¿Por qué fracasó la Segunda Internacional ante la guerra?

Greulich explicaba que el socialismo había conseguido desarrollar entre los obreros los sentimientos más nobles, y que había dado a la clase trabajadora una esperanza.

Por Eduardo Montagut | 19/11/2025

Hemos encontrado una reflexión de un protagonista fundamental de las dos primeras Internacionales, el suizo Hermann Greulich, sobre las razones por las que la Internacional había sido incapaz de impedir la Gran Guerra.

Greulich (1842-1925) trabajó con Marx y Engels, y El Socialista recogió un trabajo suyo en varias entregas en abril de 1915 titulado “La Internacional y la guerra”. En uno de las mismas trató de las causas sobre la incapacidad de la misma para impedir la guerra.

Greulich explicaba que el socialismo había conseguido desarrollar entre los obreros los sentimientos más nobles, y que había dado a la clase trabajadora una esperanza, una aspiración, gracias a lo cual había salido de la indiferencia. El socialismo había desarrollado en los trabajadores valor y firmeza de carácter para que pudieran librarse de su secular esclavitud. Los socialistas habían impulsado a esas masas a elevar su nivel de vida, y desarrollar el espíritu de fraternidad y de autodefensa; y eso era, precisamente, siempre según su opinión, lo que más se les había reprochado por parte de las clases privilegiadas.

Entonces, por todos los medios violentos, con “el aguijón del hambre”, se había pretendido alejar a la parte más libre del proletariado de las filas socialistas. Esa sería la causa de la debilidad de la clase trabajadora que se había revelado con motivo de la guerra.

Para Greulich las predicaciones de tipo moral por sí solas nunca habían podido ejercer influencia profunda en las masas. Pero cuando dichas masas se veían asediadas por sus necesidades materiales, concentraban toda su energía en la conquista de los derechos materiales o vivían en la mayor indiferencia. Solamente con la mejora de las condiciones de vida se elevaba el nivel moral e intelectual de las masas. Eso había sido demostrado hasta la evidencia por el movimiento obrero.

Por otro lado, confesaba que la guerra había enseñado a no presuponer que el socialismo tenía tanta fuerza como parecía suponerse. Greulich confesaba que habían sido demasiado débiles para impedir la guerra. Había habido un número muy grande de obreros indiferentes, no organizados, ignorantes. Pero, aún los organizados no habían estado lo suficientemente preparados para la lucha. Tampoco los líderes, que habían sido pocos en número y no todos suficientemente cultos. Para combatir esos males había que intensificar la obra de la organización, de cultura de los Sindicatos, Partidos, y en las Cooperativas. Había que estrechar más las filas y dejar a un lado las discusiones, y no rechazar a los débiles sino animarlos.


Hemos trabajado con el número 2150 de El Socialista de 13 de abril de 1915.

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