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Entrevistamos a la la profesora Nuria del Álamo Gómez, experta en inmigración y extranjería, y miembro de la cátedra de Memoria de la Universidad de Salamanca
Por Sol Gómez Arteaga | 24/09/2026
Nuria del Álamo Gómez es Diplomada en Trabajo Social, Licenciada en Sociología, Diplomada en Familia y Sociedad por la Universidad Nacional Autónoma de México, Experta y Máster en Inmigración y Extranjería por la Universidad Europea de Madrid y el Consejo General de la Abogacía, y Doctora en Sociología por la Universidad de Salamanca.
Actualmente es Profesora Titular del Área de Trabajo Social y Servicios Sociales del Departamento de Derecho del Trabajo y Trabajo Social, Investigadora Titular del Instituto de Iberoamérica, miembro del Grupo de Investigación Reconocido “Políticas públicas en defensa de la inclusión, la diversidad y el género” y coordinadora de la Línea “Migrantes y Derechos” de la Clínica Jurídica de la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca.
Asimismo, es miembro de la Junta Directiva de la Asociación Salamanca Memoria y Justicia y miembro de la Cátedra de Memoria Democrática de la Universidad de Salamanca.
Sus líneas de investigación son las migraciones internacionales, el asilo, el exilio, las migraciones cualificadas, y las políticas de gestión e integración de la inmigración.
Vivimos unos momentos históricos de gran confrontación en los que determinados sectores políticos de la derecha y ultraderecha, con las mentira y los bulos como instrumento, buscan desestabilizar a la sociedad, destruir lo que tanto trabajo y vidas humanas ha costado levantar: la democracia. Uno de los puntos claves de ese discurso de desestabilización es hacer ver como enemigo al extranjero que emigra de su país en busca de unas mejores condiciones de vida. Como experta en emigración, ¿qué análisis harías a nivel mundial de lo que está pasando?
Las migraciones son tan antiguas como la humanidad, así que plantearlas únicamente como un problema actual no anticipa nada bueno. Con la generalización y aceleración de los movimientos migratorios en el mundo, las personas migrantes se han convertido en el chivo expiatorio al que acusar de los problemas que han generado las políticas neoliberales. La extrema derecha ha sabido capitalizar ese malestar de la población por la precariedad laboral y las dificultades de acceso a la vivienda, y lo ha convertido en el caldo de cultivo de los bulos que muestran a las personas migrantes como un peligro para el bienestar y la seguridad de los países de acogida, cuando los estudios muestran exactamente lo contrario, la inmigración es el motor económico de los países del primer mundo acuciados por un envejecimiento de la población y aumento de la esperanza de vida. Esta situación genera un aumento de las situaciones de enfermedad y dependencia al final de la vida difíciles de atender por la población autóctona. Por eso las migraciones se feminizan, porque las mujeres procedentes de países “pobres” dejan a sus familias para cuidar a los hijos y las personas dependientes en los países “ricos”. Igual ocurre en la agricultura y otros sectores donde la población autóctona aspira a empleos más cualificados. La inmigración económica se genera porque hay demanda de mano de obra en los países de destino y en sectores muy concretos como el sector servicios, la construcción, el sector primario y el sector de los cuidados. La inmigración, como evidencian los estudios, no genera pobreza y tampoco un aumento de la delincuencia.
Pero tampoco debemos pecar de ingenuidad y creer que es suficiente con dejar que el fenómeno se “regule” solo. Hoy en día todos los Estados son origen de movimientos migratorios, destino o país de tránsito y, en algunos casos, las tres cosas a la vez, por ello deben plantearse diseñar e implantar políticas migratorias serias y rigurosas, que determinen quién puede entrar, pero también cómo se va a favorecer la integración de las personas que llegan.
Cuando los gobiernos, por acción u omisión, no priorizan políticas serias de integración de la inmigración, favorecen la utilización del fenómeno por parte de la ultraderecha como, desafortunadamente, hemos visto en demasiadas ocasiones. En los dos mandatos de Trump en Estados Unidos, se ha utilizado el discurso anti-inmigración como eslogan electoral, como también centró la campaña del Brexit hace 10 años, y como está ocurriendo en la Unión Europea donde la evidencia de la necesidad de la llegada de personas inmigrantes, de hecho, forma parte de la política comunitaria.
