La amenaza turca se cierne sobre Shengal

. Shengal es una de las tierras más fértiles en las que puede florecer la cultura de la autonomía, la autodefensa, la libertad de la mujer y la vida democrático-comunitaria. La humanidad está obligada a no permitir que la ocupación de Shengal tenga lugar.

Por Angelo Nero

En agosto se cumplieron seis años del comienzo del genocidio perpetrado por el Estado Islámico en Shengal, una región montañosa en el noroeste de Irak, habitada principalmente por la comunidad yazidí, a los que el grupo takfirista consideran “adoradores del diablo”, ya que rinden culto a Melek Taus, el Ángel Pavo Real, que para los musulmanes representa a Lucifer. La ofensiva del ISIS sobre Shengal arrasó poblaciones enteras, dejando un rastro de destrucción a su paso, con miles de asesinatos y violaciones, cientos de niños cautivos que vendieron en mercados y convirtieron en esclavos sexuales, casi tres mil desaparecidos todavía, más de ochenta fosas comunes y setenta templos yazidís destruidos. Entonces, mientras la comunidad internacional miraba, una vez más, hacia otro lado, los yazidís estuvieron a punto de ser exterminados, abandonados a su suerte por el ejército de Irak y por los peshmerga del gobierno regional kurdo (KRG) de Barzani. Cientos de miles de jazidís, y también kurdos, cristianos asirios y árabes, huyeron a las montañas que rodean la ciudad de Sinjar, mientras las hordas yihadistas wahabitas practicaban la estrategia de la tierra quemada sobre toda la región de Shengal. En su defensa solo acudieron las milicias kurdas de Rojava, las Yekîneyên Parastina Gel (YPG), y sus homólogas femeninas, las Yekîneyên Parastina Jin (YPJ), así como las milicias kurdas de Bakur, las Hêzên Parastina Gel (HPG), vinculadas al PKK, el Partiya Karkerên Kurdistan, fundado por Abdullah Öcalan. Estas milicias kurdas abrieron un corredor humanitario desde Sinjar hasta Rojava que salvaron a la mayor parte de la población yazidí, aunque no pudieron impedir la destrucción casi completa de la ciudad, que arrebataron al ISIS, casa por casa, y que fue liberada a principios de 2016. En la lucha también participaron las milicias yazidís Yekîneyên Berxwedana Şengalê (YBŞ), y sus correspondientes femeninas Yekinêyen Jinên Êzidxan (YJÊ).

Cinco años después de que finalizara la Operación Furia de Melek Taus, en dónde las fuerzas combinadas kurdas y yazidís liberaran Shengal, con una gran parte de su población todavía desplazada, cerca de medio millón, y con el recuerdo todavía vivo de la amenaza yihadista, pero también de la traición del gobierno regional del Kurdistán Iraquí (KRG), y después de crear una Administración Autónoma propia, una nueva amenaza se cierne sobre este minoría étnica, precisamente por la alianza que el primer ministro Nechirvan Barzani mantiene con Recep Tayyip Erdogan, en plena campaña de expansión panturquista, como ya han sufrido en sus carnes, recientemente, los libios, los armenios de la República de Artsakh. La Asamblea Autónoma Democrática de Shengal (MXDŞ), pidió a la población yazidí y kurda que se movilice contra el acuerdo entre Hewlêr (capital del KRG) y Bagdad de octubre pasado, animado por Ankara y apoyado también por EEUU, sobre el futuro de Shengal, que pasaría a depender administrativamente de la región autónoma kurda, mientras que el gobierno central iraquí se haría responsable de su seguridad, instando a la disolución de las milicias yazidís. En ningún momento ni el Consejo Autónomo de Shengal, ni la población de la región han sido tenidas en cuenta, aunque en el acuerdo han participado mediadores internacionales, EEUU, Alemania y Francia.

“Este acuerdo es un trato para destruir a los yazidís”, afirmó Riham Hiço, co-presidenta del Consejo Ejecutivo de la Administración Autónoma Democrática de Shengal. “No lo aceptaremos. Hewlêr y Bagdad están haciendo tratos a nuestra costa. Hemos hecho grandes sacrificios por una vida libre y no para que Bagdad y Hewlêr empujen a los yazidís como regalos entre ellos. No aceptaremos ninguna decisión que no se corresponda con nuestra voluntad. Cueste lo que cueste, estamos dispuestos a hacer el sacrificio. No somos un bocado que se pueda tragar tan fácilmente. Hemos dejado clara nuestra postura y seguiremos haciéndolo”.

