Pan, Tierra y Libertad. El grito ahogado en sangre de Javier Verdejo

La familia del joven no quiso poner ninguna denuncia, y tras una breve investigación el caso se cerró, sin que nadie fuera responsabilizado del crimen.

Francisco Javier Verdejo Lucas era, en el verano de 1976, un estudiante granadino que cursaba la carrera de Biología en la Universidad de Granada. Procedía de una significada familia del régimen, ya que su padre, Guillermo Verdejo Vivas, había sido alcalde de Almería entre los años 1965 y 1969, y procurador en las Cortes Franquistas en dos ocasiones. Pese a sus orígenes, en la universidad comenzó a militar en la Joven Guardia Roja de España, cuya secretaria general era Pina López-Gay, y que era la organización juvenil del maoísta Partido del Trabajo de España. El PTE, fundado en 1967, era uno de los partidos que disputaba el espacio político a la izquierda del PCE, y que tras su legalización obtuvo casi 200.000 votos en las elecciones generales de 1979, y en las municipales de ese año consiguieron más de doscientos concejales, y algunas alcaldías notables, sobretodo en Andalucía, como las de Motril, Puerto Real y Estepona.

Pero regresemos a ese verano de 1976, concretamente a la medianoche del 13 de agosto, en la que el joven Javier Verdejo, que contaba entonces 19 años de edad, estaba realizando una pintada en el muro del desaparecido balneario de San Miguel, en la playa de Almería. “Pan, Trabajo y Libertad”, un mensaje que, todavía hoy, se nos antoja revolucionario, era el que Javier quería plasmar en el muro del callejón de San Miguel del Zapillo. Apenas pudo escribir primera palabra, Pan, porque al comenzar la segunda, dejó la T colgada ante la aparición de una pareja de la Guardia Civil. En su cabeza dibujó un punto de fuga, y corrió hacia la playa, pero allí se encontró con otro agente de la benemérita, que le disparó a una distancia de seis metros. La bala, como si quisiera cercenar su último grito de libertad, le entró por la garganta y le salió por el hueso occipital. Francisco se desplomó en la arena de la playa de Almería, herido de muerte.

Así daba la noticia el diario de la Transición, El País, en su edición del día 15 de agosto, en un artículo titulado: Almería: joven muerto de un disparo cuando realizaba una «pintada».

“Francisco Javier Verdejo Lucas, de diecinueve años, estudiante, resultó muerto al filo de la madrugada a disparos de la Guardia Civil, cuando realizaba una «pintada» en las proximidades de la playa almeriense, junto con otros tres jóvenes que no han podido ser identificados.

Francisco Javier Verdejo se encontraba hacia las doce de la noche en la zona del balneario de San Miguel iniciando unas «pintadas», lo acompañaban tres jóvenes. Había escrito «PAR» con un spray, y su intención era, probablemente, realizar una inscripción del Partido del Trabajo de España, pues se ha confirmado que era miembro de la Joven Guardia Roja. Una pareja de la Guardia Civil del puesto de Zapillo, de vigilancia fiscal -anticontrabado-, observó al joven. Uno de los guardias se colocó tras él, en tanto que el otro cerraba la salida de la calle; al notar la luz de una linterna, el joven echó a correr en dirección a la playa; le fue dado el alto y, seguidamente, recibió un disparo. La bala, al parecer, entró por la parte delantera de la garganta y salió por la parte posterior. Según la versión oficial, dada a conocer en Almería, el guardia civil que lo perseguía se cayó, y como consecuencia de la caída se le disparó el arma. Los tres compañeros de F. J. Verdejo huyeron en los primeros momentos, sin que hasta ahora hallan podido ser identificados.
El estudiante muerte cuyo cadáver fue levantado por un juez militar, era alumno del primer curso de Biología de la Facultad de Ciencias de Granada. Era miembro de la comisión gestora de la Asociación Democrática de la Juventud de Granada.
Sus amigos lo describen como un muchacho serio y muy culto. Hace unos meses había sido detenido en Granada cuando colocaba carteles en el polígono de Cartuja. Esta detención hizo difíciles las relaciones del joven estudiante con su familia de Almería, ciudad de donde era natural. Al parecer, su padre le amenazó con expulsarlo del hogar familiar. El señor Verdejo Vivas, padre del joven, es actualmente presidente del Colegio de Farmacéuticos de Almería y ha sido alcalde de la capital hace ocho años. Se trata, pues, de una familia muy conocida en la ciudad.”

