La Memoria Histórica en ‘Volverás a Región’ y ‘La Península de las Casas Vacías’

El autor de novelas también es autor y develador de memoria cultural, con sus recursos literarios consigue que sus obras sean herramientas para entender lo que rara vez está en los archivos: cómo una sociedad ha recordado su pasado traumático.

Por Lucio Martínez Pereda | 29/05/2026

Los historiadores del franquismo leemos las novelas de ese periodo para encontrar formas distintas a la Historia de contar los hechos del pasado. Me llevo mal con la ficción. Desconfío de ella. Pese a esta carencia estoy entre los que leemos las novelas sobre ese periodo para conocer las formas que usan los novelistas para imaginar los hechos de un pasado traumático. Hay historiadores que buscan en esas páginas la crónica ficcionada de los crímenes y los abusos , el miedo, el hambre y la pobreza. A mi, en cambio no me interesa esa crónica novelada de la Guerra y la dictadura -prefiero sustituirla por la verdad de los archivo – lo que si me interesa y mucho es el testimonio que el novelista ofrece de la memoria que piensa, modela e incluso domestica la Guerra y la dictadura. El autor de novelas también es autor y develador de memoria cultural, con sus recursos literarios consigue que sus obras sean herramientas para entender lo que rara vez está en los archivos: cómo una sociedad ha recordado su pasado traumático.

Volverás a Región de Juan Benet y La península de las casas vacías de David Uclés lo hacen con modos narrativos distintos y generacionalmente desplazados. Ambas comparten similitudes profundas en el tratamiento elegíaco del espacio, el tiempo, y la memoria. En Volverás a Región, Benet construye Región como una provincia imaginaria, mitificada, que funciona como espejo de la España castellana y rural devastada por la Guerra Civil y la posguerra. Uclés, en La península de las casas vacías, crea un país ficticio “Iberia” y un pueblo jienense inventado, un “Macondo ibérico” donde el paisaje es un personaje atravesado por la guerra y la desolación.

Ambas novelas giran en torno al peso del pasado: en Volverás a Región, la conversación nocturna despliega recuerdos fragmentados de la guerra, derrota y desolación, proyectados en una España moral y afectivamente rota. En La península de las casas vacías, el regreso del protagonista al pueblo deshabitado activa una exploración de la memoria familiar y colectiva, con ausencias, vínculos rotos y cicatrices de la Guerra Civil. Los dos libros lo hacen desde el realismo mágico: Benet -inspirado por Faulkner y Onetti- con prosa densa, onírica y simbólica, donde monedas, ríos, casas y objetos se vuelven alegorías del tiempo y la memoria. Uclés mezcla crónica histórica, realismo mágico y exploración psicológica, con grietas que parten la península o sequías imposibles como metáforas del estallido bélico y de una realidad social desquiciada.

En Volverás a Región, la forma central de la ejecutoria memorialista es la conversación larga, los monólogos y la acumulación de digresiones que anudan un pasado de hablas dispersas. En La península de las casas vacías, la narración se abre como un viaje con personajes y voces que se entrecruzan construyendo un mapa de relatos familiares solapados en el tiempo. En Benet, el páramo geológico y social, las casas abandonadas y el paisaje despoblado se convierten en símbolos de un tiempo detenido y una historia sin salida. En Uclés, los habitáculos vacíos y el pueblo en descomposición se convierten en metáfora de una península fracturada: el silencio, lo deshabitado y la huella de quienes ya no están sostienen la atmósfera de la novela.

De ambas me interesa también el protagonismo de estos espacios como una especie de archivo del daño político. Me atrae el uso de la “región ficticia” y el “Macondo ibérico”. En Benet, Región es un espacio simbólico que cristaliza la España castellana castigada por la victoria sublevada, la represión silenciosa y la miseria posbélica; en Uclés, Iberia y su pueblo fantasma son un territorio donde la Guerra Civil se recuerda como un espectro que aún filtra la vida, la propiedad y los afectos. Para un historiador, ambas construcciones son mapas no oficiales de la dictadura: Benet lo hace desde el interior de la generación que vivió el franquismo como telón de fondo cotidiano; Uclés lo hace desde la distancia de la memoria transmitida, escarbando en las grietas de una historia que nunca se cerró.

En Volverás a Región se saca a la luz el tiempo reprimido: la conversación larga, los monólogos y las digresiones como estrategia de desvelamiento de lo que la dictadura mandó callar: un “páramo de hablas dispersas” que es, en el fondo, la contraparte sentimental de los expedientes y las denuncias anónimas . En La península de las casas vacías, su forma de memorializar encaja en la percepción propia de la transición tardía, de la reaparición de los cuerpos desaparecidos y de la necesidad de reconstruir una verdad que el franquismo enterró

En ambas novelas las memorias funcionan como contranarrativas de la historiografía oficial- una de la narrativa franquista y otra de la narrativa transicional. Uclés,con sus grietas que parten la península y sus sequías imposibles, transforma el paisaje en metáfora de una democracia que aún no ha cerrado la herida del franquismo. En Benet, la casa vacía es la casa de los derrotados, de los expulsados, de los que se fueron o se callaron. En Uclés, cada habitáculo abierto o cerrado es un punto en el mapa de la reparación pendiente, de la justicia que no se ha hecho.

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