Mezquita, los califas del rock progresivo andalusí

Alejados de la atmósfera mística de Bloque, y del jazz-rock de Iceberg, los cordobeses abren un nuevo camino en la escena progresiva peninsular, con un marcado acento andaluz pero, a la vez, diferenciado de otros proyectos como Triana.

Por Angelo Nero | 28/06/2025

La Plaza de la Mezquita, a principios de los años setenta, era un espacio en constante ebullición, no tanto por los turistas, que todavía no habían invadido -como tantas otras- la ciudad cordobesa, sino por los jóvenes que la tenían como lugar de encuentro, en aquella sangrienta recta final de la dictadura que culminaría con el asesinato de José García Caparrós, en Málaga, en 1977. Aquella plaza cordobesa era uno de los muchos nidos de los anhelos de libertad de un pueblo andaluz que buscaba expresarse política, social y culturalmente. La música era, para esa juventud, uno de los canales más atractivos para dar rienda suelta a sus sueños, y así surgieron, del corazón mismo de este rincón de Córdoba, dos grupos de adolescentes, Retorno y Expresión. El primero, con el tiempo se transformaría en el buque insignia del rock andaluz: Medina Azahara. El segundo, daría lugar a una de las bandas más originales del panorama andalusí -como preferían denominarse ellos mismos-: Mezquita.

Mi primer concierto de rock fue, precisamente, uno de Medina Azahara, a finales de los setenta, y entre mis primeros vinilos estaban los de las incipientes bandas del rock progresivo estatal: Iceberg, Bloque, Guadalquivir y, naturalmente, Mezquita.

En 1978 el grupo cordobés ya se había consolidado con Randy López (bajo y voz), José Rafael García (guitarra y voz), Paco Roscka López (teclados), y Rafael Zorrilla Pelucas (batería). Con Expresión hacían versiones de Deep Purple, Pink Floyd, etc, pero ya como Mezquita comenzaron a componer sus propios temas, muy influenciados por el rock progresivo y el rock sinfónico anglosajón, especialmente por King Crimson, Yes, Emerson, Lake & Palmer, incluyendo frecuentes colaboraciones de cuerdas, con violinistas como Santiago Crespo, José Azpiri y Juan Ferreira o el violonchelista Manuel Gómez.

El productor Vicente Mariscal Romero se fija en ellos en un concierto en Madrid, y los ficha para su sello Chapa Discos, división de la discográfica Zafiro, y graban su primer LP en 1979, “Recuerdos de mi tierra”, que se confirmaría como uno de los grandes trabajos del rock progresivo hispano y que tendría repercusión mundial, de tal modo que se reeditó en países tan lejanos como Corea del Sur o Japón. “Mezquita nos llenó a todos. Sus canciones tenían una fuerza nueva dentro de los grupos de rock andaluz. Mientras los demás explotaban el filón de las tonadillas, ellos recogían las raíces más arábigas y le daban un aire de vanguardia absoluta”, afirmó el Mariscal Romero. Alejados de la atmósfera mística de Bloque, y del jazz-rock de Iceberg, los cordobeses abren un nuevo camino en la escena progresiva peninsular, con un marcado acento andaluz pero, a la vez, diferenciado de otros proyectos como Triana, que si bien tuvieron una etapa progresiva en sus tres primeros discos, ya estaban a punto de iniciar su viraje hacia territorios musicales más comerciales, con el álbum “Un encuentro”, en 1980.

El 24 de noviembre de 1979 presentan “Recuerdos mi tierra” en Córdoba. “Aquello fue muy grande. Córdoba amaneció un día empapelada de carteles azules porque dábamos ese concierto en el Gran Teatro. Más de 500 personas se quedaron en la calle porque se agotaron las entradas, y eso que entonces cabían 4.000 personas en el teatro. Fue un éxito muy grande. Tuvieron que abrir las puertas porque las iban a romper. Esas 500 personas entraron y se sentaron por los pasillos, no cabía ni un alma. Ahora el público quiere ser el artista, quiere cantar y como hagas algo que no entienda, no se paran a escuchar, hay que darlo todo muy mascadito. En esa época, la gente te escuchaba y quería música.” Declaraban los integrantes de Mezquita en 2020 al Diario de Córdoba.