Tampoco podemos creer que son fenómenos aislados entre sí, porque la “música” de estos discursos anti migratorios suena muy parecida. No hay más que escuchar las consignas de estos partidos para identificar que forman parte de una corriente global de populismo xenófobo, que utiliza el mismo vocabulario bélico para referirse a las personas migrantes, generando en la población una percepción de amenaza de la que nos “pueden” proteger los partidos populistas.
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Centrándonos en nuestro país, España, desde hace más de un mes asistimos al drama de Ceuta, con la entrada los días 30 y 31 de julio de unas 72.000 personas procedentes de Marruecos, habiendo regresado en las primeras 48 horas 70.000 de forma voluntaria. No obstante, las estimaciones oficiales calculan que unos 10.000 permanecen en la ciudad, llevando a una crisis migratoria y humanitaria y a un tenso y controvertido debate geopolítico. Haznos un diagnóstico de lo que está pasando y qué soluciones, bajo tu punto de vista, se podrían aportar.
Lo que ha ocurrido en Ceuta es, ante todo, un drama humanitario. A las puertas de Europa conviven personas que emigran por una motivación económica o de mejora de las condiciones de vida, con otras que huyen de guerras, persecuciones y amenazas, y que han accedido por la única puerta que se les ha abierto. Es conveniente recordar que no existen vías accesibles, legales y seguras para entrar en España, ni para migrantes económicos, ni para solicitantes de asilo que ni siquiera pueden pedirlo en país de origen o desde un tercer estado. Entrar por puestos no habilitados se convierte en la única opción, y eso es lo que ha ocurrido. Los datos oficiales muestran que en la frontera sur de la Unión Europea estas entradas son frecuentes, pero se obvia que la principal vía de entrada de la inmigración irregular se realiza por aeropuertos y vías terrestres, esto se invisibiliza y se apunta a las imágenes de personas con su vida en una bolsa de plástico entrando a nado por el espigón de Ceuta.
Además, entre estos miles de personas que han entrado en Ceuta hay niños, niñas y adolescentes, especialmente vulnerables a las agresiones y a la explotación sexual, que gozan de una especial protección. Si no se pueden “devolver en caliente” a los adultos que han entrado irregularmente, menos aun puede hacerse con los menores de edad. Las personas adultas deben ser identificadas y permitirles realizar una petición de asilo, con asistencia letrada e intérprete, si lo desean. Si devolviésemos a las personas saltándonos este procedimiento, estaríamos incumpliendo los Tratados y Acuerdos suscritos por España, por eso debemos rechazar los discursos, vengan de donde vengan, que afirman que “volverán a Marruecos todos los que entraron”, porque proponen violar la legalidad vigente y eso es el inicio de la barbarie.
La situación de los niños y niñas es más delicada aún. Nuestra normativa interna (la Ley de Extranjería) establece un procedimiento de retorno más garantista que consiste en que solo se podrán devolver a aquellos menores de los que las autoridades puedan localizar a sus familias, o que puedan ser puestos a disposición de los servicios de protección a la infancia del país de origen, siempre que se garantice el interés superior del menor. Es evidente que el procedimiento es largo y complejo y requiere, mientras tanto, de la atención de estos niños y niñas en los servicios de protección a la infancia de las Comunidades Autónomas, que son las competentes en esta materia. Es lógico que la Ciudad Autónoma de Ceuta no disponga de medios para atender a todos los menores que han entrado en esta crisis y en anteriores, por eso se aprobó en 2025, el Real Decreto 743/2025, de 26 de agosto, por el que se establece la capacidad ordinaria del sistema de protección y tutela de personas menores de edad extranjeras no acompañadas de las comunidades y ciudades autónomas, y la obligatoriedad de estas de acoger, en un reparto proporcional, a los menores que están en Ceuta, como ya se hizo, entonces, con Canarias. Las Comunidades Autónomas de la península disponen de plazas suficientes para acoger y dar la debida atención a estos menores, pero algunas comunidades que gobiernan con la ultraderecha incumplen la norma, a sabiendas.
Esta acogida temporal no es una obligación moral, sino legal, que debería interpelarnos como demócratas y defensores del Estado de Derecho. Permíteme que recuerde aquí unas palabras de mi querido Javier de Lucas, Catedrático de Filosofía del Derecho de la Universitat de València, que insiste en que la compasión no puede ser criterio de política migratoria y de asilo, porque es voluntaria, volátil, y no exigible, hoy se atiende, mañana, no. El respeto al Derecho y a los Convenios internacionales sí es un criterio firme, obligado y prioritario.
