Marx como vacuna

Por Mario del Rosal

Hoy, día en el que se cumplen 200 años desde el nacimiento de Karl Marx, pareciera que poco queda ya por decir sobre la obra y el pensamiento de este autor excepcional. Ya se ha escrito todo sobre su capacidad para entender el capitalismo como un sistema complejo y coherente con su propia lógica, para captar sus contradicciones internas, para identificar la verdadera naturaleza de la explotación y la miseria social y personal que produce. Poco queda por añadir de su compromiso militante, inseparable de su trabajo intelectual. Y casi nada podría agregarse a lo que ya sabemos sobre su férrea voluntad de transformar el mundo en algo más habitable, racional y humano.

Monumento dedicado a Marx y Engels en Berlín, Alemania

Sin embargo, hay algo que, modestamente, quisiera recordar. El marxismo no es solamente la mejor y más potente herramienta analítica para comprender y acabar con el modo de producción capitalista. Es, además, una vacuna.

¿Vacuna contra qué? Contra la gestión suicida de la ortodoxia neoclásica, claro. Pero eso también lo hacen otras perspectivas nada rupturistas. El marxismo es mucho más que eso. Es una vacuna especialmente útil contra los reformismos. Y no solo contra el keynesianismo y la socialdemocracia clásica, que tantas veces ha traicionado y sigue traicionando a la clase trabajadora, sino también con sus versiones posmodernas de nuevo cuño cuyos defensores, poco imaginativamente, dan en llamarse, entre otras cosas, poskeynesianos.

Marx nos ayuda a entender que, sea cual sea el prefijo que quieran añadir, el reformismo pretende convencernos de que el capitalismo tiene futuro, que no hay alternativas posibles y que sus “fallos” se pueden solucionar o paliar. El reformismo cree que el capitalismo puede ser domesticado, que puede ser gestionado en beneficio de todos, que puede mantenerse a lo largo del tiempo sin destruir la propia naturaleza. En fin, el reformismo, contra toda evidencia histórica y lógica, sigue practicando un voluntarismo ilusorio e interesado contra los verdaderos intereses del trabajo y, por ello, continúa poniendo en gravísimo peligro no solo nuestra dignidad y nuestra felicidad, sino el mismísimo futuro del género humano y del planeta.

¡Lee a Marx! Te vacunará contra la socialdemocracia, pero también contra el socioliberalismo, el populismo insustancial, la teoría monetaria “moderna”, la economía colaborativa, el decrecimiento y, en fin, todos los supuestos los movimientos “transversales” que olvidan el conflicto central del capitalismo, que no es otro que el de siempre: la lucha de clases.

Marx nos ayuda a entender que, sea cual sea el prefijo que quieran añadir, el reformismo pretende convencernos de que el capitalismo tiene futuro

¡Lee a Marx! Te vacunará para no confundir reformas y reformismo. Las reformas son necesarias y, sin duda, tanto Marx como los marxistas las defendemos y promovemos sin fisuras. Esas reformas –pensiones, prestaciones por desempleo, educación y sanidad públicas, salarios dignos, negociación colectiva, democracia industrial…– sirven para aliviar el sufrimiento de la clase trabajadora y, sobre todo, para avanzar en el camino hacia su emancipación. Y, por eso, los sindicatos y los partidos de clase son tan importantes. Incluso aunque, a día de hoy, lamentablemente, nos veamos obligados a centrarnos más en mantener los derechos conquistados que en ampliarlos o profundizarlos.

Pero que no te engañen. El reformismo no busca conseguir reformas para lograr la emancipación de los trabajadores, sino para asegurarse de contenerlos y de impedir que comprendan su poder como clase para luchar contra el capital. El reformismo se afana en mantenerte sometido, alienado, inconsciente y alejado de tus verdaderas necesidades y capacidades. Se esfuerza en convencerte de que todos vamos en el mismo barco: empresas y trabajadores, Amancio Ortega y tú, Bill Gates y ese señor que todos los días te pide unas monedas en el semáforo. El reformismo intenta meterte en la cabeza que debemos remar juntos por el interés común. Y, a cambio de esta renuncia indigna, te paga con las migajas que el sistema, si hay suerte, reparte graciosamente. Como una limosna.

¡Lee a Marx! Te vacunará contra los políticos a sueldo del capital, contra los medios de comunicación vendidos al capital y contra tu empresa, que no tiene bastante con explotarte, sino que, además, pretende convencerte de que lo hace por tu bien. Te vacunará, incluso contra la educación que recibiste en casa, contra su versión del sentido común, contra mucho de lo que te enseñaron en el instituto o en la universidad.

Y te vacunará, sobre todo, contra la letal ilusión de un capitalismo bueno, socialmente responsable, meritocrático, igualitario y sostenible.

No te hagas ilusiones.

Nunca será así.

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