El costalero: lo heroico es padecer

En la España barroca, el dolor y la penitencia fueron el idioma del poder: se enseñó a sufrir como prueba de fe y se prohibió sospechar del origen de ese sufrimiento.

Por Lucio Martínez Pereda | 6/04/2026

Miles de ingenuos costaleros se juegan gratuitamente su salud bajo el peso de los pasos procesionales. Lo hacen con una mezcla de devoción, orgullo y disciplina aprendida o heredada. Pero tras esta acción de fe popular se oculta en la actualidad una maquinaria explotadora de economía turística: hoteles, bares, restaurantes y empresas turísticas multiplican sus beneficios a costa de un trabajo gratuito que, se justifica canallamente como sacrificio espiritual.

Esa disponibilidad del cuerpo -disciplinado, obediente- viene de lejos. El costalero de hoy hereda, sin saberlo, una pedagogía del sacrificio que se gestó en siglos de catequesis y sumisión política. En la España barroca, el dolor y la penitencia fueron el idioma del poder: se enseñó a sufrir como prueba de fe y se prohibió sospechar del origen de ese sufrimiento. La Iglesia, entonces, convirtió la pasión en método de control emocional.

Franco entendió perfectamente esa pedagogía del sacrificio. Supo que una nación acostumbrada a obedecer no se rebelaría fácilmente contra quien se presentaba como su protector. Las procesiones, convertidas en ritual de obediencia, consolidaron una idea del sacrificio que aún hoy impregna la cultura política española: la idea de que lo heroico es padecer.

* Desde el siglo XVII, las cofradías empezaron a contratar en Sevilla cargadores asalariados conocidos como “gallegos”, generalmente jornaleros del puerto. Hasta mediados del siglo XX, predominaron los costaleros profesionales, pero en las décadas de 1960 y 1970 surgió el llamado modelo devocional de costalero gratuito. Actualmente la mayor parte pagan por su participación en las procesiones: abonan una “cuota anual de hermandad”, además , compran su equipo: faja lumbar (30-40 euros), fajín (15-20 euros), costal con morcilla (42-45 euros), pantalón (18-25 euros) y alpargatas (10 euros), sumando unos 140-150 euros en total. En casos excepcionales, algunas hermandades contratan costaleros asalariados, pero la norma es el modelo gratuito.

Se el primero en comentar

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.