Las soluciones no son sencillas. A corto plazo solo cabe atender las necesidades de las personas que permanecen en Ceuta mientras se les identifica, se determina su origen y la procedencia del retorno. A largo plazo, necesitamos una política migratoria planificada, y que los diferentes niveles competenciales de la Administración dejen de utilizar la inmigración como ariete y estrategia electoral.
Quiero preguntarte por el proyecto pedagógico en el que participan quince centros de enseñanza primaria, secundaria, F.P y enseñanza universitaria que recibe el nombre de “Historias de vida”. ¿Cómo surge? ¿Qué objetivo persigue? ¿Qué ámbitos o colectivos abarca? ¿Por qué crees que es importante?
Desde hace más de una década, utilizo “las historias de vida” como técnica de aprendizaje de las realidades migratorias en una asignatura que imparto en el Grado en Trabajo Social. Es una asignatura que pretende formar a las futuras trabajadoras sociales (son mayoría) en aspectos psicosociales y jurídicos de las migraciones, y elaborar la “historia de vida” de una persona migrante les permite integrar y aplicar los conocimientos teóricos adquiridos. A través de esta actividad, el alumnado pone rostro y voz a la experiencia de la emigración, a veces dentro de su propia familia, y cambia para siempre su percepción de lo que supone dejar tu casa, tu familia y tu lengua materna, para lanzarte a lo desconocido.
Mientras, mi querida amiga y colega Carmen Miguel Vicente, profesora de Trabajo Social de la Universidad Complutense, estaba haciendo lo mismo en una asignatura sobre prospección laboral, para la que proponía a sus estudiantes entrevistar a sus abuelos y abuelas para conocer sus trayectorias laborales. En estas historias brotaban relatos de la escuela y de cómo comenzaban a trabajar apenas aprendían “las cuatro letras”. Desde que descubrimos la similitud de nuestras actividades el proyecto no ha dejado de crecer, bajo la dirección de Carmen, incorporándose Centros de Educación Primaria, Infantil, Bachillerato y Formación Profesional, y otras Universidades. Y las temáticas abordadas tampoco han dejado de crecer, ya que se incluyen, de manera transversal, las migraciones, la perspectiva de género, las trayectorias laborales, la represión de la dictadura y la Memoria Democrática.
Es muy satisfactorio ver al alumnado emocionado con las historias y sus protagonistas, y cómo este proceso les hace aprender y “aprehender” las experiencias de la migración.
Como docente de la Universidad de Salamanca háblanos en concreto de tu trabajo de coordinación en el proyecto “Historias de vida” desde la línea de inmigración, que culmina con tu participación en la publicación en papel de cuatro volúmenes que recoge los testimonios directos de distintos colectivos.
Paralelamente al Proyecto de las “historias de vida” en el Grado en Trabajo Social, participo en un proyecto más reciente denominado “Relatos de vida con nombre propio: proceso de escucha activa para transformar realidades desde el Derecho”. En este caso la iniciativa parte de la Clínica Jurídica de Acción Social de la Universidad de Salamanca que es una asignatura optativa de los Grados en Derecho, Criminología y Ciencia Política y de la Administración Pública que utiliza la metodología de Aprendizaje- Servicio, o lo que es lo mismo, el alumnado aprende al mismo tiempo que realiza un servicio a la comunidad. La Clínica se estructura en siete líneas de intervención: discapacidad y dependencia, intervención penitenciaria y derechos humanos, cambio climático y desarrollo sostenible, memoria democrática, menores y uso de internet, migrantes y derechos y la clínica jurídico-penal, y desde ellas se colabora con entidades del tercer sector dedicadas a la atención de diferentes colectivos. Para dar voz a estos colectivos, pensamos en llevar la elaboración de historias de vida a una dimensión más jurídica con propuestas para mejorar la vida de estos colectivos. La idea de publicarlas cada curso académico en un libro colectivo nos permite difundir estas historias de una manera muy eficaz, a la vez que nuestro estudiantado conoce a sus protagonistas, desarrolla competencias profesionales del ámbito jurídico.
Con este curso 2025-2026, son ya cuatro ediciones del libro de Relatos, y esperamos que sean muchos más.
