Los colonos como punta de lanza de la ocupación israelí de territorios palestinos

Los colonos actúan como una vanguardia que presiona a las comunidades palestinas, creando un clima de temor que precede la intervención militar.

Por Ricardo Guerrero | 25/05/2025

La ocupación israelí de los territorios palestinos, que abarca Cisjordania, Jerusalén Oriental y la Franja de Gaza, ha sido un hecho constante desde la Guerra de los Seis Días de 1967. Entre las estrategias empleadas por el régimen sionista para consolidar su control sobre estos territorios, el establecimiento y apoyo a los asentamientos de colonos judíos ha jugado un papel fundamental. Los colonos, respaldados por el gobierno y a menudo armados, actúan como una fuerza de choque que facilita la expansión territorial, precediendo y preparando el terreno para la intervención militar y la anexión de facto.

Los colonos como herramienta de ocupación

Los asentamientos israelíes son comunidades establecidas por ciudadanos israelíes, mayoritariamente de origen judío, en territorios ocupados militarmente desde 1967.

Estas colonias no solo representan una apropiación de tierras palestinas, sino que también funcionan como un mecanismo estratégico para fragmentar el territorio, restringir la libertad de movimiento de los palestinos y alterar el equilibrio demográfico en favor de Israel.

El gobierno israelí ha promovido activamente la construcción y expansión de estos asentamientos, proporcionando incentivos económicos, infraestructura y protección militar. La existencia misma de los asentamientos constituye un crimen de guerra, ya que implica el traslado de población civil israelí a territorios ocupados, una práctica prohibida por el derecho internacional. Sin embargo, Israel no solo ha ignorado las resoluciones de la ONU que exigen el cese de estas actividades, sino que ha intensificado la construcción de nuevas viviendas y asentamientos, especialmente en los últimos años.

Los colonos, a menudo motivados por la ideología sionista religiosa, actúan como una fuerza de avanzada en la ocupación. Su presencia en tierras palestinas, respaldada por el ejército israelí, crea un entorno coercitivo que desplaza a las comunidades palestinas mediante la violencia, la intimidación y la confiscación de tierras. Este proceso permite a Israel consolidar el control sobre áreas estratégicas, como el fértil Valle del Jordán o Jerusalén Oriental, a menudo a través de demoliciones de hogares palestinos y restricciones de acceso a recursos esenciales como el agua y la tierra arable.

Grupos de choque armados: La vanguardia de la expansión

Un aspecto particularmente alarmante es el papel de los colonos como grupos de choque armados. Según informes de la ONU y organizaciones como B’Tselem, muchos colonos están armados y organizados en lo que se conoce como “brigadas de defensa de los colonos” o “batallones de defensa regionales”. Desde octubre de 2023, se estima que las fuerzas de seguridad israelíes han distribuido alrededor de 8.000 armas a estos grupos, lo que ha incrementado la violencia contra los palestinos. Estos colonos, a menudo enmascarados y en ocasiones vistiendo uniformes militares, llevan a cabo ataques contra comunidades palestinas, destruyendo propiedades, quemando cultivos y atacando físicamente a los residentes.

Un ejemplo notorio ocurrió en Huwara, en la gobernación de Nablús, donde en febrero de 2023 cientos de colonos respaldados por el ejército incendiaron decenas de automóviles, viviendas y huertos palestinos, dejando un saldo de un muerto y casi 400 heridos. Estos actos de violencia, que en muchos casos cuentan con la complicidad de las fuerzas israelíes, tienen como objetivo expulsar a los palestinos de sus tierras, facilitando la expansión de los asentamientos. La organización Yesh Din reporta que entre 2005 y 2022, el 93% de las investigaciones sobre violencia de colonos contra palestinos se cerraron sin procesamientos, evidenciando una impunidad estructural.

Los colonos actúan como una vanguardia que presiona a las comunidades palestinas, creando un clima de temor que precede la intervención militar. Una vez que los palestinos son desplazados, el ejército israelí a menudo establece zonas militares cerradas o nuevas infraestructuras de asentamientos, consolidando el control israelí. Este patrón se repite en áreas estratégicas, donde la presencia de colonos armados sirve para “ablandar” el terreno antes de una ocupación más formal.

