2025

Se ha puesto de moda llamarla “la página azul”, un eufemismo que suena inofensivo, casi divertido, pero que esconde lo de siempre: la explotación sexual maquillada de emprendimiento.

La llaman así porque su logo es azul y porque en redes sociales no pueden nombrarla directamente sin ser sancionadas o baneadas. Pero lo que de verdad se esconde bajo ese color corporativo es mucho más oscuro que cualquier algoritmo.

El negocio de la supuesta ‘liberación’

OnlyFans nació como una plataforma para “creadores de contenido”. Pero su éxito explotó cuando se convirtió en el nuevo escaparate digital del sexo de pago, especialmente de mujeres jóvenes.

El discurso dominante —y peligrosamente rentable— es el del “empoderamiento femenino”: tú decides, tú cobras, tú mandas. Pero ese relato no resiste ni el más mínimo análisis feminista.

Porque lo que de verdad hay detrás es lo mismo de siempre: hombres pagando por acceso al cuerpo, la intimidad y la sexualidad de mujeres, plataformas multimillonarias enriqueciéndose con ese deseo masculino, y una cultura que sigue confundiendo la libertad con la servidumbre erotizada.

No hay empoderamiento cuando lo que se vende es el cuerpo. Hay neoliberalismo sexual: la idea de que, si obtienes dinero por tu sumisión, ya no es explotación, sino “elección”.

Y eso, desde el feminismo abolicionista, no es libertad: es adaptación al patriarcado. La gran mentira del “trabajo sexual digital”

Las defensoras del “trabajo sexual” en OnlyFans repiten el mismo mantra: “Es mi cuerpo, mi decisión”. Pero el feminismo abolicionista no cuestiona la decisión individual, sino el sistema que convierte esa decisión en una opción rentable.

Preguntémonos:

¿Por qué casi todas las “creadoras” son mujeres jóvenes y casi todos los “clientes” son hombres?

¿Por qué el algoritmo premia la exposición sexual femenina y no la masculina?

¿Por qué la sociedad celebra a la influencer que abre una cuenta en OnlyFans pero ignora el impacto psicológico, el acoso, las filtraciones y el estigma que sufren muchas de ellas después?

La respuesta es sencilla: porque OnlyFans no es una plataforma de libertad, sino de pornografía 2.0, camuflada bajo un barniz de modernidad y autoafirmación.

Y lo más perverso es que muchas mujeres, agotadas por la precariedad, la violencia económica y la falta de oportunidades, se ven empujadas a vender lo único que el patriarcado siempre les ha dicho que vale: su cuerpo.

Eso no es elección.

Eso es coacción estructural.

Y eso es lo que el feminismo abolicionista denuncia. La nueva trata emocional

OnlyFans no necesita proxenetas tradicionales: el algoritmo es el nuevo proxeneta. No te controla con cadenas, sino con likes, seguidores y pagos en dólares.

Y cada publicación es una apuesta más en la ruleta del deseo masculino.

Se explota el cuerpo, pero también la autoestima, la necesidad de validación y la vulnerabilidad emocional.

Miles de chicas jóvenes entran buscando independencia económica y acaban atrapadas en una lógica de exposición constante, donde el valor de su existencia se mide en suscriptores.

Y cuando quieren salir, el daño ya está hecho: su contenido queda filtrado, su imagen cosificada y su salud mental deteriorada.

Mientras tanto, la plataforma sigue cobrando su 20% de comisión, con la misma indiferencia que cualquier proxeneta que se enriquece del cuerpo ajeno.

‘La página azul’ no es azul: es gris oscuro

La llaman así para evitar la censura, pero también para blanquear su verdadera función. Es la metáfora perfecta de cómo el patriarcado digital ha aprendido a camuflar la explotación:

Ya no se llama prostitución, sino “contenido premium”.

Ya no se llama proxenetismo, sino “gestión de creadores”.

Ya no se llama explotación, sino “empoderamiento”.

Y lo peor es que el buenismo progresista aplaude todo esto como una muestra de libertad sexual.

Pero no hay libertad cuando el deseo masculino dicta las reglas del juego, ni cuando el cuerpo femenino sigue siendo mercancía.

El feminismo abolicionista no busca moralizar: busca desvelar el engaño.

No queremos mujeres “libres para venderse”, sino libres para no tener que hacerlo.

¿Qué necesitamos?

  • Un gobierno que proteja a las mujeres de la explotación digital, no que la normalice bajo discursos de “autonomía”.
  • Políticas públicas que garanticen empleo digno, vivienda, educación y seguridad para que ninguna joven tenga que convertir su cuerpo en su currículum.
  • Educación sexual feminista que rompa la cultura pornográfica y enseñe relaciones igualitarias, no jerarquías de deseo.
  • Y sobre todo, una sociedad que deje de romantizar la prostitución virtual y empiece a llamar a las cosas por su nombre.

OnlyFans no es empoderamiento. Es patriarcado digital con filtros.

Y “la página azul” no es más que una cortina de humo que pinta de color lo que sigue siendo violencia estructural.

Se el primero en comentar

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.