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Crónica del concierto de la banda de metal viguesa Aphonnic, realizado el 2 de mayo en la sala Capitol de Santiago de Compostela.
Por Angelo Nero | 8/05/2026
Fotos: Alán Pérez @alanperezph
Había expectación por el anuncio de Aphonnic, la banda de metal viguesa, que había convocado a su legión de seguidores a la capital de Galicia, para ofrecer un concierto en una de las salas más emblemáticas de Compostela, en activo desde hace casi un cuarto de siglo. Por su escenario han pasado infinidad de artistas y bandas como Amon Amarth, John Cale, Marky Ramone, Gamma Ray, Mark Lanegan, Steve Vai, Moonspell, Sepultura, Tarja, Jello Biafra, Mudhoney, Monster Magnet, Savage Messiah, Toundra, Ronnie Spector, Machine Head o Thin Lizzy. La lista es realmente abrumadora… El aforo es de 800 personas, todo un reto para una banda gallega, pero es que los Aphonnic son algo más. Lo han demostrado a lo largo y ancho de toda la península, en salas y festivales como el Download, Viñarock, Zlive, Iruña Rock fest, Kanekas o Resurrection.
Una hora antes del concierto en la Capitol, los bares cercanos ya estaban tomados por una horda de seguidores de la banda, que mostraban con orgullo las camisetas con las portadas de sus últimos discos: “Héroes” (2013), “Indomables” (2016), “La Reina” (2020), y el último, hasta ahora, “Crema” (2024). Dentro de la sala, abarrotada -no sé si cerca del sold out, pero tampoco lejos- pocos se atrevían a llevar una camiseta que desentonara, y la zona de Merchandaising estaba (casi) tan concurrida como la barra, mientras DJ Pol, productor y dj gallego, que lleva 15 años produciendo beats de hip hop y como dj de los grupos de rap Bajoderos, 37 Studios o Rebelióm do Inframundo (que tocarían en la Capitol a la semana siguiente) caldeaba el ambiente de la sala.
Tras DJ Pol, sonó la mítica intro del grupo, como la erupción del volcán, que se cortó cuando se encendió una gran pantalla, como primera sorpresa de la noche, y Alén, Richy, Iago y Chechu saludaron desde ella: “Buenas noches a todos y a todas, gracias por estar aquí, les saludan los hijos del rock & roll… (risas), gracias por estar siempre ahí, por apoyarnos… (más risas)”, y ya, sin más vaselina, nos dieron “Azúcar de algodón”, toda una declaración de intenciones, que abre su séptimo álbum: “Son demasiadas serpientes las que van detrás de algodón de Dios / Con esa lengua de fuego y con su azúcar de algodón / A mí me importa una mierda tu reguetón / A mí me importa una mierda tus Rolling Stones”, uno de esos misiles que los vigueses disparan con ganas de no dejar prisioneros: “¡Hemos venido a jugar!.
Continuaron con “Aquellos Maravillosos” ese himno de rabiosa nostalgia infantil de su álbum “Indomables”: “Y escriba cien veces / No lo volverá usted a hacer / O tendré que volver / A castigarlo otra vez / Caminar entre charcos / Que nos han visto crecer / Con los brazos en cruz / ¡Cara a la pared!”, con unos coros que iban más allá de Iago y Richy, porque el público venía con ganas de cantar, y quería demostrar que se sabía las canciones.
La banda no escatimó en sacar lo mejor de su arsenal, y nos ofreció un “Dulce de leche”, uno de los mejores temas de “La Reina”, una canción hecha de saliva, sangre y veneno, puro deseo hecho canción: “Escúpele a mi aguijón / El fuego empapa esta habitación / Nuestros gritos son / Los que hacen sudar los cristales”, también con unos coros protagonistas y un derroche de percusión y de cuerdas, que parecía imposible que fuera a más. Pero los putos Aphonnic siempre suben la apuesta, y aquí lo hicieron con “KaleboRock&Roll”, otra de las joyas de su anterior álbum, uno de sus temas más épicos y más políticamente incorrectos: “Bang, bang, el hambre mata más que el plomo, ¿viste? / Bang, bang, aprobar no es aprender / Bang, bang, fascistas cerca de Dios / Buscan piso franco que dé cara al sol”, un alegato antifascista con ese genial epitafio de “El viento va a cambiar”, que llama a ser pintado en las paredes.
