Por una intervención psicológica en la IVE sin estigmas

El derecho a la interrupción voluntaria del embarazo es una prestación sanitaria fundamentada en la libertad de las mujeres para decidir si quieren ser madres o no serlo.

Por Laura Berja Vega | 28/05/2025

El Segundo Sexo, de Simone de Beauvoir, es sin duda uno de los grandes textos del siglo XX. Uno de los temas tratados por la filosofa francesa en este ensayo feminista es la maternidad. Decía la autora que la maternidad se ha entendido como único destino para las mujeres, estableciéndose una equivalencia entre mujer y madre, y explicaba que la socialización que recibimos las mujeres está plagada de narrativas que nos inducen a ser madres.

Los estereotipos de género y los mandatos sexistas sobre la maternidad tienen mucho que ver con la estigmatización del aborto. El mandato de la maternidad como destino único de las mujeres lleva implícito la condena del aborto. También esta visión limita la sexualidad femenina a entenderse con el fin de la procreación y no con la satisfacción sexual de las mujeres. Cuando una mujer tiene un embarazo no deseado, los prejuicios que recaen sobre ella se relacionan también con la promiscuidad o una sexualidad irresponsable.

Desde el siglo XIX la iglesia ha considerado el aborto un crimen. A estas ideas difundidas sobre el aborto también se suma el mito sobre la peligrosidad de la práctica médica del aborto en la actualidad.

La estigmatización del aborto sigue siendo una constante presente en la decisión de las mujeres sobre abortar o no. El mandato de la maternidad obligada, “si no eres madre, tu vida está incompleta”, las consideraciones sobre el aborto “mujeres promiscuas e irresponsables que sacrifican a sus hijos” y el señalamiento sufrido por las mujeres que abortan, son elementos clave a tener en cuenta en las posibles consecuencias emocionales antes, durante y después de la IVE. Para ahondar en esta idea haremos un repaso por diferentes estudios publicados desde los años 70.

La literatura científica nos dice que en la mayoría de los casos las mujeres no muestran patologías psicológicas, ni duelo tras la interrupción voluntaria del embarazo. Los primeros estudios, Lask (1975) en Inglaterra, analizaban las posibles secuelas psiquiátricas a corto plazo de la IVE, encontrando una escasa incidencia de trastornos, los cuales se relacionaban más con características del entorno de las mujeres que con el aborto en sí mismo.

El estudio experiencias emocionales en la IVE Women’s emotional accounts of induced abortion es una revisión que tiene como objetivo explorar las vivencias emocionales de las mujeres en torno a la IVE a través de la producción científica cualitativa existente. En el estudio se menciona como consideración previa que las revisiones sistemáticas de las vivencias del aborto previas a 2010 no mostraron evidencia de secuelas psicológicas del aborto y relacionaron el impacto emocional negativo con determinados factores de riesgo.

El estudio muestra resultados relacionados con tres temas principales en torno a las experiencias emocionales: el acceso a la IVE, el impacto emocional durante la asistencia sanitaria y los aspectos individuales, relacionales y socioculturales condicionantes de la vivencia.

Entre los resultados obtenidos creo relevante resaltar que “Las principales dificultades emocionales se relacionaron con el conflicto ético, la toma de decisiones, la relación con el entorno social y sanitario, y la experiencia del estigma.” Por último “Como elementos facilitadores se refirieron la autonomía en la toma de decisiones y el apoyo emocional; como barreras, las manifestaciones del rechazo social y los mensajes negativos del entorno político, sanitario y sociofamiliar”.

En relación a este último aspecto, entre las conclusiones del estudio se incide en que “cuando las actitudes y creencias en torno al aborto fueron negativas, las mujeres experimentaron el estigma internalizado, sentimientos de culpa, vergüenza y autocrítica, y todo el proceso como “su error”. Al contrario, cuando el aborto se vivió como un «evento desafortunado», las mujeres experimentaron menos estrés, aunque sí anticiparon con temor las posibles consecuencias del estigma social y algunas vivieron con tristeza y preocupación el rechazo por parte de su entorno social y el mito social negativo del aborto, en especial en los casos considerados «difíciles», condicionados por la edad, el momento vital o la situación de pareja o familiar. En el proceso de gestión emocional… las manifestaciones de rechazo social y los mensajes negativos por parte del entorno político y sociocultural representaron las principales barreras”.

Prácticamente todos los estudios desde los años 70 nos dicen que no hay una relación entre aborto y trastornos mentales derivados del mismo, negando así la existencia del supuesto síndrome post-aborto (no reconocido en ningún manual de diagnóstico). Pero no sólo eso, sino que en el caso de que las mujeres sufran problemas emocionales están relacionados con factores de riesgo previos o son consecuencia de la estigmatización del aborto.

Medidas políticas como ofrecer escuchar el latido, impulsadas por algunas CCAA (es el caso de Castilla y León), intensifica los sentimientos de culpa. El sentimiento de culpa que una mujer pueda tiene tras abortar puede ser un factor importante en el desarrollo de trastornos emocionales.

Lo que también nos dice la investigación es que el aborto sobre todo produce alivio. Según el metaanálisis de Major et al. (2000) y American Psychological Association (APA) un embarazo no deseado puede ser un estresor importante para las mujeres y la IVE constituir una forma de alivio para ellas. Los elevados niveles de estrés pueden deberse, entre otros motivos, a tener que someterse a la intervención de la IVE, al embarazo no deseado o a vivir un embarazo con malformaciones fetales.

En 2020, una investigación publicada en la revista científica Social Science & Medicine, liderada por científicos de la Universidad de California en San Francisco, mostró que el 95% de las mujeres que participaron en el estudio y que habían vivido un aborto no se arrepienten de su decisión.

