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Un exagente marroquí ha confirmado el uso sistemático de Pegasus desde 2017 por parte del régimen alauita para recopilar datos sensibles que puedan ser usados si fallan métodos más convencionales.
Por Claudia Navarro | 20/07/2026
En un escándalo de dimensiones extraordinarias, los servicios secretos de Marruecos, principalmente la Dirección General de Vigilancia del Territorio (DGST), utilizaron el programa de espionaje Pegasus, desarrollado por la empresa israelí NSO Group, para espiar cientos de móviles españoles. Entre las víctimas figuran altos cargos del Gobierno de España, incluyendo al presidente Pedro Sánchez y varios ministros. Las revelaciones, respaldadas por datos filtrados del Pegasus Project y el testimonio de un exagente de inteligencia marroquí, ponen de manifiesto una violación grave de la soberanía española y un riesgo directo para la seguridad nacional.
¿Qué es Pegasus y cómo lo usó Marruecos?
Pegasus es un spyware de “infección cero clic”: no requiere que la víctima haga clic en un enlace ni realice ninguna acción. Una vez instalado en un teléfono (iOS o Android), permite al atacante acceder de forma remota y encubierta a todos los datos del dispositivo: mensajes, llamadas, correos, fotografías, ubicación en tiempo real, micrófono, cámara y aplicaciones. Es una de las herramientas de vigilancia más avanzadas del mundo y solo se vende a gobiernos y agencias de seguridad.
Según las investigaciones del consorcio internacional coordinado por Forbidden Stories y Amnistía Internacional, un cliente identificado como Marruecos seleccionó más de 200 números de móviles españoles como objetivos potenciales. Datos más recientes de julio de 2026 elevan la cifra de intentos de ataque documentados a varios cientos de dispositivos entre 2018 y 2021.
El Gobierno español, afectado
Las infecciones confirmadas afectan directamente al núcleo del poder ejecutivo español. El teléfono del presidente Pedro Sánchez fue infectado al menos en dos ocasiones, una de ellas en mayo de 2021, con la extracción de 2,57 GB de datos en una de las ocasiones. También fueron víctimas la ministra de Defensa, Margarita Robles; el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska; y el ministro de Agricultura, Luis Planas. Otros altos cargos, como la entonces ministra de Exteriores Arancha González Laya, también vieron comprometidos sus dispositivos.
Estas infecciones se produjeron en un contexto de máxima tensión diplomática: la crisis del Sáhara Occidental de 2021, con la hospitalización de Brahim Ghali en España y la entrada masiva de migrantes en Ceuta, orquestada por Rabat como presión.
Más allá del Gobierno: centenares de objetivos
El espionaje no se limitó al Ejecutivo. Los datos del Pegasus Project y las nuevas investigaciones de 2026 revelan que Marruecos seleccionó como objetivos a periodistas especializados en el Magreb, como Ignacio Cembrero, activistas saharauis y defensores de derechos humanos residentes en España, agentes de la Guardia Civil (incluido el jefe de información de Cataluña en su momento) y otros ciudadanos y organizaciones vinculados al Sáhara o a la oposición marroquí en el exilio.
Un exagente de la DGST marroquí, conocido como “Safir”, ha confirmado en 2026 el uso sistemático de Pegasus desde 2017 por parte de los servicios secretos de su país, describiéndolo como “el arma del monstruo” y señalando que se reservaba para objetivos de alto valor después de agotar métodos más convencionales.
La gravedad del hecho
Este espionaje no es un incidente menor. Sus implicaciones son profundas y múltiples. En primer lugar, representa una violación directa de la soberanía nacional, ya que un Estado extranjero accedió de forma ilícita a las comunicaciones privadas del jefe del Gobierno y de miembros de su Gabinete, un acto equiparable a una intrusión en territorio soberano.
Además, supone un riesgo severo para la seguridad nacional. El acceso a los teléfonos de Sánchez, Robles o Grande-Marlaska podía revelar información clasificada, estrategias de negociación, posiciones en política exterior o datos sensibles sobre migración y cooperación antiterrorista. La extracción de gigabytes de información en plena crisis de 2021 resulta especialmente preocupante.
Por otro lado, atenta contra la democracia. Cuando se espía al presidente y a ministros, se pone en riesgo el proceso de toma de decisiones democráticas, con el peligro de chantaje, desinformación o influencia indebida. Asimismo, se trata de un ataque masivo a la privacidad de centenares de ciudadanos españoles, incluidos periodistas, activistas y funcionarios, que fueron potenciales víctimas de una vigilancia totalitaria encubierta. Pegasus no solo lee mensajes: puede activar la cámara y el micrófono sin que el usuario lo sepa.
Finalmente, añade un componente de traición en la cooperación bilateral. España y Marruecos mantienen una relación estratégica en materia de migración, seguridad y lucha contra el terrorismo, pero los servicios marroquíes espiaron incluso a agentes españoles que colaboraban con ellos, según revelaciones recientes. Todo ello erosiona la confianza y genera impunidad: Marruecos niega el uso de Pegasus contra objetivos españoles, y las investigaciones judiciales en España se han archivado en varias ocasiones por falta de cooperación del régimen de Israel.
Un precedente peligroso para Europa y el mundo
El caso español no es aislado. Marruecos ha utilizado Pegasus contra periodistas, activistas y políticos de varios países, incluyendo Francia. El auge de este tipo de software mercenario, vendido a determinados gobiernos, representa una amenaza global para la soberanía de los países.
España, como miembro de la UE y socio estratégico de Marruecos, tiene la responsabilidad de exigir explicaciones claras, impulsar una investigación exhaustiva e independiente y fortalecer urgentemente sus defensas cibernéticas. También debe promover, junto a sus socios europeos, una regulación internacional estricta sobre la exportación y uso de herramientas de vigilancia como Pegasus.
El espionaje masivo llevado a cabo por los servicios secretos marroquíes contra España no es solo un escándalo: es una advertencia seria sobre las nuevas formas de agresión interestatal en el siglo XXI. La gravedad del asunto exige respuestas a la altura de la amenaza.
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