A la sombra de Marx

El propósito declarado es ambicioso: discernir qué elementos de la tradición marxista pueden ser útiles hoy sin la «ansiedad teórica y política» que, según él, la han lastrado.

Por Dani Seixo | 5/11/2025

Ciertos libros no pretenden incendiar nada, sino simplemente examinar con calma las brasas. «A la sombra de Marx. Fragmentos de materialismo accidental» de César Rendueles, publicado por la editorial Akal, pertenece a esa especie de ensayos que no gritan, pero tampoco se callan del todo. En lugar de prometer una nueva refundación del marxismo, el autor, conocido por su rigor y su capacidad para navegar en las aguas turbulentas de la teoría social, se embarca aquí en una exploración que, si bien promete un reencuentro con el legado marxista, lo hace desde una prudencia que navega oportunamente entre el pensamiento crítico heredado de la tradición marxista y las exigencias teóricas del presente.

El propósito declarado es ambicioso: discernir qué elementos de la tradición marxista pueden ser útiles hoy sin la «ansiedad teórica y política» que, según él, la han lastrado. Es un gesto comprensible en un contexto de fatiga ideológica, pero la pregunta subyacente es si esa «calma» no acaba despojando al marxismo de su mordiente revolucionaria inherente.

El libro se encuentra dividido en dos grandes secciones, combina defensa y autopsia. La primera parte reivindica la actualidad de Marx, tanto en lo teórico como en lo político, sin evitar con ello el análisis de sus posibles limitaciones. Los tres capítulos que la componen revisan cuestiones de ontología social, ética y epistemología, con la intención de situar al marxismo dentro de las ciencias humanas sin perder su filo crítico. Rendueles llama a este enfoque “marxismo inferencial”, y lo presenta como una suerte de actualización del materialismo para los tiempos de incertidumbre que nos ha tocado vivir.

En la segunda sección de este título, el autor deja atrás las precauciones metodológicas para trazar un mapa de herencias heterodoxas. Se detiene en Gramsci y Polanyi, reflexiona sobre la convergencia entre el materialismo y la hermenéutica y profundiza en la célebre disputa entre E. P. Thompson y Louis Althusser, con Manuel Sacristán como mediador en la misma. El propósito no es menor: imaginar una teoría de la acción que permita pensar un marxismo capaz de dialogar con las ciencias sociales contemporáneas sin perder con ello el norte histórico.

El epílogo, dedicado a los debates ecológicos contemporáneos, apunta hacia un horizonte de renovación: la necesidad de pensar una especie de “frente popular climático” que aprenda de los caminos perdidos por el marxismo histórico. La idea es sugerente y da al texto un cierre coherente, pero deja flotando una pregunta inevitable: ¿puede un marxismo “a la sombra” y reflexivo, enfrentarse a la brutalidad del capitalismo fósil? Rendueles confía en la lucidez teórica y en la autocrítica, pero apenas insinúa cómo se traducen esas virtudes en una práctica militante concreta.

La prosa del autor es, como siempre, lúcida, cultivada y empática. Su «lucidez sociológica» y «prudencia política» son marcas de la casa. Pero esa misma contención, tan valorada en un ecosistema intelectual propenso a la hipérbole, puede también llegar a ser el talón de Aquiles del libro. El «materialismo accidental» que propone, en su intento de huir del determinismo, corre el riesgo de diluir el conflicto central del marxismo, la lucha de clases, en una ética del cuidado y la cooperación que si bien es deseable, no siempre es suficiente para enfrentar la brutalidad del capitalismo.

No hay en estas páginas llamadas a la barricada, ni grandes proclamas, honestidad por parte del autor que es de agradecer en tiempos de ruido. Pero el lector más militante, o simplemente el que busque una herramienta para la acción, podría echar en falta una toma de partido más clara. Rendueles se posiciona más como un cirujano que como un militante.

El balance es nítido, un Rendueles riguroso, culto y empático, más preocupado por entender que por sentenciar. Su escritura tiene ese tono paciente que caracteriza al autor, una mezcla de lucidez sociológica y prudencia política. El libro está escrito con inteligencia y oficio. Y, sin embargo, algo en su contención deja una sombra, quizás la del propio Marx, que aquí aparece más como referente moral que como detonador teórico.

Nos encontramos ante un libro serio, bien escrito y de lectura exigente, que prefiere las preguntas difíciles a las respuestas heroicas. El autor escribe desde la duda y eso lo hace más honesto que muchos discursos inflamados, pero quien busque aquí un Marx dispuesto a saltar a la calle, se quedará con las ganas.

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