El derecho a la interrupción voluntaria del embarazo es una prestación sanitaria fundamentada en la libertad de las mujeres para decidir si quieren ser madres o no serlo. Cualquiera de las dos decisiones es legítima sin tener que justificar la misma, ni establecer motivaciones más genuinas o autorizadas en una u otra dirección.

Una mujer que interrumpe voluntariamente su embarazo por patología fetal y que desea ser madre, tiene todo el derecho a abortar sin ser cuestionada. Una mujer que interrumpe voluntariamente su embarazo porque no quiere ser madre, también.

Se observa una proliferación de contenido relacionado con duelo perinatal en IVE’s. Hay profesionales que identifican síntomas de duelo en algunas mujeres que han interrumpido voluntariamente su embarazo dado que sienten el aborto como una pérdida por cuestiones previas a la decisión de la IVE (en algunas mujeres con fuerte deseo de ser madres o en algunos casos de IVE por patología fetal). Trabajar psicológicamente con estas mujeres es importante. Sin embargo, creo relevante señalar, que no se encuentra la misma proporción de material para trabajar con las mujeres cuyos síntomas psicológicos están más vinculados a la presión social, al estigma y la culpa.

Esto es especialmente importante teniendo en cuenta lo expuesto hasta ahora. Además, según los datos del Ministerio de Sanidad, el 93,94% de las IVE se producen a petición de la mujer y sólo el 2,61% se produce por riesgo de graves anomalías en el feto.

También se están validando prácticas en la intervención con mujeres con síntomas de duelo tras IVE que no están suficientemente apoyadas por la psicología científica. Que en un momento dado a alguien le pueda valer una práctica, o desearla, no puede convertirse en una recomendación terapéutica si no se investigan los posibles efectos de la misma.

Todo esto también me lleva a reflexionar sobre lo siguiente: generar un discurso mayoritario sobre la IVE que ponga el foco en lo difícil de la decisión o en las consecuencias emocionales relacionadas con el duelo puede convertirse en una trampa que puede terminar culpabilizando a quienes viven el aborto de otra manera. La frase “abortar es una decisión difícil y dolorosa” es controvertida. Para algunas mujeres sí y para otras no lo es. Para las mujeres que así sea, el acompañamiento y la validación emocional es muy importante. Sin embargo, promover este mensaje como un mantra contribuye a la estigmatización del aborto.

Para terminar, me gustaría acabar con las siguientes conclusiones:

  • El imaginario colectivo construido a partir de roles y estereotipos de género en relación a la maternidad influye en la estigmatización del aborto.
  • Los mitos sobre el aborto y la criminalización del mismo afectan al proceso experimentado por las mujeres.
  • El alivio es una de las emociones más comunes en las mujeres que abortan. La culpa es una emoción a tener en cuenta en este proceso.
  • La investigación nos dice que la mayoría de las IVE´s no dejan secuelas psicológicas.
  • Hay algunos factores que son predictores de que las mujeres puedan sufrir problemáticas emocionales o algunos trastornos psicológicos. Es importante tenerlos en cuenta a la hora del acompañamiento.
  • Cada mujer que decide interrumpir su embarazo tiene una realidad diferente. Respetar sus motivaciones para abortar y validar las emociones experimentadas es fundamental para afrontar este proceso de una manera sana.
  • La existencia de un discurso hegemónico sobre la experiencia del aborto como proceso traumático contribuye a la presión que sufren muchas mujeres sobre cómo deberían vivir el aborto.

La intervención psicológica destinada a las mujeres que tras interrumpir voluntariamente su embarazo padecen malestar emocional debe tener presente fundamentalmente la estigmatización del aborto.


Laura Berja Vega es psicóloga con habilitación sanitaria y Agente de Igualdad de Oportunidades.

Bibliografía:

-“Experiencias emocionales en la IVE Women’s emotional accounts of induced abortion”

Gac Sanit vol.35 no.4 Barcelona jul./ago. 2021 Epub 27-Dic-2021 https://dx.doi.org/10.1016/j.gaceta.2020.02.006. Alina Danet Danet.

Departamento de Organización de Empresas, Marketing y Sociología, Área de Sociología, Universidad de Jaén, Jaén, España.

-Major, B., Cozzarelli, C., Cooper, M. L., Zubek, J., Richards, C., Wilhite, M. & Gramzow, R. H. (2000). “Psychological responses of women after first-trimester abortion”. Archives of General Psychiatry, 57: 777-784.

-Major, B., Zubek, J. M., Cooper, M., Cozzarelli, C. & Richards, C. (1997). “Mixed messages: Implications of social conflict and social support within close relationships for adjustment to a stressful life event”. Journal of Personality and Social Psychology, 72: 1349-1363

-American Psychological Association (2008). Report of the APA Task Force on Mental

Health and Abortion. Autores: Major, B., Applebaum, M., Beckman, L., Dutton, M. A., Russo, N. F. & West, C. <En línea: http://www.apa.org/pi/wpo/mental-health-abortionreport.pdf>

-Major B, Cozzarelli C, Cooper ML et al. Psychological responses of women after first- trimester abortion. Archives of General Psychiatry 57; 777-784,2000.

-Resultados de la investigación sobre las consecuencias emocionales y psicológicas del aborto inducido. Dra. Marta B. Rondón. https://promsex.org/wp-content/uploads/2010/06/ Consecuencias-emocionales-psicologicas-aborto-inducido-Marta-Rondon.pdf

– https://www.theguardian.com/world/2020/jan/12/abortion-women-do-not-regret-study

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