Cuando ya llevábamos una buena descarga encima, Chechu y Iago dieron un paso al frente y nos engañaron con arranque tranquilo de “Reproches”, que parece una balada pero que se convierte en un ritmo musculado con la energía de las baquetas de Alén (menuda pegada que tiene el muchacho), una montaña rusa de melodías que tiene pasajes tan brutales como este: “Les Faltará el aire en la cima / orgullosos de su estupidez / subidos a ese pedestal / cuánto tardará en caer”.
Nosotros no sabíamos cuanto tardaríamos en caer, en la cuarta fila, pero ya se estaban desatando las hostilidades, y mirábamos hacia la barra buscando una salida digna, cuando volvió a proyectarse sobre la gran pantalla el vídeo de “En Globo”, esa ácida denuncia de las jaulas en las que nos encerramos por necesidad, y que no nos atrevemos a romperlas, a quemarlas, otro grito rabioso de La Reina, con otra percusión poderosa y unos riffs muy cañeros: “Siempre contra corriente, no hacer pie. / La guillotina está en la nuez con tu menú. / Siempre agitar el árbol, recoger último clavo que incrusté en mi ataúd. / Ballenas a estribor, grité, grité, ballenas a estribor.”
Bajaron un poco, solo un poco, la intensidad, con los “Hijos de Dios”, y nos dieron otro poquito de Crema, un tema con una atmósfera envolvente y melancólica, con bases electrónicas y guitarras épicas, una oda a la redención con una melodía más pegadiza y dulzona que el Jägermeister: “Que baje dios, me haga creer / Me de la paz que aún no encontré / Hijo bastardo al que apedrear / No hay paso atrás nadie nos va a callar.” Yo si que di un paso atrás, pero no para tomar impulso, sino para acercarme a la barra (ahora si que si) y coger un par de estrellas para la chica de la camiseta antifascista y para mi.
Y en ese negociado me pilló otra de las sorpresas de la noche, cuando salió a escena el primer invitado, el vocalista y guitarrista de la banda coruñesa Tresmilonce, Rolo, para cantar a dúo con Chechu, “Necios”, un medio tiempo que parece hecha para cantar a varias voces, otro tema con vocación de pegarse a nuestra piel: “Jamás buscar la cima / Jamás recoger el premio / Jamás dirá crucemos los dedos / Zapatos de payasos que bailan pensando en que pueden pisarnos / Es paso corto en caminos largos”. Un derroche vocal que fue recibido por el público con una gran ovación.
Los Aphonnic nos tenían bien agarrados de los bajos, y ya no querían soltarnos, así que dispararon otra de sus armas de destrucción masiva: “Melodía Antifascista”, un puto himno, de esos que pocos saben hacer como la banda viguesa, para que se fije como pegamento a nuestro imaginario, y que, además, acompañaron al magnifico vídeo dirigido por Santiago Raimundi. Aquí ya se desató la locura en la Capitol gritando: “Y a por ellos, y a por ellos / Que no quede ninguno en pie”, mientras ardían las cuerdas del bajo de Richy y de la guitarra de Iago y saltaban chispas de las baquetas de Alén.
La Melodía Antifascista marcaba el hemisferio del concierto, pero todavía había mucha cera (y mucha crema) que dar, así que todavía quedaban puños en alto cuando comenzaron los primeros acordes de “Sin cicatrices”, gran descarga melódica que nos hace lamernos las heridas de la infancia: “Ladrar / ojos que no ven no saben callar / Tratar de abrazase más con papa y mamá / Desenterrar el tiempo, tesoro en la niñez / Querer a mis hermanos ese gran poder / Ser de nuevo un niño / Con cicatrices por toda la piel”.
La montaña rusa de Aphonnic parecía que no descendía nunca, porque, a continuación, nos ofrecieron el estreno en directo de un tema nuevo, “Panenka”, que venía también acompañado de su último videoclip. “El penalti ‘a lo Panenka’ simboliza la audacia de los que crean bajo presión, frente a los ‘holgazanes’ que solo observan. El estribillo reivindica una llama que no se apaga: la persistencia de los que quieren alcanzar ese sueño a base de trabajo.” Declaraba en su lanzamiento la banda, que homenajea no solo al jugador checoslovaco, sino a aquellos que se juegan la piel frente a los que critican desde la comodidad de su sofá: “Y en la grada, / allá todos marcan, nadie falla.” Un adelanto de lo que pueden ser los próximos partidos de la banda viguesa.