Los yazidís alertan contra un nuevo genocidio, que sería el 74 farman, el término utilizado por este pueblo para nombrar las masacres de las que han sido objeto a lo largo de su historia. Su temor, más que fundado, es que si sus milicias son desarmadas y su autonomía administrativa, inspirada en el Confederalismo Democrático, pasa a depender del gobierno de Barzani, esfumando el sueño de una sociedad democrática, ecológica y feminista, no tendrán tampoco garantías de que no se repita una nueva ofensiva del Estado Islámico, o de cualquiera de los grupos salafistas financiados por Turquía, que ya han ocupado el cantón Afrín, y siguen hostigando a los otros seis cantones de la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria, centrándose, actualmente en el ataque a la ciudad de Ain Issa, ante la inanición de las tropas rusas y sirias, que mantienen puestos de observación y bases militares en la zona. Ain Issa es un enclave estratégico, aunque los ataques de Turquía también están produciendo en la región de Til Temir, en el cantón de Cizire y en la región de Shehba, al norte de Alepo.

Zozan Sima, miembro de la Academia de Jineology de Rojava, ha señalado en el diario Yeni Özgür Politika: “Si puedes quitar el polvo, la destrucción creada por las masacres y el pulido del capitalismo y el patriarcado, serás testigo de la forma más pura de comunidad ético-política. Shengal es una de las tierras más fértiles en las que puede florecer la cultura de la autonomía, la autodefensa, la libertad de la mujer y la vida democrático-comunitaria. La humanidad está obligada a no permitir que la ocupación de Shengal tenga lugar. Decir No a la ocupación de Shengal es responsabilidad de todos los que afirman luchar por la libertad de las mujeres. Es responsabilidad de todos los que afirman abrazar los valores de los kurdos. Esta debe ser la lucha conjunta de todos los que creen en una lucha ecológica, democrática, socialista de izquierda.”

En noviembre comenzó el despliegue de fuerzas militares del gobierno iraquí de Mustafa al-Kadhimi en la zona, con un primer envío de 2.500 soldados, con la intención de controlar el área que se extiende entre las ciudades de Sinjar y Rebia, y que toda la línea de la frontera entre el noroeste de Siria y Shengal permanezca bajo el control de las fuerzas bajo el mando de Bagdag, lo que ha encontrado gran resistencia por parte de la Asamblea Autónoma Democrática de Shengal, que pidió a su población que se movilice para mostrar su rechazo a la ocupación y han declarado: “Queremos afirmar que usaremos nuestro derecho a la autodefensa solo en el caso de un ataque contra los logros de nuestro pueblo”. Mientras los firmantes del acuerdo, aseguran que la región está lista para ser “limpiada de grupos armados locales y externos”, en clara alusión a las fuerzas de autodefensa yazidís, YBŞ e YJÊ, no parece que estás milicias estén por la labor de entregar sus armas.

Todo esto llega en medio de una ofensiva turca en Basur, en su empeño por perseguir y desalojar, más allá de sus fronteras a los grupos afines al PKK, con la inestimable ayuda del clan Barzani, en el gobierno del Kurdistán iraquí. Karlos Zurutuza, co-autor del libro “Respirando fuego. En las entrañas de la lucha kurda por la supervivencia”, gran conocedor de la geopolítica de esta explosiva región, afirma que los yazidís “siempre como una casta inferior a ojos de ambos gobiernos, el kurdo y el iraquí, por los que no merecía la pena ni luchar ni invertir. Por eso fueron abandonados cuando fueron atacados por ISIS. Shengal es, sin duda, una moneda de cambio en un acuerdo global con Turquía, que no quiere que se convierta en un segundo Qandil.” Los montes Qandil han sido un importante refugio para el PKK, a pesar de ser bombardeados durante años por los aviones turcos y también por la artillería iraní, ya que también ha servido de abrigo para el PJAK, el principal grupo armado de oposición al régimen teocrátrico de Teherán, que comparte estrategia e ideología con el PKK.

Desde principios de noviembre también, Turquía ha desatado varios ataques aéreos sobre Shengal, bombardeando varios pueblos, ubicando en un área de quince kilómetros dentro de territorio iraquí más de cincuenta puestos de avanzada, desde donde realiza continuas incursiones terrestres, causando bajas, por “fuego amigo”, incluso en las fuerzas iraquíes, matando a dos comandantes de la guardia de frontera. A la vez que espolea al gobierno de Barzani para que continúe hostigando a las fuerzas yazidís y kurdas afines del PKK, lo que podría derivar en una guerra civil kurda, de consecuencias dramáticas para toda la región.

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