La serpiente que se muerde la cola (Critica de “Los últimos”)

Por Angelo Nero

Como no he podido mantener la tradición de ir al cine el primer día del año, me he puesto en la pequeña pantalla una de esas películas que duermen en mi disco duro, esperando que las despierte una tarde lluviosa de domingo, o, como en este caso, al día siguiente de uno de esos festivos en los que uno se siente obligado a trasnochar.

Lo cierto es que me pasé la entrada en el año discutiendo con una joven activista alemana, a la que doblaba en edad, sobre las distintas formas de lucha contra este sistema que padecemos, aunque finalmente yo concluí –sin renunciar a dar la batalla hasta el final- que ya era tarde, que el apocalipsis ya estaba a las puertas, y que no hay ya modo de detenerlo (ni tampoco voluntad de quien podría poner los medios para intentarlo). Quizás por eso me decidí a comenzar el año con una de esas ficciones post-apocalípticas a las que soy aficionado, que había descubierto por casualidad, indagando en la filmografía de Luís Puenzo, el director argentino que ganó un Oscar en 1985 con “La historia oficial”, y cuya última película “La puta y la ballena” (2003) también me había dejado un grato recuerdo.

Pero el director de “Los últimos” (2017), no es el que llevó también a la gran pantalla la novela de Carlos Fuentes,  “Gringo viejo” (1987), protagonizada por Jane Fonda y Gregory Peck, sino su hijo Nicolás Puenzo, que debuta con esta película en la direción, siguiendo la saga familiar, ya que su hermana, Lucía, también ha dirigido cinco películas, y una serie, entre ellas las destacables “XXY” (2007) y “El niño pez” (2009).

La acción transcurre en Bolivia, en un futuro no muy lejano, dónde el expolio de los recursos naturales, especialmente minerales, han convertido al país en un enorme páramo dónde el agua es un bien tan valioso y escaso como el oro. Recordemos que, en realidad, en este país andino se libró, en el año 2000, la Guerra del Agua, que tuvo su detonante en la privatización del abastecimiento del agua potable en Cochabamba –imprescindible el film de Iciar Bollaín “También la lluvia” y el documental de Mark Achbar y Jennifer Abbott “The Corporation”- y también que en 2016, el gobierno de Evo Morales declaró el estado de emergencia nacional por la sequía y el déficit hídrico, debido al cambio climático.

En medio de un paisaje desolador, un puñado de supervivientes entierran a uno de los que no resistieron, y allí conocemos a los dos protagonistas principales de esta historia, interpretados por la peruana Juana Burga, y el argentino Peter Lanzani, una pareja de jóvenes que buscan una salida a aquel infierno, para lo que tendrán que sortear un sinfín de obstáculos, tanto geográficos como humanos. Con una cierta ambientación de western, los jóvenes dejan el campo de refugiados climáticos en el que se encuentran y suben al tren con el que pretenden llegar a la costa, donde habita el padre del protagonista, lo que les hace albergar la esperanza de un futuro mejor.

La esperanza que alberga el tren se trunca cuando este es asaltado por unas fuerzas mercenarias, que capturan a los jóvenes, y cambian el escenario desértico y polvoriento del que escapan por una ciudad arrasada por la guerra, plagada de controles militares y de miseria y destrucción, y sobrevolada constantemente por drones de vigilancia, una atmósfera asfixiante y totalitaria que nos recuerda a “Children of men” (2006).

 Así como Puenzo recrea una tierra inhabitable, en el altiplano boliviano y el desierto de Atacama, es capaz de recrear una ciudad devastada en el Alto, en este road movie con tintes políticos, porque hay una larvada crítica política en esta cinta, especialmente cuando en la trama entra Alejandro Awada, que interpreta a un mercenario sin escrúpulos, que utiliza a los jóvenes para un orquestar un falso atentado, en el que ellos tendrían el doble papel de terroristas y de víctimas. Para ello los pone en la custodia de un fotógrafo de guerra, fabricante de mentiras, interpretado de Germán Palacios, que será presa de sus contradicciones y, finalmente, ayudará a la pareja. Los tres emprenderán entonces una huida, otra vez por un paisaje desértico, atravesado por una larga lengua de asfalto, hacía el mar.

“Los últimos” no es una película imprescindible, pero toca muchos temas que, lamentablemente, están muy de actualidad, y nos obligan a mirar a ese futuro que no deseamos, pero que, en muchas partes del mundo, ya está ahí.

Los últimos. Año: 2017. País: Argentina-Francia-Chile. Dirección: Nicolás Puenzo. Guión: Lucía Puenzo, Nicolás Puenzo. Reparto: Juana Burga, Peter Lanzani, Alejandro Awada, Germán Palacios, Luis Machín, Natalia Oreiro. Productora: Historias Cinematográficas Cinemania / Color Monster / Demente Producciones Chile / Pyramide Productions / Tieless Media.


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