Número estimado de colonos y zonas de mayor actividad

Según datos recientes, aproximadamente 700.000 colonos israelíes viven en unos 300 asentamientos y puestos avanzados en Cisjordania, incluida Jerusalén Oriental. Esta cifra incluye un crecimiento significativo en los últimos años, especialmente desde octubre de 2023, cuando la invasión en Gaza proporcionó una oportunidad para acelerar la colonización en Cisjordania. Hasta 2005, unos 9.000 colonos residían también en Gaza, pero fueron evacuados tras la retirada unilateral de Israel.

Las zonas donde los colonos son más activos incluyen:

Jerusalén Oriental: Considerada un punto estratégico por su importancia religiosa y política, esta área ha visto una intensificación de los desalojos forzosos de palestinos y la construcción de asentamientos como Ramat Eshkol y Neve Yaakov. Alrededor de 220.000 colonos viven en esta zona, donde las organizaciones de colonos, respaldadas por el gobierno, han iniciado procedimientos para desplazar a unas 200 familias palestinas.

Hebrón: En esta ciudad, unos 600 colonos viven en asentamientos en el corazón de la urbe más poblada de Cisjordania, rodeados por unos 200.000 palestinos. La presencia de 645 puestos de control y barreras, incluida tecnología de reconocimiento facial, restringe severamente la libertad de movimiento de los palestinos, mientras los colonos gozan de protección militar constante.

Valle del Jordán: Esta región fértil es un objetivo clave para la expansión de asentamientos debido a su importancia agrícola. Los colonos han desplazado a comunidades beduinas y confiscado tierras para nuevos proyectos de colonización.

Nablús y alrededores (Huwara, Burin, Beit Furik): Estas áreas han sido escenario de ataques violentos de colonos, como los registrados en 2023, donde se incendiaron propiedades palestinas y se atacó a civiles con armas de fuego, barras metálicas y piedras.

Masafer Yatta: En el sur de Cisjordania, esta región ha experimentado un aumento en los ataques de colonos armados, que han destruido infraestructuras palestinas y desplazado a comunidades locales, con el objetivo de expandir los asentamientos.

La presencia de colonos y su violencia han tenido un impacto devastador en la población palestina. Según la ONU, entre octubre de 2023 y agosto de 2024, al menos 589 palestinos fueron asesinados en Cisjordania, 570 por fuerzas israelíes y 11 por colonos. Además, se han documentado cerca de 1.270 ataques de colonos contra civiles palestinos en los últimos 10 meses, incluyendo la quema de 800.000 olivos, una fuente vital de ingresos para los campesinos palestinos.

Las demoliciones de hogares, la confiscación de tierras y el “apartheid hídrico” –el control desproporcionado de los recursos hídricos por parte de Israel– han agravado la crisis humanitaria. Israel utiliza el agua como arma de guerra, afectando a más de dos millones de palestinos. Estas políticas, combinadas con la violencia de los colonos, han desplazado a miles de palestinos, con al menos 18 aldeas abandonadas en Cisjordania desde octubre de 2023.

El régimen israelí ha utilizado estratégicamente a los colonos como una herramienta clave para avanzar en la ocupación de los territorios palestinos. Estos colonos, muchos de ellos armados y organizados en grupos de choque, actúan como una fuerza de avanzada que intimida y desplaza a las comunidades palestinas, preparando el terreno para la intervención militar y la expansión de asentamientos ilegales. Con aproximadamente 700.000 colonos en Cisjordania y Jerusalén Oriental, las zonas más afectadas incluyen Jerusalén Oriental, Hebrón, el Valle del Jordán, Nablús y Masafer Yatta. La complicidad del ejército y la impunidad de los colonos, respaldada por políticas gubernamentales, perpetúan un sistema de apartheid que viola los derechos humanos y el derecho internacional, obstaculizando cualquier posibilidad de una solución justa para el pueblo palestino.

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