De su primer álbum salieron dos sencillos “Recuerdo de mi tierra / El bizco de los patios”, y “Desde que somos dos / Ara Buza (Dame un beso)”. El diálogo entre la guitarra eléctrica y la guitarra clásica, los arabescos dibujados por los teclados y una percusión alucinante, junto a una reconocible línea de bajo, además de la voz rota de Randy López, fueron las claves del éxito de este primer trabajo, que les abrió los escenarios de todo el estado.

Sin embargo, tras el éxito de crítica y de público, su segundo trabajo “Califas del Rock”, publicado en 1981, no tuvo la misma acogida, tal vez por el viraje musical hacia paisajes sonoros más cercanos al hard-rock o, como apuntan muchos críticos, a la irrupción, fomentada desde los círculos del poder, de la Movida madrileña, que trajeron productos musicales de más fácil consumo, pero con una calidad -en su mayoría- ínfima. Al año siguiente publicarían discos Alaska y los Pegamoides, Los Secretos y Mecano, cuyas machaconas canciones seguimos sufriendo, así que creo que “Califas del Rock” es un disco que conviene reivindicar, y que siempre es agradable volver a escuchar.

Otra vez recogemos las palabras del grupo en la citada entrevista del Diario de Córdoba, donde corroboran esta teoría: “Hubo una época en que todo era política y nosotros luchábamos también con nuestra música contra el opresor. Durante la dictadura, el enemigo era el Estado que no nos dejaba hacer muchas cosas. Luego, con la llegada de la democracia, tuvimos que parar un tiempo para dar una oportunidad a los nuevos, pero cuando vimos sus intenciones, volvimos a la carga. Cuando murió Franco, la política usó a los grupos de rock andaluz en sus mítines para crear conciencia de comunidad en Andalucía, nos usó y luego se olvidó. En los mítines de Escuredo, por ejemplo, iba Mezquita, iba Triana… Nos sentimos un poco utilizados por los políticos de la época porque cuando llegaron donde querían, nuestras letras y propuestas, que hacían pensar a la gente, ya no les interesaban. Se podría decir que existe una deuda histórica con el rock andaluz. De hecho, alguien dijo aquello de a España no la va a reconocer ni la madre que la parió (Alfonso Guerra) y entonces se impuso la new age, la nueva modernidad, esa enfermedad que vino a estropear el panorama musical que había y que tenía ya un nivel con bandas de rock como Asfalto, Barón Rojo, Triana, Mezquita, Medina Azahara… Antes de la nueva modernidad, los djs ponían la música que les gustaba, pero eso cambió con la radio fórmula, que hizo que quien quisiera sonar tuviera que pagar.”

En 1986 Mezquita se separó, y cada uno de sus integrantes tomaron rumbos distintos, Randy López se unió a Medina Azahara, y posteriormente formó El Origen, junto a Miguel Galán. El guitarrista José Rafael García grabó en solitario bajo el nombre artístico de Adán García, y Paco Roscka López también participó en otros proyectos musicales. En 1995 se volverían a reunir para subirse a los escenarios con un puñado de nuevos temas, que fueron celebrados por sus seguidores. En 2002 fallece el batería Rafael Zorrilla Pelucas, y cuatro años más tarde Mezquita reaparece una vez más, con un nuevo batería, Eduardo Viñolo, antiguo miembro de la formación seminal, Expresión.

Con esta formación quitarían un disco en directo, con algunos temas nuevos, “30º Aniversario. En directo” (Navarrock, 2011) mostrando la buena salud del rock progresivo andaluz. Y en 2024 sacan a la luz “Made in Spain”, cuya portada remite al mítico álbum de Deep Purple, y que se presentó en la Cemac RockSchool de Córdoba, en un encuentro intergeneracional, conectando las raíces y los retoños del rock andaluz: “Últimamente, ha habido una revitalización del rock andaluz porque ha habido un despertar de la conciencia de Andalucía. Lo bueno del rock andaluz es que es atemporal, no pasa de moda. Una canción de Triana hoy es tan fresca como cuando se grabó hace más de 40 años.”

Se el primero en comentar

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.