Los ‘demonios familiares’ del señor Pérez Reverte

Durante el desarrollismo este relato sirvió de coartada histórica para legitimar la “mano firme” y para desactivar cualquier tentativa de autogobierno democrático.

Por Lucio Martínez Pereda | 1/02/2026

A Perez Reverte le encantan -quiero pensar que por ignorancia – los mitos propagandísticos del Franquismo. Su preferido es el “cainismo” histórico de España : la idea extenuadamente propagada por el franquismo desarrollista para hacer creer que los españoles no se podían gobernar a sí mismos como cualquier otro país democrático.

La propaganda del cainismo español histórico -reedición desencantada de la antaño falangista unidad de destino en lo universal- fue un mito pseudo antropológico que el franquismo industrializó cuando quiso presentarse como garante del orden ante la incapacidad de autogobierno de un pueblo al que no le convenía la democracia.

Durante el desarrollismo este relato sirvió de coartada histórica para legitimar la “mano firme” y para desactivar cualquier tentativa de autogobierno democrático. El régimen, consiente de que su propaganda de cruzadas y banderas estaba fatigada , necesitaba dotar de sustancia historicista a su autoritarismo; necesitaba convencer al país de que Franco no impedía la democracia, sino que la salvaba de sí misma. De ahí brotó el mito persistente de que las guerras civiles son un destino genético de lo español, no el resultado de una estructura política y social conscientemente diseñada para impedir la democracia.

Reverte, cuando lamenta con pose que aparenta culta resignación el “odio eterno entre españoles” o invoca a la España que “no se soporta a sí misma”, reproduce eslóganes propagandísticos franquistas. Pero esos “mitos del carácter” no son ni ciencia, ni historia, ni mucho menos una conclusión personal inocentemente a- política: son psicología colectiva de baratillo para lectores imbecilizados y probablemente algo más que procede de la dramática experiencia familiar del señor Reverte.

*Sobre la fotografía. A Arturo Pérez le gustan los sombreros a lo Bogard y convertirse a si mismo en un pastiche de una masculinidad que pareciendo elegante es ridícula y oxidada. Lo suyo no es tanto una estética como la arqueología sentimental de una impotencia vital : rescatar el gesto varonil de un mundo que sólo existe en su nostalgia e idiotez. Dicho con palabra española no traducible a otros idiomas : es un gilipollas

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