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Los desplazamientos navales, a los que se encuentra abocado el Pentágono, por momentos parecen contradecir y por momentos no las declaraciones de Trump acerca de nuevos plazos para el alto el fuego, el fin de la guerra o lanzar todas las fuerzas que viene acumulando en la región contra Irán
Por Guadi Calvo | 25/04/2026
Nunca antes ha tenido mayor certeza aquello de: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Esto en verdad es lo único que Donald Trump y su grupo de “expertos” en inversiones inmobiliarias de Nueva York le ofrecen a la República Islámica de Irán, en lo que ya es, por las posibilidades latentes de una deriva nuclear, el conflicto armado más importante desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Las amenazas de Trump, respecto al cierre y apertura del estrecho de Ormuz, tienen confundidos a todos los gobiernos de Occidente, que observan con preocupación cómo sus reservas de petróleo y gas bajan, las frecuencias de los vuelos comerciales disminuyen al tiempo que los precios de estos insumos se parecen a la respiración de un enfermo terminal.
Aunque todo esto no logra confundir a Teherán, que observa con la “pasividad” de un consumado ajedrecista cómo Trump sigue jugando al bingo en algún lugar barato de Coney Island. Al tiempo que tanto China como Rusia observan a los Estados Unidos, como cualquier persona consciente buscaría la manera de desarmar al borracho antes que termine de hacer un desastre.
Es en este contexto que sobre Ormuz se instaló lo que Carl von Clausewitz definió como “niebla de guerra”, ese punto en que un conflicto arriba al punto donde la falta de información sobre el enemigo genera incertidumbre y confusión, que impide a los comandantes definir una estrategia.
Siendo todavía más acuciante tras las fallidas o no tanto negociaciones de Islamabad, que se realizaron entre el 11 y 12 de abril, donde el experimentado grupo de “expertos” que Trump envió a Pakistán, según desde donde se vea, fracasó, cuando en verdad consiguieron lo que Israel pretende desde 1948: incrementar cada vez más el conflicto. Ya que la dotación que Washington llevó a Pakistán, el vicepresidente JD Vance, el yerno oficial, Jared Kushner y el especulador inmobiliario Steve Witkoff, fue monitoreada desde Tel-Aviv, como si cada uno de ellos fuera un fedayín palestino. Cuando el presidente Trump hace que intenta afianzar las negociaciones de paz, promoviendo un nuevo encuentro en la capital pakistaní, a la que solo enviará a Kushner y Witkoff. Toda una garantía de éxito, ya que considera que la comitiva persa no será de primer nivel, por lo que no enviará a Vance.
Todos conocemos también este nuevo final, y de antemano podría afirmar que la foca gangosa continuará con las sucesivas prórrogas para volver a amenazar con “borrar una civilización en una sola la noche”. Esperando que el mando iraní se quiebre y estallen las relaciones entre los jefes de la Guardia Revolucionaria Islámica (GRI) y el poder de los ayatolás, que a más de 55 días de comenzada la guerra y después de haber superado las horas más críticas del conflicto, no hay evidencias de que algo así pueda suceder. Al tiempo que cada día arriban más efectivos y embarcaciones de guerra norteamericanas al Golfo de Omán, para posicionarse en proximidades de Ormuz.
Como prueba de esto, se conoció el jueves 24 que el USS George H.W. Bush se convirtió en el tercer portaviones en aproximarse al teatro de operaciones. El Bush, a propulsión nuclear, ya llegó a proximidades de la República Islámica tras haber navegado unos 10 días desde su apostadero en la costa oriental del sur de África, transportando miles de hombres, además de decenas de aviones cazas. También se espera que se sume el USS Gerald Ford, que hace unos días partió desde Croacia. El Ford, que es el mayor y más moderno portaviones norteamericano, había intentado participar en la operación Furia Épica, aunque debió defeccionar arguyendo un incendio en una lavandería y el taponamiento de su sistema de drenajes, del que se cree fue boicoteado por sus propios hombres para no sumarse a la guerra de la Liga Epstein.
