Los jóvenes de hoy en día

«Solamente la ignorancia culpable y la envidia más inconfesable puede hacernos creer que la actual generación de adolescentes y jóvenes es algo parecido a esa absurda caricatura».

Mario del Rosal

Si hiciéramos caso a los telediarios y a los periódicos, cosa no siempre recomendable, pensaríamos que los jóvenes de hoy en día son unos irresponsables, unos niños malcriados y frágiles que sólo saben hacer botellón y mirar el móvil, que se quitan la mascarilla en cuanto pueden y que no se esfuerzan ni en los estudios ni en el trabajo1. Diríamos también que, por culpa de sus excesivas pretensiones y su incapacidad para sacrificarse como lo hicimos sus mayores, nuestro país sigue ocupando los primeros puestos de la Unión Europea en número de ninis y en cifras de fracaso escolar. En definitiva, refunfuñaríamos continuamente contra esos niñatos que ni valoran lo que tienen ni serán nunca tan listos, valientes y luchadores como nosotros lo fuimos a su edad.

Esta visión puerilmente negativa de la juventud no es nueva, por supuesto. Abundan las citas sobre la supuesta decadencia de los jóvenes a lo largo de los tiempos, incluso entre pensadores de altos vuelos2. Los siempre geniales Les Luthiers, a quienes he robado sin permiso alguno el título de este texto, mostraban con su deliciosa ironía esta vergonzosa inquina de los mayores contra los jóvenes. En resumen, pareciera que todos los que alcanzamos la madurez llegamos inequívocamente a la conclusión de que nuestra generación fue, en su juventud, mucho mejor que la actual, que los comportamientos están degenerando y que los chavales son cada vez más vagos, más caprichosos y más pusilánimes.

Por mucho que este tipo de “reflexiones” pueda hacer sentir mejor a quienes conocimos la peseta, se trata de opiniones infundadas, injustas e indignas. Solamente la ignorancia culpable y la envidia más inconfesable puede hacernos creer que la actual generación de adolescentes y jóvenes es algo parecido a esa absurda caricatura.

Por un lado, no parece necesario recordar que esa generación ha sido golpeada por la pandemia y por sus consecuencias sociales y afectivas con una crueldad inimaginable para quienes hemos tenido la suerte de sufrirla siendo más mayores. Verse sometidos a confinamientos, distanciamiento social y mascarillas a esa edad puede ser un lastre emocional letal para quienes están construyendo su personalidad y abriéndose al mundo.

Pero, además, hay algo igual de importante que eso y de más larga data: desde que estos jóvenes tienen uso de razón, están siendo permanentemente amenazados o directamente aplastados por una situación laboral y material patética que mutila de raíz sus legítimas pretensiones de desarrollar un proyecto autónomo de vida. Veamos algunos datos sencillos, pero muy elocuentes:

– La tasa de paro de los menores de 25 años en España es del 35,1%, cifra que duplica con creces la tasa media de este tramo de edad en la Unión Europea, situada en el 16,2% (datos de Eurostat).

– El 67,5% de los menores de 25 años con trabajo tienen contrato temporal. Además, el 39,1% de los que tienen empleo trabajan a tiempo parcial y, de ellos, el 40% lo hace contra su voluntad, puesto que querría trabajar a jornada completa.

– El tramo de los 19 a los 35 años es en el que más ha aumentado la desigualdad  en nuestro país desde el inicio de la pandemia (datos del índice de Gini de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE).

– El salario medio bruto anual de los jóvenes de 20 a 25 años fue de 12.640,65 euros en 2019, una cifra similar al SMI de ese mismo año (12.600 euros), que supone una caída del 5% respecto del año 2008 y que es menos de la mitad de los ya de por sí escuálidos 24.395,98 euros brutos del salario medio general en España en ese momento (datos del INE).

– El precio medio del alquiler de vivienda ha aumentado en nuestro país nada menos que un 44,2% de diciembre de 2008 al mismo mes de 2020 (datos de Idealista).

– Los precios de los bienes de consumo que conforman el IPC han subido un 14,8% desde agosto de 2008 hasta el mismo mes de 2021 (datos del INE).

¿Nos damos cuenta de la terrible situación? Un tercio de los jóvenes no encuentra empleo y quienes sí trabajan lo hacen con contratos precarios y salarios más bajos que los que había hace doce años. Y, en ese mismo periodo, el precio de la vivienda en alquiler se ha disparado casi un 50% y el coste de la vida ha aumentado una sexta parte. Es una dinámica de degradación insostenible que nos lleva a que, según el Consejo de la Juventud de España, casi cuatro de cada diez jóvenes esté en riesgo de pobreza.

¿Qué puede pensar un veinteañero que esté estudiando o que haya acabado de estudiar ante este lamentable panorama? ¿Cómo va a creerse eso que los docentes y los padres les contamos sobre lo importante que es esforzarse para tener una vida digna si lo que le ofrecemos es miseria? ¿A quién puede sorprender que, mientras la edad media a la que los jóvenes se independizan en la UE es de 26,4 años, en España se alargue hasta los 29,8 (datos de Eurostat para 2021) o que sólo el 8% de los jóvenes de nuestro país de entre 20 y 24 años se vayan de casa de sus padres, frente al 30% de la UE? Desde luego, no es de extrañar que más de la mitad de ellos piense emigrar para poder encontrar un trabajo digno.

Esta es la durísima y decepcionante realidad con la que se enfrentan nuestros jóvenes. No sé qué pensarás tú, pero lo que yo me pregunto no es por qué unos pocos chavales están desencantados, deprimidos o cabreados, sino hasta cuándo van a esperar todos y todas para levantarse contra esta indecencia a la que los está condenando el capitalismo.

1. Para muestra, un par de botones: https://bit.ly/39eKV7Q, https://bit.ly/2XrnfdS. Y una carta a la directora en El País, donde un joven alude a esta cuestión con pocas, pero lúcidas palabras: https://bit.ly/2VQgilZ.

2.Sobre la veracidad y autoría de este tipo de citas: https://bit.ly/3hFzkn1

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