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Para el capitalismo, una anciana con renta antigua no es una persona, es un rendimiento por debajo del mercado
Por Dani Seixo | 8/10/2026
Maricarmen Abascal tenía 87 años. Vivía en el piso de la calle Alcalde Sainz de Baranda donde su padre había firmado un contrato de alquiler en 1956. Y murió el 7 de octubre de 2026, dos semanas después de ser desahuciada de su casa por la fuerza en silla de ruedas y trasladada en camilla al hospital Gregorio Marañón. Cuatro intentos de desahucio. A la cuarta lo consiguieron.
Pero los culpables no son solo quienes ejecutaron materialmente el desalojo, sino todo el entramado económico, jurídico y político que convirtió la vida de esta mujer en un obstáculo para la ganancia.
Yo Acuso a Urbagestión Desarrollo e Inversión S.L. y a sus propietarios Ricardo y Fernando Alonso, de haber comprado el piso como mera mercancía especulativa. En momento alguno les interesaba la vivienda como hogar, sino como activo. Ofrecieron 250.000 euros a Maricarmen: no los tenía. Le ofrecieron un alquiler de 1.600 euros, pero su pensión era de 1.400. La expulsaron porque su presencia reducía la rentabilidad del capital. Para el capitalismo, una anciana con renta antigua no es una persona, es un rendimiento por debajo del mercado.
Acuso a la Audiencia Provincial de Madrid por la sentencia del 30 de junio de 2022, que declaró inválida la segunda subrogación del contrato. Aplicó la ley con rigor formal, ignorando que la ley franquista que impedía a la madre constar como arrendataria fue precisamente la que creó la irregularidad. El derecho, en el sistema capitalista, protege la propiedad burguesa, pero no la vida del proletariado.
Acuso al Tribunal Supremo por no admitir el recurso de casación, dejando firme una sentencia que condenaba a una mujer de 87 años a la calle. Demostrando con ello que la justicia española es un mero apéndice de la violencia burguesa.
Acuso al Estado español, gobierno central, Comunidad de Madrid y Ayuntamiento, por no haber intervenido para proteger a Maricarmen. La Comunidad de Madrid, presidida por Isabel Díaz Ayuso, utilizó este caso como mera gasolina electoral y evitó en momento alguno cuestionar las decisiones de sus verdaderos amos, los especuladores. El Ayuntamiento de Madrid no activó los programas municipales de vivienda hasta después del desalojo, cuando Urbagestión lo pidió. El Gobierno de España anunció de forma tardía y oportunista decretos de vivienda que PP, Vox y Junts tumbaron en el Congreso. Ninguna institución impidió que una mujer de 87 años muriera tras ser expulsada de su casa.
Acuso a PP, Vox y Junts por votar en contra de los dos decretos de vivienda el 1 de octubre de 2026. Su negativa no fue un accidente, fue la defensa consciente de los intereses de los propietarios y los fondos inmobiliarios frente a los inquilinos.
Acuso a los medios que durante años silenciaron el caso y que solo cuando Maricarmen ya era un símbolo nacional comenzaron a cubrirlo. Algunos de ellos incluso llegaron a sacar noticias insultantes y amenazantes contra Mari Carmen, evitando que la más mínima tranquilidad pudiese llegar a su vida incluso en sus últimos días. La prensa no estuvo al servicio de la verdad, sino del espectáculo.
Acuso al sistema capitalista en su conjunto, que convierte la vivienda en mercancía, la vejez en carga y la vida humana en una simple variable económica. Maricarmen no murió de vejez. Murió fruto de un desahucio. Murió porque su existencia era incompatible con la rentabilidad de un piso de 90 metros cuadrados en el distrito de Retiro. Mari Carmen, fue asesinada por un sistema depredador cuyo gatillo es apretado por nombres y mujeres con nombres y apellidos.
Las víctimas son diarias. Son las 18.317 personas desahuciadas por impago de su alquiler en 2025, las 40.000 que duermen en la calle, los 4,1 millones que han pasado al menos una noche al raso. Son las cuatro millones de viviendas vacías frente a 300.000 familias sin hogar. El caso Maricarmen no es una tragedia individual, sino que supone la expresión concentrada de un sistema que expulsa a los que sobran.
Pero la lucha sigue y debe recrudecerse. El miedo va a cambiar de bando.
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