La desmemoria

Por Víctor Chamizo Viñeta de ElKoko

Siempre se ha dicho que todo ser humano tiene un punto débil. Todo el mundo, o casi todo, recuerda la famosa historia del talón de Aquiles, que venía a demostrar esta idea.

Yo considero que el punto débil de la mayoría de las personas es la memoria. La memoria colectiva, para ser más exactos. A veces no es ni siquiera necesaria la sucesión de varias generaciones para que esa memoria colectiva se desvanezca. Ese recuerdo de los sucesos acontecidos a un sector de población, a una nación, a un colectivo, solo pueden conservarse mediante la transmisión directa de los que sufrieron los hechos o mediante la transmisión diferida: textos escritos. Eso se denomina cultura.

Viñeta de Elkoko.

Cuando los pueblos se alejan de la cultura, se distancian también de su Historia. Olvidarse de la Historia es el mejor camino para regresar a los errores del pasado, porque, por desgracia, los instintos del ser humano han sido, desde tiempos inmemoriales, la dominación de unos sobre otros. Únicamente mediante el ejercicio de la inteligencia, del racionamiento y del sentido común, es posible dominar este perverso instinto.

En los 300 000 años que el ser humano lleva sobre la Tierra se han creado núcleos de poder, o élites dominantes, cuyo objetivo ha sido perpetuarse en el tiempo como los dirigentes del resto, y, de ese modo, se llegó a una Edad Media dominada por reyes y nobles que, de un modo u otro, ha perdurado hasta nuestros días, aunque hayan matamorfoseado las formas en algunas localizaciones.

Vivimos un momento de la historia de nuestro país en el que estamos a punto de perder la memoria colectiva, donde las élites que fueron dominantes y que se vieron desalojadas del poder –aunque no de un modo absoluto, ya que siempre han copado la Economía, el Ejército, los medios de comunicación y la Justicia, tres pilares básicos para su sostenimiento– están manipulando a la población para distorsionar y tergiversar la propia Historia y para convencer con soflamas populistas de que, aquello que fue una masacre y una opresión de una clase dominante de unos pocos sobre la mayoría, es el mejor sistema posible y, por ende, hay que regresar a él.

El mayor aliado de este grupo elitista, heredero de los tiranos de antaño, es la incultura, y la ausencia de un espíritu reflexivo, en una población anestesiada por una televisión manipuladora, un cine que, en general, no invita a hacer autocrítica de la sociedad actual, y un desapego absoluto a la lectura, todo ello aderezado por unas redes sociales manipuladoras, que invitan a no pensar y eliminan o torpedean todo contenido que no es bien recibido por las élites dominantes.

Vivimos un momento de la historia de nuestro país en el que estamos a punto de perder la memoria colectiva, donde las élites que fueron dominantes y que se vieron desalojadas del poder están manipulando a la población para distorsionar y tergiversar la propia Historia.

Un peligro de incalculables consecuencias se cierne sobre los habitantes de este pedazo de la península ibérica que los romanos denominaron Hispania. Un peligro de penetrar en un túnel del que desconocemos si tendrá salida. Evitar introducirnos en ese agujero depende de nosotros. Y todos y cada uno de aquellos que tenemos consciencia de lo que puede avecinársenos, tenemos la obligación moral de despertar a aquellos que están dormidos o que piensan que la próxima consulta electoral es una más, que no se sienten representados por nadie, y que van a ejercer un voto de castigo sobre los partidos de izquierda que no han sabido defender sus ideas o sus inquietudes, o bien se han sentido traicionados por ellos.

Esta derecha iracunda, intransigente e intolerante es lo que persigue. Aquel que se lo facilite, sin compartir su doctrina, será responsable del futuro que nos espera. Que luego no se queje.


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