Un país llamado España

Victor Chamizo

Cuando yo era joven, y salí de España para recorrer parte de Europa con unos amigos, con mis pertenencias en una mochila, y un billete de Interrailen mi cartera, y cuando alguien te preguntaba que de dónde eras, parecía que te daba vergüenza confesar que eras español. Daba reparo, porque acababa de morir el dictador y procedíamos de un país dictatorial. Y nos encontrábamos, de repente, en Francia, en Bélgica, o en Holanda, países que desde hacía mucho tiempo eran países democráticos.

Posteriormente me di cuenta de que, si bien Europa, exceptuando los Países del Este, era democrática, España era una dictadura, precisamente gracias a Europa, porque no fueron si no los grandes países europeos los que reconocieron el estado fascista de Franco como nación. La Europa democrática siempre ha sido una Europa derechizada. Y eso ha quedado patente cuando los catalanes han declarado unilateralmente la República Independiente Catalana, se esté mayor o menormente de acuerdo con ello. Cuando ha sucedido esto es cuando uno se pregunta ¿Por qué no hicieron lo mismo con Franco?

Lo realmente triste de este asunto, es que, después de todos aquellos años oscuros, grises, de clandestinidad, de lucha en las calles, de muertes por ideas políticas. Después de aquella España salvaje, atroz, miserable, fascista, autoritaria, inculta, pobre, retrasada, cerrado y sacristía, que decía Machado. Después de los años de Constitución y de Estado de Derecho, ese estado y esa constitución con las que algunos se envuelven para no cambiar nada, para mantener un régimen que no murió, ni en el 75, ni en el 78. Después de todo esto, digo, uno sigue sintiendo vergüenza en Europa.

Vergüenza de ser ciudadano de uno de los países más corruptos del mundo, de que gobiernen individuos cuyo partido ha sido declarado “organización criminal”, de que existan individuos en las cárceles por haber celebrado un referéndum, aunque fuese inválido. De que, precisamente, todo el aparato del Estado haya impedido la celebración de ese referéndum, el valor más puro de la democracia, y de que se haya ensañado a golpes contra individuos cuyo único deseo era depositar en una urna su parecer, su deseo, su posición ante un hecho. Porque, independientemente de los artículos que se les quiera aplicar a Cataluña, nadie puede evitar que siga existiendo un conjunto de la población cuyo deseo sea separarse. Ni en España, ni en ningún lugar del mundo.

Después de todo esto, uno sigue sintiendo vergüenza en Europa

Uno sigue sintiendo vergüenza de tener unos compatriotas que legislatura tras legislatura continúan apoyando la actitud miserable de los corruptos, de los prevaricadores, de una justicia que, no es ya que no sea ciega, sino que mira fijamente a un punto, o, que, en cualquier caso, evita mirar a otro.

Esto es un país llamado España. Luego los españoles son otra cosa.

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