Mazón vuelve a mentir: una presidencia indigna que debe responder ante la Justicia

El país valenciano no merece este nivel de miseria institucional. No merece un ex presidente que manipula datos, oculta información, distorsiona los hechos y juega con el dolor de quienes han sufrido una tragedia

Por Isabel Ginés | 18/11/2025

La comparecencia de Carlos Mazón vuelve a evidenciar una trayectoria de falsedades, manipulaciones y excusas que ya resulta insoportable para una sociedad que sufrió una tragedia devastadora. Hoy ha demostrado, una vez más, que solo sabe engañar, ocultar y reírse del dolor ajeno. Nada de lo que dijo resiste un mínimo análisis, y su comportamiento político y moral se ha convertido en una ofensa directa a todas las personas afectadas. Un presidente que actúa así solo debe responder ante la Justicia. Su sitio está fuera de las instituciones, y si los hechos así lo determinan, en la cárcel.

Durante los días posteriores a la tragedia estuve sobre el terreno, quitando barro con voluntarios, acompañando a víctimas y hablando con familiares que habían perdido a alguien. He visto el impacto real del desastre, las casas arrasadas, el silencio extraño que queda después de una desgracia colectiva, la forma en que la vida cotidiana se quiebra sin previo aviso. En esas horas, lo que menos necesitaba la gente era un presidente obsesionado con culpar a otros, que no cogiera el teléfono, que los dejase tirados por comer, incapaz de asumir la realidad y dispuesto a distorsionar cualquier dato para protegerse a sí mismo. Ni dignidad, ni responsabilidad, ni respeto. Su actitud fue una traición hacia quienes más necesitaban claridad, explicaciones y apoyo institucional.

Y sus mentiras… siempre los tiendo. Mazón insiste en que la responsabilidad del envío del ES-Alert no recaía en él ni en su consellera, cuando el protocolo autonómico es inequívoco. Miente cuando asegura haber mostrado un registro completo de llamadas: lo que presentó fue un listado elaborado a mano, acotado a unas horas concretas, sin aportar los registros oficiales del operador ni de toda la jornada. Desfigura los hechos al afirmar que no recibió información sobre el barranco, ignorando que durante horas llegaron avisos formales y alertas hidrológicas que se mantuvieron activas hasta la crecida final. Intenta desviar la atención responsabilizando a predicciones meteorológicas que nunca dijeron lo que él asegura y que, de hecho, habían advertido del peor tramo horario mucho antes de que se reuniera el centro de coordinación. Asegura que no se tuvo constancia inmediata de las pérdidas humanas, cuando él mismo habló públicamente de fallecidos antes de la madrugada. Y repite hasta el agotamiento que pasaron horas sin información sobre los caudales, pese a que los avisos fueron constantes durante la misma franja en la que él estaba ausente.

Lo más obsceno de todo es su actitud pública. Se permite sonreír, ironizar, recibir los aplausos de los suyos y actuar como si quienes señalan sus mentiras fueran enemigos políticos en lugar de ciudadanos exigiendo claridad. Mientras él busca refugio en el partidismo, las víctimas siguen intentando reconstruir su vida. Mientras él calcula qué decir para no quedar retratado, los familiares de quienes murieron siguen asimilando una pérdida marcada por la desinformación y la negligencia institucional. Resulta insoportable ver cómo, en lugar de pedir perdón, dimitir de todo o siquiera mostrar humanidad, continúa escalando el enfrentamiento, culpando a cualquiera antes que admitir su propia responsabilidad.

El país valenciano no merece este nivel de miseria institucional. No merece un ex presidente que manipula datos, oculta información, distorsiona los hechos y juega con el dolor de quienes han sufrido una tragedia. No merece un líder que solo busca aplausos fáciles y que es jaleado por aquellos que prefieren proteger a los suyos antes que ponerse del lado de las víctimas. La ciudadanía merece verdad, respeto y justicia. Y Mazón, después de lo que hemos visto, merece responder ante los tribunales y apartarse definitivamente de todo, mejor que no hable que sus mentiras, para el que ha demostrado no tener ni la altura moral ni la capacidad humana mínimas.

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