La democracia de los ricos

Por Harim Rodríguez

La imagen de Catalunya se repite con una facilidad insólita, un pueblo que votó mayoritariamente por una opción electoral contraria a la orientación dominante en el gobierno está siendo salvajemente golpeado, vejado, en las calles de Honduras. La sangre corre, pero no importa, son gente humilde defendiendo su dignidad a elegir, lo que resulta muy poco atractivo para los medios de las élites dominantes.

Los flamantes negocios de la comunicación internacional (CNN BBC) y las grandes agencias de noticias no harán extensas coberturas, ni interesados despliegues tecnológicos para transmitir en vivo desde Tegucigalpa, defender el tan cacareado derecho a la libertad de expresión no será prioridad en el país centroamericano.

No habrá coaliciones de expresidentes, ni envalentonados voceros de la Organización de Estados Americanos, mucho menos enconados defensores de la democracia de la Unión Europea llamando a sancionar al gobierno que intenta imponerse por la fuerza a pesar que los votos no lo favorecieron.

Un presidente en ejercicio, Juan Orlando Hernández, buscaba la reelección en un proceso que perdía por cinco puntos porcentuales al momento de “caerse” el sistema electoral, dos horas después del desperfecto, el candidato pro estadounidense tenía asegurada la reelección.

La sangre corre, pero no importa, son gente humilde defendiendo su dignidad a elegir, lo que resulta muy poco atractivo para los medios de las élites dominantes

Los derechos humanos no serán una excusa para que Donald Trump intervenga en Honduras, allá el presidente aliado de las corporaciones trasnacionales tendrá el camino libre para aplicar todas las medidas represivas necesarias que permitan mantener la “estabilidad institucional”.

Difícilmente alguna estrella del periodismo pondrá en el contexto a sus lectores, televidentes o radioescuchas. Ni por casualidad explicarán que Juan Orlando Hernández es el presidente que resultó de un proceso que inició con un golpe de Estado a Manuel Zelaya en 2009.

Como Honduras no tiene petróleo, no habrá amenaza de envío de marines o cascos azules, ni sanciones económicas, ni bloqueos, ni embargos, nadie tocará con el pétalo de una rosa al que se impone a punta de balas y uniformados mientras mantenga su lealtad al justísimo sistema internacional económico, hecho como anillo al dedo para la consagración de la democracia de los ricos.

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