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El objetivo es llenar las filas de un ejército que durante años ha sufrido una crisis de reclutamiento y retención, precisamente cuando la burguesía británica intensifica su preparación para conflictos mayores.
Por Víctor Siles | 4/11/2026
Mientras la crisis del capitalismo se profundiza y se culpa a los jóvenes de su propia miseria, el Estado británico ha puesto en marcha un mecanismo explícito para canalizar a decenas de miles de desempleados hacia las Fuerzas Armadas. En febrero de 2026, el Ministerio de Defensa y el Departamento de Trabajo y Pensiones firmaron un acuerdo que integra el reclutamiento militar directamente en las oficinas de empleo (Jobcentre Plus). Por primera vez, las carreras militares se promocionan de forma activa entre los demandantes de prestaciones. Personal de las Fuerzas Armadas asesora en los Jobcentres y se orienta a los jóvenes hacia roles en ingeniería, sanidad y logística. El piloto se concentra en las West Midlands, precisamente donde el desempleo juvenil es más alto.
Esto no es una “oportunidad”. Es la lógica de un sistema en descomposición que, incapaz de absorber a su propia juventud en empleos dignos, la convierte en reserva militar.
La reserva de ejército del capitalismo
Casi un millón de jóvenes británicos de 16 a 24 años no están ni estudiando ni trabajando. En abril-junio de 2026 la cifra era de 981.000 (13 % del grupo de edad); a principios de año superó el millón por primera vez desde 2013. La tasa de desempleo juvenil ronda el 15,6 %. Estas cifras no son un accidente ni el resultado de “falta de ambición”. Son el producto de un modelo socio-económico que ha reducido sistemáticamente los empleos estables para la clase trabajadora, ha precarizado el trabajo y ha elevado el coste de la vivienda y la educación hasta niveles que condenan a amplios sectores de la juventud.
La clase dominante responde a esta crisis de dos maneras simultáneas: culpando a los jóvenes (“no quieren trabajar”, “falta de disciplina”) y ofreciéndoles el uniforme militar como una de las pocas salidas reales. Un joven de familia obrera que enfrenta prestaciones condicionadas o recortadas, alquileres impagables, deudas y un mercado laboral cerrado no elige libremente. Elige entre la miseria y el cuartel. La “libertad de elección” es una ficción ideológica que oculta la coerción económica.
Preparar la guerra imperialista
El objetivo es llenar las filas de un ejército que durante años ha sufrido una crisis de reclutamiento y retención, precisamente cuando la burguesía británica intensifica su preparación para conflictos mayores, en primer lugar frente a Rusia y en defensa de sus intereses geoestratégicos e imperialistas. Se aumenta el número de cadetes, se introduce la “defensa” de forma más visible en la educación y los ministros instan abiertamente a los desempleados a considerar seriamente el ingreso en las Fuerzas Armadas. Aún no hay servicio militar obligatorio, pero la presión social e institucional crece.
Los que serán empujados hacia el reclutamiento serán, de forma abrumadora, jóvenes de familias obreras. Los hijos de la clase dominante que decide las guerras no llenan las filas de la misma manera. El reclutamiento militar no prepara a la gente para “servir a su país” en abstracto; prepara a sectores de la clase trabajadora para matar y morir en guerras que sirven a los intereses de la burguesía: protección de rutas comerciales, influencia imperial y mantenimiento del orden mundial que garantiza la acumulación de capital.
No hay salida individual
Presentar las Fuerzas Armadas como una vía de ascenso social es la forma más cínica de reclutar. El capitalismo genera la crisis de empleo; el Estado capitalista la gestiona convirtiendo parte de la juventud sobrante en carne de cañón. Mientras no exista un movimiento de la clase trabajadora capaz de imponer sus propios intereses —empleo digno, vivienda, fin de la guerra imperialista—, la presión para reclutar seguirá intensificándose. La juventud obrera no es el problema. Es la materia prima que el sistema necesita tanto para la explotación cotidiana como para la guerra.
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