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La docencia, campo en el que trabajas, además de impartir conocimientos, investigar, puede y deber ser un canal para enseñar y transmitir valores. ¿Cuáles crees que son los retos del Trabajo Social del futuro?
El reto fundamental es adaptarse, como profesión, pero también como disciplina científica, a los desafíos actuales. Las migraciones, el Cambio Climático, los delitos de odio, el racismo, etc., exigen del Trabajo Social altura de miras. No bastará con la atención e intervención sobre los problemas sociales, sino que será necesario trabajar, también, en la sensibilización y la prevención. También la investigación debe ser un ámbito prioritario para el Trabajo Social, aunque cuesta mucho romper la lógica del profesional del trabajo social como ejecutor de políticas diseñadas por otros. Hay que reivindicar el papel del Trabajo Social en la investigación, previa a la planificación e intervención, el famoso “conocer para transformar”, porque mientras no fomentemos la investigación en Trabajo Social estaremos supeditados a otros profesionales que investigarán por nosotros.
Eres miembro de la Junta Directiva de la Asociación Salamanca Memoria y Justicia y miembro de la Cátedra de Memoria Democrática de la Universidad de Salamanca. Saber lo que pasó, trasmitirlo generacionalmente, buscar a los desaparecidos, darles digno entierro, dignificarles, son algunos de los objetivos de la Memoria Histórica que parecen aludir a hechos del pasado. Sin embargo, ¿crees que la Memoria Histórica enlaza con el momento actual? ¿Crees que es importante seguir hablando de ella por y para las siguientes generaciones?
A través de las actividades de la Línea de Memoria Democrática de la Clínica Jurídica y la movilización que provocó la propuesta, en 2022, del PP y Vox de Castilla y León de una “Ley de concordia” que negaba la represión, desprotegía a las víctimas y desasistía a las asociaciones memorialistas, descubrí la enorme injusticia y ausencia de reparación de las víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura, y como los duelos siguen presentes en las familias. Desde entonces me he implicado en las actividades de la Asociación Salamanca Memoria y Justicia y recientemente me he incorporado también a la Cátedra de Memoria Democrática de la Universidad de Salamanca.
La Memoria Histórica o Democrática no solo enlaza con el momento actual, sino que explica muchas cosas que estamos viviendo. La Transición pasó por un ser un proceso modélico de tránsito a la Democracia, pero lo cierto es que en aras del consenso se amnistió por igual a víctimas y victimarios, privando a las familias de los represaliados del reconocimiento y la reparación. Como se dice vulgarmente “de aquellos polvos, estos lodos”. Las generaciones actuales no solo desconocen la verdad de lo sucedido, sino que han asumido la retórica revisionista de la Guerra y la Postguerra. La prueba la tenemos estos días con el auto del Tribunal Supremo que suspende el derecho al voto de los españoles descendientes de españoles exiliados entre el año 1936 a 1955 con el argumento de que no han podido probar que el exilio fuese por motivos políticos, exigiendo una prueba de ello, y negando así la existencia de la represión. De igual manera que la ultraderecha alemana sostiene que no existió el holocausto.
Por eso, me resulta insoportable oír a adolescentes decir que se vivía mejor en la Dictadura. Hay que seguir hablando y mostrando la historia real, no solo a los jóvenes, sino también a generaciones que se han criado con la historia “oficial”. La generación de mi madre (82 años) todavía no ha podido conocer la historia de los defensores de la II República y sus valores. Hay que seguir haciendo pedagogía de la verdad y la justicia.
Por último, ¿hacia dónde ves la deriva de la sociedad con el auge del fascismo al que asistimos? ¿hay esperanza en el futuro? ¿qué crees que podemos hacer los ciudadanos de a pie frente a las amenazas que “desde la propia democracia” nos acechan?
Quiero pensar que aún estamos a tiempo, pero lo cierto es que el panorama es descorazonador. Si antes causaba vergüenza reconocerse como fascista, racista u homófobo, ahora se asume como una opción política u opinión más.
La peor amenaza para la Democracia es que ésta no sea capaz de defenderse de sus enemigos. Si no lo remediamos, el fascismo volverá y entrará por la puerta principal, utilizando la misma Democracia para destruirla. En nuestra mano está defenderla de esta amenaza global, aunque no es la única. El Cambio Climático también amenaza la vida sobre la tierra, multiplicando las injusticias sociales y fomentando el auge del autoritarismo.
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