El entierro de Javier Verdejo congregó a miles de jóvenes frente a la iglesia de San Pedro, donde se celebró el funeral, que impidieron que el féretro fuese introducido en el coche fúnebre y lo llevaron en hombros, durante más de cuatro kilómetros, hasta el cementerio, gritando «Javier, hermano, nosotros no olvidamos», «vosotros, fascistas, sois los terroristas» y «paz, trabajo y libertad», aunque la policía “a petición de la familia”, impidió el paso al cementerio a la multitud que acompañaba al cuerpo del joven asesinado.

Numerosas muestras de condolencia llegaron desde muchos rincones del estado, incluso el poeta Rafael Alberti, que al año siguiente sería elegido diputado en las listas del PCE, escribió las Coplas en la muerte de Javier Verdejo:

Salió ilusionado un día
Salió aquella madrugada
a escribir lo que quería
Y pensó que en la ciudad
todo era muro, pizarra,
pared de la libertad
Oh muros libres de viento,
paredes para gritar
la rabia o el descontento
Pero hasta un muro cualquiera
sin libertad puede ser
hoy lo que la muerte quiera
Alzó la mano y pintó
una P… lo que seguía
la muerte se lo impidió
Y no fue PAN ni TRABAJO
ni LIBERTAD ni AMNISTIA
lo que la muerte le trajo.
Que todavía en España
no es la guadaña del trigo
lo que afila su guadaña
Porque hay sombras que aún agitan
Esas sombras que en las sombras
Más tristes la precipitan.
Pintad con mano segura:
la libertad en la luz
no en una prisión oscura.

El diario El País también se hacía eco de la nota oficial, remitida por el Gobernador Civil de Almería, Roberto García-Calvo, que más tarde formaría parte del Tribunal Constitucional:

«Sobre las veinticuatro horas del día 13, cuando una pareja de la Guardia Civil de vigilancia fiscal nocturna prestaba su servicio en las inmediaciones de la playa, a la altura del balneario San Miguel, observó la presencia de cuatro individuos que en actitud sospechosa merodeaban por aquel lugar. Al acercarse a los mismos, con el objeto de identificarlos, se dieron a la fuga, saliendo en su persecución la pareja, a uno de cuyos números, al correr detrás del que había huido en dirección a la playa y tropezar, se le disparó el arma, alcanzando el proyectil al que resultó ser el joven Francisco Javier Verdejo Lucas, de diecinueve años, natural y vecino de esta ciudad, quien resultó muerto. El resto de los huidos aún no han sido localizados ni identificados. Instruye, diligencias el juzgado militar»

En 2016 el almeriense Antonio Sarmiento dirigió el documental “Muerte de un Rebelde. Caras de la Transición”, centrado en el asesinato de Javier Verdejo, tras recoger varios testimonios de familiares y compañeros de esta víctima de la Transición Sangrienta, así como el de testigos de los hechos.

La familia del joven no quiso poner ninguna denuncia, y tras una breve investigación el caso se cerró, sin que nadie fuera responsabilizado del crimen. La familia recibió del Estado una compensación económica de 135.000 euros por aplicación de la actual Ley de Memoria Histórica como “reconocimiento a favor de personas fallecidas en defensa de la democracia y en atención a las circunstancias excepcionales que concurrieron en su muerte por acción de las Fuerzas de Seguridad o por excesos de éstas”.

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