A la vez que el USS Abraham Lincoln (CVN-72) dice que se encuentra en el norte del Mar Arábigo, dentro del Área de Responsabilidad del Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM), del que se dijo, en los primeros días del inicio de la guerra, que fue alcanzado por lo menos por un misil iraní, lo que lo obligó a colocarse a más de mil kilómetros.
No deja de ser sugestivo que en este contexto en que las fuerzas navales estadounidenses se han tornado vitales frente a una guerra abierta o un estancamiento del conflicto, Trump haya destituido “con efecto inmediato” nada menos que al Secretario de la Marina, John Phelan, en medio de tensiones con el Secretario de Defensa, Pete Hegseth, arguyendo un desacuerdo casi “técnico” en la implementación de reformas a la construcción naval. Phelan se suma a ya una compacta lista de funcionarios políticos y militares de alto rango que la foca gangosa ya ha echado desde el comienzo de la guerra, lo que solo muestra las turbulencias al interior de la Casablanca.
Los desplazamientos navales, a los que se encuentra abocado el Pentágono, por momentos parecen contradecir y por momentos no las declaraciones de Trump acerca de nuevos plazos para el alto el fuego, el fin de la guerra o lanzar todas las fuerzas que viene acumulando en la región contra Irán.
Más allá de sus obnubilaciones, sus amenazas intermitentes y retrataciones constantes, Trump no debe evitar recordar Vietnam, Irán o Afganistán, donde los Estados Unidos aprendieron a un gran costo que entrar a una guerra siempre es sencillo e incluso más difícil que ganarla es retirarse antes de que se convierta en un desastre.
Por su parte, como para agregar más inquietud a todo, Benjamín Netanyahu acaba de informar a la opinión pública que desde hace dos meses padece cáncer de próstata, información que había ocultado en el contexto de la guerra y que, de ser cierta, de todos modos es un castigo minúsculo para quien se ha convertido en el mayor genocida de los últimos treinta años.
El otro frente
Mientras Trump sigue jugando a las escondidas en el golfo de Omán, donde no están jugando, sino que combatiendo de verdad, es entre el norte del enclave sionista y el sur de Líbano, donde, al parecer, no ha llegado el alto el fuego de tres semanas, pactado entre Beirut y Tel Aviv.
Donde las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) se niegan a replegarse y continúan sus operaciones contra Hezbollah, cada vez más afirmado en su territorio. Y dando de su medicina a las FDI, que otra vez se vuelven a encontrar con un Hezbollah recuperado que está sometiendo a los judíos a la peor experiencia en suelo libanés de los últimos 20 años.
Apenas se conoció el acuerdo entre los delegados enviados a Washington del gobierno de Netanyahu y del presidente del Líbano, Joseph Aoun, Ali Fayyad, legislador y uno de los líderes históricos de la milicia chiita, declaró que “cualquier acuerdo que no incluya una retirada israelí del territorio libanés reafirma el derecho a resistir la ocupación”. Aseveración que se verificó con múltiples enfrentamientos entre los efectivos sionistas y la milicia chií.
Hasta el momento, Hezbollah solo ha concedido interrumpir sus demoledores ataques con cohetería contra territorio palestino ocupado. Mientras las FDI continúan sus ataques contra la población civil en diversas localidades del sur del Líbano, siempre claro en «legítima defensa», según lo expresa el mando judío.
Mientras que en las poblaciones del norte del enclave sionista, que han debido padecer en dosis homeopáticas lo que Gaza vive cada día desde octubre del 2023. Se estima que las negociaciones de Washington no alcanzarán resultados favorables para ellos, mientras Hezbollah no sea desarmado, algo en este contexto absolutamente improbable, ya que sigue siendo la única fuerza con posibilidades de contener el avance sionista, el que más temprano que tarde se volverá a producir como lo hace Israel regularmente desde 1978.
No cabe duda de que los altos el fuego entre Teherán y Washington y Tel Aviv y Beirut solo se han establecido para que todos los bandos se rearmen, fieles a la premisa de que si quieres la paz, prepárate para la guerra.
Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.
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