Aunque entonaron la “Amarga despedida” todavía estaban lejos de echar el telón, y el público cantó y bailó este viejo tema, de su disco “Héroes”, como si tuvieran diez años menos, con ese arranque brillante de Chechu: “Brindare una vez más sabios consejos / El vino en alto esta para decirte adiós / Ven que vamos ahogar / Malos recuerdos / El vino en alto esta para brindar por vos”, y un protagonismo especial del bajo de Richy, y con ese contundente final, “No te olvidare y lo sabes”. Estaba claro que esa noche en la Capitol no la íbamos a olvidar.
Y de “Héroes” a “Indomables”, la banda viguesa nos ofreció otro de sus trallazos, “Honrada avestruz”, avivando la llama del pogo que ya se propagaba por las primeras filas, en uno de sus temas más metaleros, con pinceladas de stoner, que aloja una fuerte crítica hacia la corrupción de la clase política que nos dirige: “Libertad, diferida / venta de armas domingo en misa / !Que os follen!”. A punto estuvo de llevarme por delante la horda de seguidores que giraban enloquecidos mientras repetían: ¡Que os follen!. Como para llevarlos a un mitin electoral… Y ya que estábamos indomables, continuaron con “Osos color salmón”, otra canción épica con vocación de himno, que tiene partes melódicas increíbles como: “Allá donde nos lleve nuestro afán / Allá donde el comienzo ahora es final / Peleas, caes, levantas sin pausar / Respira agallas siempre cerca” o ese epitafio de: “El día que yo me muera / ya no me esperes despierta.” Pura emoción made in Aphonnic.
Ya llevábamos tres cuartas partes del concierto (aunque parecía que los relojes se habían detenido), y en la gran pantalla apareció otro de sus vídeos más celebrados de los últimos años: “Doña Inés”, dirigido por Rubén di Groovie, una ácida critica de la explotación sexual, y sobre la doble moral, de su último álbum: “Ven inyéctame el veneno por debajo de la piel / Las que nacieron muertas son esclavas de un burdel. Servidumbre, son servidumbre.” Un demostración de que se puede hacer crítica social y una buena canción metalera al mismo tiempo.
Bajaron decibelios para “Crisantemos”, donde cantó la segunda invitada de la noche, Adhara Caamaño, la versátil vocalista de Adhara&Ritman, que nos puso la piel de gallina con el tema más intimista y desgarrador del recital: “Dime si hace frío donde / Necesito escucharte una vеz más / Dime que nunca me olvidarás / Pеqueña nunca dejes de orbitar”. Impresionante A Cuncheira de Sofán, que nos dejó a todos con la boca abierta con su dúo con Chechu. Habrá que estar al loro para ver otra vez sobre un escenario a esta Reina de Carnota.
Otra canción para la nostalgia, “Cunfía”, otro de los himnos de los indomables, uno de los que no pueden faltar en sus directos, y que, además en la Capitol vino reforzada con la proyección del vídeo, que nos hacía retroceder, otra vez, diez años atrás. Un tema suave, pero con un un toque post-hardcore, que sus fieles agradecieron cantando: “Amargos tragos van / para los que se rinden / Mi último trago va / por los que no estén / Últimos tragos van / dedicado a esa mujer / Mi último trago va / por todos ustedes.” Yo miré de reojo a la barra, por aquello del último trago, pero ya era imposible acercarse…
Por si a alguno se le había ablandado un poco el corazón, los Aphonnic volvieron a dispararnos a los “Ombligos”, ese golpe en la mesa que abría “Indomables”, otro pepinazo con unos coros brutales, que fueron replicados por un público que parecía inagotable: “Responder y no ceder / Al pan reseco que te den de comer / Todavía queda aliento / Conquistar ombligo / Vamos, aquí sigo en pie / Aquí sigo en pie”. Y siguieron en pie, aunque Chechu amagó con la despedida, todavía dos temas más. Siguiendo con su quinto disco, volvieron a rugir las guitarras con “Cíclopes”, uno de esos temas que suenan indiscutiblemente a Aphonnic, con varios cambios de ritmo y letras incendiarias: “Echarse a las calles / Quebrar sus bozales / Despierta, sólo habrá una oportunidad”.
Y, para poner el broche de oro final, no podía faltar “Mi capitán”, el buque insignia de “Héroes”, en la que sus seguidores dieron todo lo que quedaba de sus gargantas: “Mi capitán, no tengo miedo a seguir / Aunque amigos han quedado atrás / Mi capitán soy cada día más fuerte / Y es porque regresaremos a casa”. Y que mejor para regresar a casa que llevarse ese eco de cientos de voces resonando, después de una noche en la que los Aphonnic reinaron en la Capitol.












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