Cine | A “La caza” de la bondad

Por Puertos

He de decir que el título me engañó. Además, la persona que me la recomendó influyo en ese engaño. Me esperaba una película estilo “Defensa” (1972) (Cercana a lo rural, a la brutalidad de lo marginal). Aunque, sea una película violenta, no se trata de una violencia activa… Me explico. En la caza ocurre la brutalidad de la comunidad, una brutalidad no ejercida. Dicha presión viene desde lo común, desde nuestro día a día. El espíritu autoprotector de la comunidad que lucha contra todo (también lo conocido).

La violencia de la que hablo se ejerce desde la asunción de axiomas, los niños también mienten… En boca de uno de los personajes (Lars Ranthe): “Dicen que los niños siempre dicen la verdad, lo peor es que casi siempre es cierto”. Claro, pero no podemos caer en la crítica de unos padres extremadamente protectores ¿lo son? ¿Quién no lo sería?

Esta película es curiosa, desde que comienza la “acción” ya sabemos todo. Hecho que no resta intensidad al film. Todo lo que ocurre lo conocemos de antemano, quizá los personajes también lo conozcan. Se junta una bondad abrumadora, de un protagonista (Mads Mikkelsen), con la venganza romántica de una niña (Annika Wedderkopp) brillante. Aun no sé qué papel es mejor, es tan real todo… No tiene que verse como un ataque a la falsa acusación. Eso es marginal en la película, es la excusa para que todo ocurra. La crítica es a la comunidad; a su débil (o fuerte) arraigo en los individuos.

En “la caza” el director ataca, puede que sin quererlo, al juicio social. Pese al sistema judicial, pese a las autoridades… el culpable sigue siéndolo, lo es en tanto todos los dedos lo señalan (no pasa con una amistad que sobrevive a la más violenta de las agresiones). Los buenos siempre pierden, es algo que más o menos conocía. Vinterberg lo demuestra en esta trama. Lo actual no tiene que sostenerse, en ningún momento, sobre un cimiento estable. Trayéndolo a nuestra tierra, fuera de la película. El director plantea un ataque a la posverdad, a la realidad que se mantiene cierta, sin base alguna ¿O no? Lo cierto es que el espectador puede ver, y es lo que verdaderamente le altera, toda la película conociendo la verdad ¿Pero importa?

Aunque no es la sociedad lo único que es señalado, de manera inconsciente (dudándolo mucho) también se critica la bondad de los hombres. Perdonar es el mayor error que se comete. El personaje que decía la anterior frase, vuelve a aparecer con la siguiente: “eres demasiado bueno, siempre te lo he dicho. Tenias que haber terminado con esto antes”. Un error irreparable es confiar, en tu amigo, en tu comunidad. Al final, se demuestra que, ni el posible amor, supera al marco en el que se mueve.

Todas estas cuestiones patinan sobre una fotografía y un paisaje excelente. Desconocido en la televisión (más allá de la montaña estadounidense) desde Dinamarca nos abren los ojos. Es curioso, como en el regazo del ejemplo de la sociedad moderna (el anhelo de la “socialdemocracia”) la misma sociedad se demuestra despiadada. Ni el desarrollo, ni la educación nos salva de un mal que ya es nuestro. Una protección que nos obliga a atacar antes que a analizar (incluso en la infancia) ¿Quién no ha conocido un niño que no falla? En este marco, el protagonista no puede ser más que una víctima.

El director plantea un ataque a la posverdad, a la realidad que se mantiene cierta, sin base alguna ¿O no?

Y luego llega Dios, la iglesia… la fiesta de los niños ¿Qué inocencia hay en la juventud? Ninguna. El pecado ya ha estado en nosotros, el pecado solo puede ser nuestro. La inocencia no ocurre cuando nos movemos en grupo. Allí, en el pequeño pueblo tampoco tiene cabida. El rumor acaba conquistando todas las almas, también la de los jóvenes… Los padres les inducen, queriéndolo ¿cómo si hay un trauma no me ha afectado a mi? ¿Cómo voy  a estar sano, curado, salvado? Si llueve en algún lado, tengo que mojarme. Aunque sea yo quien busque el agua.

Los ojos, la importancia de la mirada… (Hace tiempo que quería hablar de la mirada) ¿Por qué no aprovechar esta oportunidad? “lo veo en sus ojos… voy a hablar con él” La mirada que atraviesa el juicio social. Aun son amigos, pese a todo, pese a no quererlo. La mirada viene a ser sentida, no estudiada. Viene sin juicio, atraviesa las almas; los prejuicios. Conecta a las dos personas, no a sus cuerpos, a ellos. En esa mirada, el amigo vuelve a serlo.

Recordando la película, no puedo obviar esa tensión que no te suelta. Una tensión desde lo conocido (la verdad no tiene por qué ganar). Hablando con un amigo, he hecho otra vez una referencia a Sade… ¿Y si el bien no es un fin? Lo importante no es ser sincero, para sobrevivir hay que acabar con el catolicismo que nos gobierna (aquí en España). El protagonista es un blanco fácil por su cristianismo, por su bondad. Si hubiese dicho basta. Si hubiese confiado en sí mismo, no en el abrigo del grupo. El grupo no tiene conciencia, los individuos no tienen ninguna intención de grupo. Protección, prejuicios (no siempre malos) Quizá el miedo a reconocer que no hay sinceridad en la juventud “Máma, me lo he inventado. No me hizo nada” ¿Qué importan esas palabras cuando ya está todo en marcha?  Ella duda, la hacen dudar ¿Imoporta? El juicio ya había empezado. Si hubiera tenido la mano izquierda más desarrollada, si hubiera sabido atacar antes… La cuestión no es si lo bueno puede perder o no, la cuestión es: ¿Acaso puede ganar?

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