No hay tregua, un viaje a la Barricada de 1986

En 1986 Barricada abandona el pequeño sello Soñua, con el que editó sus dos primeros discos, y fichaba por la multinacional RCA, con quien sacaron un disco, “No hay tregua”, de los que quedaron grabados a fuego entre sus fieles, y del que se vendieron 10.000 copias.

Por Angelo Nero | 5/07/2026

Fue en 1986 cuando España y Portugal ingresan en la Comunidad Económica Europea, también en el que se establecen relaciones diplomáticas entre Madrid y Tel Aviv. La carrera espacial americana sufrió un grave revés ese año, cuando el transbordador espacial Challenger se desintegró poco después del despegue. Baby Doc abandona Haití, poniendo fin a tres décadas de la sangrienta dictadura de los Duvalier, mientras Ferdinand Marcos huía de Filipinas después de veinte años en el poder. El cometa Halley cruzaba el cielo mientras yo entraba a trabajar en la litografía y comenzaba a militar sindical y políticamente. En Estocolmo asesinaban al primer ministro sueco Olof Palme y Metallica estrenaba su tercer álbum, Master of Puppets. Fue el año en el que perdimos el referéndum de la OTAN y en el que se produjo el accidente de la central nuclear de Chernóbil, en Ucrania. Yo también tuve un accidente, en un Renault 6 con el que di varias vueltas de campana, en una larga noche de rock and roll, mientras el Frente Patriótico Manuel Rodríguez atentaba contra el General Pinochet, que salió ileso y el alpinista tirolés Reinhold Messner se conviertía en el primer hombre en coronar los 14 ochomiles.

En 1986 Barricada abandona el pequeño sello Soñua, con el que editó sus dos primeros discos, y fichaba por la multinacional RCA, lo que le valió no pocas críticas por una parte de su público que les tildó de “vendidos”. Pero los de la Txantrea, que siempre se crecieron ante la adversidades, sacaron un disco, “No hay tregua”, de los que quedaron grabados a fuego entre sus fieles, y del que se vendieron 10.000 copias.

El LP comenzaba con un acelerado tema, “Contra la pared”, que ya apuntaba hacia donde iba su nuevo y combativo trabajo, con una crítica mordaz y divertida contra las normas que dicta el poder y anima a unirse y rebelarse, “hoy por ti, mañana por mi”, porque todos estábamos entonces, alguna vez, contra la pared. La policía había cambiado del gris al marrón, pero los hábitos seguían siendo los mismos.

Aunque el verdadero himno, es el segundo corte del disco, “No hay tregua”, con una de esas letras que nacen para ser coreadas, “Anónimo luchador / nunca tendrán las armas la razón / pero cuando se aprende a llorar por algo / también se aprende a defenderlo. / Estas asustado, tu vida va en ello / pero alguien debe tirar de gatillo.” La canción tuvo problemas para pasar la censura de la discográfica, y una vez que salió el disco, algunos dijeron que hacía apología del terrorismo, algo que ha desmentido El Drogas en más de una ocasión, “Para mí esa canción refleja bastante bien mi sentir antimilitarista, pacifista y, a la vez, lo que puede suponer la soledad de una persona ante la respuesta vital que siente, cómo reacciona. No soy yo quien está en la letra, sino una reflexión de ese momento en esta tierra”.

El tercer tema del disco, “Campo amargo”, es otra descarga de puro rock and roll, cantada por El Drogas, y con una letra dedicada a la lucha de los jornaleros andaluces, “De cara al mundo, sabor español / El noble toro, sombrero cordobés / Castañuelas de marfil¡ / Fiesta en Marbella, diamantes / De verdad, condesas rubias / Braguitas de algodón / Marinaleda no puede soportar / Huelga de hambre / Por un trozo de pan / ¡El contraste es descarao!”.

No quedan en el panorama del rock español muchos grupos de estas características, y los que continúan resistiendo no transitan precisamente por caminos de rosas, cuando una de las cosas que necesita nuestra música es, precisamente, más barricadas.” Escribía por aquel entonces el músico y periodista Ignacio Saenz de Tejada en El País.

