Tenemos nostalgia porque vamos perdiendo

Por Carmen Romero 

Crecer es sentir eso de la nostalgia por primera vez, que no es lo mismo que echar de menos. Lo de echar de menos nos pasa desde que nacemos y cuando nos falta algo o alguien. Echar de menos es recordar un pasado. La nostalgia es un intento fallido de volver a vivir ese pasado. Lo peor es sentir nostalgia por un pasado que ni siquiera has vivido, pero tampoco se puede vivir del olvido, y eso es algo que sirve tanto para las cosas del amor como para la conquista de derechos. 

Tanta turra para acabar diciéndoos que los trabajadores jóvenes cobran hoy salarios hasta el 50% inferiores a los que se percibían a su edad en 1980. Los jóvenes sentimos nostalgia de un pasado que no hemos vivido. Los que sí lo vivisteis también salís escardados de esto y sentís nostalgia. La uberización de la economía os tiene atados de pies y manos y solo os puede salvar el compañero que no lo está, pero eso es lo que quieren, que no tengas compañero que te salve, que estés solo en medio de la sala, sentado en una fría silla, atado de pies y manos. Que te olvides del colectivo, de la asociación y del sindicato. El tiempo pasado no es que fuera mejor, es que el de ahora es un autentico atraco a mano armada. Es normal que sintáis nostalgia. De hecho estáis obligados a sentirla porque solo así reaccionaréis. Aún estamos a tiempo de pegarle una patada a la puerta y salvarnos de la fría silla. 

Los que nacimos en los 90’s crecimos con series como Física o Química, Los protegidos o El internado. Los que nacisteis en los 70’s, 80’s lo hicisteis con Star Wars, Blade Runner e Indiana Jones. Todas estas series y películas han tenido un remake y extensiones en los últimos años o lo tendrán en este que viene. No es casualidad, los que nacimos en los 90’s somos casi treintañeros sometidos a una infinita adolescencia y por eso revivimos esas series adolescentes que nos hicieron felices en el pasado. Los que nacisteis en los 70’s, 80’s deseáis que el terror y la aventura sigan siendo esas películas, no el desastre del presente, y por eso deseáis volver. 

Ahora han inventado un concepto para referirse a todo esto que contamos; lo llaman “Fatiga pandémica”. Perdonad, pero no, no es fatiga pandémica, la fatiga que arrastramos la traemos de antes del Covid por lo que supone vivir en constante incertidumbre. Otra cosa es que ahora le echen la culpa a la pandemia de todos los males del capitalismo. Tantos años fomentando el individualismo, el rechazo al estado del bienestar y las políticas de recortes no podían traer nada bueno. Con el papel higiénico acabándose en los primeros días de confinamiento ya se demostró que a la gente solo le importa su propio culo. 

Digamos que el capitalismo es un horizonte lleno de dunas de arena clara donde brilla el sol. A pocos metros hay un oasis verde y refrescante, pero, en cuanto pisas, la bonita arena se convierte en arenas movedizas. Volviendo al cine, en las películas de aventura de los 80’s el protagonista fuerte y hábil siempre solía quedar atrapado en estas pegajosas y agobiantes arenas. El protagonista, durante toda la película parecía arreglárselas bien solo, pero en esta parte de la trama siempre aparecía alguien que le ayudaba a salir o moriría. Eso es la comunidad y vivir en sociedad frente al individualismo. 

Hemos pasado de discutir sobre lo que podemos conseguir, a discutir sobre lo que no podemos perder. El discurso ahora se mueve en torno a la seguridad y la estabilidad. Lo que debe garantizar ahora mismo la izquierda de nuestro país es eso, seguridad. Lo que no puede ser es que llevemos un año de gobierno supuestamente progresista y lo único que se haya nacionalizado haya sido los salarios de trabajadores a través de los ERTEs, es decir, salvarle el culo a los empresarios y pagar sueldos del ámbito privado con dinero público. 

Tenemos nostalgia porque vamos perdiendo. El pasado marzo la eutanasia pasaba a ser legal en España. Una gran noticia. Vox decía que derogarían la ley. Lo mismo decía el PP del aborto, del matrimonio homosexual y de mil batallas más. Han gobernado y no han derogado ni una. Lo que la izquierda aprueba sobre derechos, la derecha al gobernar nunca en el pasado ha metido mano. Lo que la derecha aprueba sobre economía, la izquierda al gobernar nunca en el pasado ha metido mano. Ahora se supone que todo es líquido, fluido y no sé qué cosas que no entiendo. Lo que sigue siendo sólido como una piedra es lo de que existan ricos y pobres.

Recordemos que este país sigue en pie gracias a los trabajadores y trabajadoras que cada día abrían y abren las calles. Gracias a los sanitarios, las limpiadoras, los que se encargan de que cada mañana las calles estén limpias de basura. Gracias a toda una clase abandonada, enfrentándose cada día a la incertidumbre y sintiendo una terrible nostalgia. Nostalgia de un tiempo que no fue del todo bueno, pero sabiendo que el ahora es peor. Muchos no hemos vivido ese pasado y aun así lo añoramos.

2 Comments

  1. Carmen querida. Vengo leyendo tus artículos y adoro lo brillante que eres, la frescura de tus expresiones y sobre todo, su acierto. No imaginarás que el vello se me ha puesto de punta al leerte, porque es así: la nostalgia es mala compañera, no como la tristeza, pero casi, sin embargo se le ha dotado de un sentido romántico que, automáticamente deshaces con estas reflexiones. Tú, como muchos otros, sentimos nostalgia puñetera de una vida que nuestros padres, quizá tus abuelos han luchado por conseguir, unos derechos laborales que sudaron y sangraron y una realidad que nosotros, tú, vosotros, vamos perdiendo a golpe de pedal, con cada voto, con cada nueva ley de educación, con cada contrato que se va fuera porque es más barato desgarrar en Asia que fabricar aquí, con cada personita que, sin posibilidad de trabajar decentemente aquí vuela con su inteligencia, su título y pocas ganas para labrarse un futuro lejos. Con cada tú que nos dice que que el hoy es un mal presagio del mañana.

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