Lo que los inuits nos enseñan sobre economía y sociedad

Grupo de inuit en Douglas Harbour Fisher Bay (Canadá). Fotografía de Albert Peter Low, 1897. Wikimedia Commons / Canadian Museum of History, CC BY-SA

Para los inuits el riesgo es no cooperar con el resto de los miembros de una sociedad por un beneficio individualista. No encontramos la desigualdad de ingreso entre ellos porque no hay pobres. 

Por David Lagunas / The Conversation

El filósofo Francisco Fernández Buey señalaba que había que prestar más atención a las formas en las que los pueblos originarios han interactuado con los ecosistemas. No quería decir con ello que todos deberíamos convertirnos en unos “primitivos”, lo cual sería una ingenuidad. Quería decir que deberíamos aprender cómo otros pueblos han resuelto los problemas ecológicos y demográficos de nuestro planeta.

En estos tiempos de creciente desigualdad socioeconómica y depredación ambiental a nivel mundial, los antropólogos han mostrado la organización de los pueblos originarios como un tipo de diseño cultural alternativo por medio de una ingeniería social única en la construcción de sociedades más equilibradas con respecto al entorno natural.

El sociólogo alemán Ulrich Beck popularizó la categoría de “riesgo” asimilándola con el riesgo medioambiental. El riesgo, la posibilidad de que algo malo ocurra, es definido en cada cultura de forma distinta. En occidente lo relevante es que si, por ejemplo, invierto en un negocio, en la bolsa, en vivienda o en bitcoins, he de asumir el riesgo que conlleva perder o ganar capital. No importa que ello genere desigualdad socioeconómica y que otras personas mueran de hambre, de enfermedades o víctimas de una guerra.

Pero hay otros pueblos que tienen un concepto diferente del riesgo. R. F. Spencer estudió una comunidad inuit del noroeste de Alaska en los años 50. Y los inuits nos enseñan que el riesgo no solo es empresarial como piensan los economistas, sino que también puede ser un concepto social en términos, no de utilidad o beneficio económico, sino de cohesión social. Por eso, los inuits nunca hacen cosas que pongan en riesgo la unión de la sociedad.

El riesgo es natural, no depende de otros elementos como una maquinaria o un producto, sino que depende de factores ecológicos. Por ello, no se arriesgan a salir de caza si las condiciones ambientales no son buenas, ya que pondrían en peligro a los miembros de la sociedad. El inuit es un tipo de emprendedor que valora el riesgo de estas situaciones que son marginales y extremas según las circunstancias.

Riesgo y marginalismo

La teoría marginalista en economía propuesta por L. Walras, W. Jevons, J. B. Clark y C. Menger plantea la racionalidad de la utilidad marginal y decreciente: producir y consumir en las peores condiciones posibles extendiendo los márgenes de la economía. Se trata, por ejemplo, de las uvas cultivadas en las peores tierras de una región vitivinícola; de la última hora del día en el trabajo de un camionero, en las peores circunstancias; de las últimas unidades producidas de un coche que ya está desfasado respecto a sus competidores, pero que se puede seguir vendiendo porque da beneficios marginales; de lo que está caducado o no lo está, pero que todavía se puede ofrecer en el mercado, como un teléfono móvil “tonto” o reacondicionado, o un yogur a punto de caducar y en oferta en el supermercado; de una prenda textil fabricada con tecnología obsoleta en un país pobre, en las peores condiciones, pero que un consumidor occidental todavía adquirirá en la tienda.

El marginalismo es el beneficio más menguante en contextos más marginales. Pero todavía produce algún beneficio, ya que se puede arriesgar y apurar hacia los márgenes y los extremos del sistema económico.

A la inversa, para los inuits el riesgo es no cooperar con el resto de los miembros de una sociedad por un beneficio individualista. No encontramos la desigualdad de ingreso entre ellos porque no hay pobres. A lo sumo, lo que encontramos es la desigualdad de protagonismo cuando unos individuos pueden ser más líderes que otros y capitanear una embarcación para pescar focas. El aspirante a capitán entrega regalos a los posibles tripulantes para convencerlos de que participen en la expedición de caza, pero no están obligados a aceptar. Y si una de las tripulaciones de una embarcación no cazó ese día, otros miembros de otras embarcaciones comparten y distribuyen la caza para que nadie se quede sin alimento. El riesgo equivale a una situación antisocial y no tiene nada que ver con expectativas de beneficios monetarios y comerciales.

Pescadores inuit en Nome, Alaska, fotografiados por Lomen Brothers en 1919. Wikimedia Commons / University of Washington

Desigualdad y beneficio incontrolable

En cambio, la economía occidental es un sistema cerrado que solo crea riqueza y al que la sociedad tiene que adaptarse. Arriesgarse, apostar, emprender es considerado una opción económicamente racional. En la bolsa, en los negocios, en la lotería o en el juego. Y tampoco existe una teoría económica del entorno natural ni del equilibrio población-recursos. Solo está basada en el beneficio incontrolable y en la desigualdad de ingresos. Este es un prisma más abstracto.

La economía inuit es un tipo de economía que se acompaña de un complemento marginal: lo que no se hace un día se puede hacer otro día. Si hoy hizo mal tiempo no se pone en riesgo a las personas y se saldrá a cazar otro día. Estas decisiones son imposibles para nuestros cultivos agrícolas ya que la productividad se desestabiliza si no se recolecta a tiempo.

Los inuits tienen una idea del costo de las oportunidades y un cálculo de la productividad marginal, pero supeditada al beneficio colectivo. Y por ello evitan el riesgo, la productividad marginal y la generación de recursos en las peores condiciones.

Su economía tiene bases empíricas, incluida la racionalidad y el equilibrio tanto demográfico como ecológico. Por ejemplo, pueden cazar ballenas, pero no lo hacen en ciertas épocas del año. Una consecuencia de esto es que los inuits no trabajan en función del mercado, sino del medioambiente, ya que han sido educados para familiarizarse con el ecosistema. Están culturalmente predispuestos a cultivar la paciencia, el cálculo, la tranquilidad y el entrenamiento de supervivencia. Los inuits tienen poco riesgo financiero y, en cambio, arriesgan mucho más cuando se casan y forman nuevas familias entre diversas comunidades.

Responsabilidad colectiva

La idea fundamental es que, si bien la economía occidental se basa en la responsabilidad individual del trabajo, la economía inuit se basa en la responsabilidad colectiva. Es un tipo de economía que no tiene interés en acumular o generar ganancias de capital como la nuestra. Este tipo de problemas se han resuelto políticamente entre los inuits, de forma que su economía está concebida para crear sociedad, no riqueza, en equilibrio ecológico con el medioambiente.

El ejemplo de los inuits contribuye a repensar las formas de sostenibilidad que provienen de sociedades históricamente más cooperativas que la nuestra y que están siendo absorbidas por el capitalismo global. Y justamente esto es lo que invoca David Harvey en el último capítulo de Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo: la necesidad de modelos de producción y de organización social más cooperativos para una sociedad más justa y equitativa. Algo que los inuits llevan practicando desde hace siglos.

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