Alfredo Piedrafita y Fernando Coronado compusieron el tema más lento del disco, “Aún queda un sitio”, una balada que comienza como un lamento “Dónde está mi revolución / No da igual, aún queda un sitio / Si me quieres acompañar”, y la continua duda de si se ha elegido el camino correcto, de conservar la autenticidad, “Por cuanto vendo la mejor canción”, dicen en otra parte del tema. La voz del Boni a punto de desgarrarse, recoge uno de sus registros más logrados del disco.

Y después de la calma, la tormenta de “Písale”, una canción vacilona, un sencillo rock and roll, “Todos en la misma lata / con la música rompiendo el motor / písale, no pares / sin miedo a la velocidad”, que parece escrita para la banda sonora de una película de cine quinqui. Aunque ese año Barricada apareció en la BSO de una película de Montxo Armendáriz, “27 horas”, las canciones elegidas para el film protagonizado por una jovencisima Maríbel Verdú y Jon San Sebastián, fueron “Míralo” y “Esta es una noche de rock and roll”. Con “Písale”, también salieron ese año en el programa de RTVE, “Tocata”, por donde pasaron también, entre otros, Iron Maiden, Scorpions o W.A.S.P.

Subiendo decibelios, una de las joyas del disco, “Okupación”, otro de esos himnos que sin duda forman el legado inmortal de Barricada, “Hablar por hablar, ese es el sistema empleado / eres un peligro ¡defiéndete! / van a usar la porra otra vez / tus costillas contra el suelo/ hostia en la boca, hostia en los huevos”, dice la letra de la canción, haciendo visible un problema de los ochenta, el de la vivienda, que sigue estando de actualidad. Frente a ese “hablar por hablar”, los de la Txantrea apostaba por el “dales acción, ármate / dales acción a por ellos,” a la vez que mostraban el lado más punkarra de la banda.

Y vuelta al más puro rock and roll, con “Quiero perderme”, un rock básico y sincero, con su buen solo de guitarra y una letra canalla, “No hace falta que hablemos de nada / Esas tetas me las quiero comer / Deshacer mi saliva en tu piel”, porque el grupo del Drogas y de Boni, te podía llevar al campo amargo, a la okupación y declarar que no hay tregua, pero sus seguidores de entonces, seguían siendo animales nocturnos, guiados por sus instintos, más de martxa que de borroka.

El tercer disco de Barricada se grabó en los estudios Eurosonic, de Madrid, donde tuvieron que compartir estudio con Concha Velasco y Augusto Algueró, que estaban grabando el especial de Nochevieja para televisión española ¡la única que había entonces!, con Rosendo Mercado como productor y como arreglista, que puso al servicio de la banda navarra un Rockman X100, diseñado por Tom Scholz, guitarrista de la banda Boston, una unidad para auriculares que encapsulaba en su interior un sonido tan bueno que se usó para grabar álbumes completos. Eran famosos su limpio comprimido, su saturación y su chorus analógico incorporado.

Encarando el tramo final del disco, “A pecho descubierto”, una ácida crítica a las estructuras de poder que controlan la sociedad, a través de las religiones y de las narrativas culturales de dominación, en las que no se escapa tampoco el rock, “Demasiado muerto en el rocanrol / Da dinero el circo al que tiene precaución / Todos en manada se maneja mejor” dice un fragmento de la letra de la canción. Barricada se reafirma en mantenerse alejado del rebaño y de rearfirmar su honestidad en su propuesta musical, pese a las críticas que habían sufrido al fichar por una multinacional, RCA, con la que la relación no sobreviviría a este disco, en el que intentó censurar varios temas.

La penúltima canción del disco, “Juegos ocultos”, es un despliegue de deseo, el despertar sexual de una generación que salía de la represión franquista, y que no admitía más mordazas, “Ese pezón, redondo sale de la blusa / obscenidad miro a mi alrededor / no es una diversión tiemblo como una gallina / busca un rincón / no te agaches mas mi bulto ya no puede esperar.”

Y para rematar, una canción antipatriarcal, cuando ese término todavía no estaba en boca de casi nadie, “Siempre drogadas, sin sujetador / No llevan bragas, qué provocación / Toman pastillas, sólo piensan en follar / Gritan sí al aborto sin vergüenza ni moral / Usted se siente diferente, doce hijos de un tirón / Era el macho de la casa, vale la demostración”, y es que los de la Txantrea demostraron en este disco que no tenían pelos en la lengua, y que igual podían reivindicar la okupación como la lucha de los jornaleros andaluces, el sexo sin tapujos o la lucha callejera.

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