Las raíces de la corruptela

Por Pedro José Villanueva

Seguro que Sait no se refería a la corrupción cuando en 1938 observaba, “que la historia hundía las raíces muy profundamente en el pasado, que la historia era la  política del pasado y que la política es la historia de nuestro presente”. 

No suele gustar que se hable del periodo de la Transición Democrática, y menos que se aporten documentos al respecto, cuando se va en contra a la teoría del consenso. Hace nada, hemos visto como en la guerra interna del Partido Popular entre candidatos a la presidencia del mismo, Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado, utilizaban unos videos en los que se mostraban las relaciones entre estos nuevos políticos y los viejos “mamuts”  del partido, Aznar y Arenas. Obviamente, es una forma de lucha por timón del partido propio del juego político, y su forma de intentar trasladar a la opinión pública esa supuesta regeneración de la que todos los partidos  del espectro político alardean, aunque más pudiese llamarse “esperpento” que no “espectro político”. Pero las relaciones entre miembros del partido y sus antecesores franquistas son muy anteriores.

Pues al hilo de las palabras de Sait en 1938, la Corruptela Política tiene de igual modo hundida su raíz en nuestro pasado. La teoría de consenso político, esa idea de democracia a la muerte de Franco, vendida en las Universidades, medios de comunicación, etc… es pura falacia. La Transición, ha sido la transición al gusto de las élites del franquismo, a la que por desgracia se sumaron otros que en aquel entonces se rasgaban las vestiduras por no ser escuchados ni tenidos en cuenta. Las izquierdas, como tantas otras veces, antepusieron el asegurar su poltrona a pasar por el aro y aceptar lo que las élites franquistas les imponian. La teoría de las élites no es nueva, cada vez tiene más seguidores en Ciencia Política, y pasa a ser la tendencia más defendida como explicación de la Teoría del Estado en la actualidad, dónde reside la convicción de que “la historia de la política es la del dominio de las élites y las relaciones entre Estado y sociedad civil”.

Tomemos como ejemplo a uno de los Procuradores de las Cortes franquistas, Álvaro de Lapuerta, con un amplio bagaje político posteriormente, Ex Tesorero del Partido Popular, tantas veces mencionado, con tantos problemas con la justicia y de memoria en la trama “Gurtel” y tan relacionado personalmente con miembros del Partido Popular  hasta su reciente muerte. 

Las élites franquistas pugnaban por mantener su puesto en la nueva democracia a la muerte de Franco, y Álvaro de Lapuerta jugó bien sus cartas. Echemos un vistazo a una de las piezas del engranaje de la corruptela y a cómo se orquestó el futuro de los más interesados en mantener su poder, y cómo continúan hoy en el presente. Álvaro Lapuerta con Franco, Álvaro Lapuerta con la llegada de la Democracia y con el actual Partido Popular.

Muchos son los autores que han dejado huella e investigado, sobre quienes fueron colocados en los sillones de los grandes Bancos, las grandes Empresas, las Universidades, la Justicia…en nuestro país a la muerte de Franco, por lo que no es temática nueva. Baste decir como ejemplo que el propio hermano del dictador ocupaba escaño de Procurador (Diputado) en las Cortes Franquistas.  

Volviendo a la persona de Álvaro de Lapuerta durante el periodo de articulación, negociación y voto de la Ley para la Reforma Política presentada por Adolfo Suarez (quien había ocupado cargo en la Falange con anterioridad), se produjo un hecho poco conocido respecto a la futura conformación de los Grupos Parlamentarios en las venideras Cortes democráticas. Se realizó un movimiento para intentar aunar a los Procuradores franquistas en torno a siglas y visiones políticas. Se publicó el siete de marzo de 1976 el Boletín Oficial de las Cortes, donde se plasmaban todas las directrices sobre la constitución y las normas que debían obedecer respecto a la inscripción de estos futuros Grupos Parlamentarios en las Cortes. El motivo obviamente, no era otro que el de intentar dar una imagen nueva y democrática de España en Europa respecto al cambio que se habría de producir e ir anticipando una futura entrada de España en la CEE. Aún así, según la documentación que obra en el Archivo del Congreso de los Diputados, la inscripción de muchos de los Grupos Parlamentarios fue anterior a la publicación en el Boletín Oficial de las Cortes (fuera de norma), dejando así constancia de que aún quedaba mucho camino por andar en materia de respeto al acatamiento del ordenamiento jurídico y a lo que al cumplimiento de normas se refiere.

 Álvaro de LaPuerta, no perdió oportunidad de afianzar su sillón y de mantener la gran relevancia política, una relevancia  que ya desempeñaba en aquel entonces y que seguiría manteniendo hasta su muerte. Su nombre figuraba con el cargo de Secretario del Grupo Parlamentario “Unión Democrática Española”. Prueba fehaciente de que tenían muy claro que el nombre del grupo no importaba estando muy por encima de sus propios ideales y pensamiento político, pues lo importante aquí era parecer limpio de franquismo a los ojos del mundo aunque hubiese que poner las palabras como “Unión” y  “Democrática” en las siglas de un Grupo Parlamentario cargado de miembros radicales y muy activos del régimen franquista. Lo importante era vender esa imagen en Europa (para una futura entrada en la CEE) y mantener su poder político y económico en la futura España democrática y de consenso, donde las izquierdas ni pincharon ni cortaron.

Este y otros momentos son los que gestaron los inicios de las corruptelas políticas, dónde todos eran amigos de sus amigos y aún siguen siéndolo. Es obvio, que haciendo mención a la frase del dictador Franco: “Dejo todo atado y bien atado”, y no se equivocaba para nada. 

El pequeño dictador, tiene que estar altamente preocupado, allá en los infiernos, porque lo vayan a sacar de su descanso terreno y de la polémica que está generando. Hoy, sigue dividiendo a los españoles; mientras por otro lado, su obra Magna: “Las corruptelas del poder” se mantienen y perduran ante la indiferencia de los unos y la protección de los otros. 

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