Artículo interactivo sobre Black Mirror: Bandersnatch. La ambientación musical de Bandersnatch: un viaje donde perderte

Lista de la película recopilada por “Alexis Eduardo Narváez Tadeo” en Youtube:

 

Relax, don´t do it, where you, when you want to go to it” que vendría a traducirse como “Relájate, no lo hagas, cuando quieras ir hazlo” es el primer sonido que recibimos al adentrarnos en la aventura musical que supone Black Mirror: Bandersnatch y como no, será todo un guiño intencional para situarnos en nuestra aventura de elecciones. La época no es casual, ya que como se menciona en el artículo principal, nos sumergimos en los 80, una época en la que la música experimenta todo tipo de altibajos, desde el pop de Madonna hasta los gritos de rabia de Sex Pistols aunque ninguno de esos géneros aparece como tal en Bandersnatch, si bien sí que hay un poco más de pop-disco, el punk no hace ningún acto de presencia para todos los caminos que comparten la distopía ficticia y la crítica social en la vida real. Bandersnatch juega a ser un cardiograma de alguien en peligro, dándote picos muy altos en los momentos más jodidos de paranoia, como es cuando el personaje protagonista se encierra a escribir y su colega le recomenda discos, cualquiera de las dos opciones que seleccione el espectador, tanto el album Phaedra de Tangerine Dream como The Bermuda Triangle de Isao Tomita te ayudan a sintetizar con la situación del personaje hasta ponerte en su lugar y perder tu propia noción del mundo más allá. Y no, no es una forma de hablar.

Portada del vinilo “The Bermuda Triangle”, seleccionable en la película
Portada del vinilo “The Bermuda Triangle”, seleccionable en la película

 

Hace años, una cadena de “juegos” se popularizaron en Internet, en ellos, adolescentes de todas las nacionalidades se metían en su edad el pavo por tontear, bromear con sus amigos, y otros tantos sinsentidos que en el fondo no eran más que una excusa para justificar una curiosidad. Esa curiosidad, aunque explicable, no fue para nada entendible, ya que supuso varios operativos policiales, cibernéticos y terapias psicológicas a una cifra que nunca ha llegado a aclararse del todo dado la multitud de “juegos”, países y épocas que han afectado. Uno de los más populares era el de la Ballena Blanca, que consistía básicamente en contactar por medio de redes sociales con perfiles dedicados exclusivamente a eso y cuya finalidad era lograr que el contactante se sometiera a la voluntad del “guía de juego” mediante estudiadas técnicas de condicionamiento extremo, tales como el chantaje; de caer totalmente en las redes de ese secuestrador mental, la vida para esos jóvenes podía convertirse en mutilaciones continuas en las que se exigía que se rajasen el brazo con un cuchillo dibujando el logo de la ballena; y por desgracia en última instancia, obligándolos a suicidarse lanzándose desde lo alto de un edificio.

El ejemplo es terriblemente macabro, pero Black Mirror no es precisamente una película Disney, en ella se pueden elegir caminos tan escabrosos como estos, siendo cierto que no se puede comparar un caso real con uno en la ficción. Al terminar de leer el último párrafo hay dos actitudes posibles, como en esos caminos de toma de decisiones:

Uno sería el pasar miedo, un miedo consciente, y es completamente normal, ya que el conocer o pensar que eso mismo es real, te pone en una situación de proximidad, pierdes toda la perspectiva y análisis en frío que puedas tener, justo como pasa con el protagonista y las dos muertes que le llevan condicionando toda su vida: la de su madre y la de su ídolo. Ahí es donde Bandersnatch ha conseguido romper la cuarta pared y donde sólo puedes querer saber más, al proyectarte en la historia como el protagonista. Ahí es donde ya ha dejado de existir por un pequeño rato una desambiguación y consumes la historia sin poder tomar perspectiva.

La otra opción sería que otro tipo de espectador tuviese una sensación enorme de rechazo y de asco. Esta opción puede darse además con algo de miedo, a lo que habría que sumar todo lo mencionado anteriormente. Pero lo indistanciable en este caso es que existe el mismo miedo en un terreno más inconsciente, y brota con una agresividad, en este caso verbal y de queja o de censura de la cinta.

Ambas sensaciones las experimenta el personaje al muy poco tiempo de escuchar esos discos, por eso Bandersnatch es un triunfo musical y psicológico, porque consigue todo un discurso mientras tú meneas la cabeza a un ritmo concreto o te imbuyes en una extraña colección de sonidos que no sabes ni con qué hacen un señor japonés y una banda indie de dj’s de la RDA.

Foto promocional de Tangerine Dream para su gira por Australia en 1975 (Edgar Froese, Chris Franke y Michael Hoening de izquierda a derecha)
Foto promocional de Tangerine Dream para su gira por Australia en 1975 (Edgar Froese, Chris Franke y Michael Hoening de izquierda a derecha)

 

Evidentemente también es una maravilla escuchar a Depeche Mode siempre, pero eso no es nada en lo que debamos indagar para saberlo.

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2 thoughts on “Artículo interactivo sobre Black Mirror: Bandersnatch. La ambientación musical de Bandersnatch: un viaje donde perderte

  • 30/10/2019 at 12:00 am
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    Por más que soy ochentero irredento, para mí la mejor época en la historia de la música comercial/de masas/pop/como la quieran llamar, creo que es un error usar música con fecha de caducidad si uno quiere hacer una película que no caduque.
    La música comercial está ligada a su época inseparablemente. Uno oye a los Beatles y se transporta automáticamente al Londres de los 60 o a la época hippy; escucha rock’n roll y automáticamente “viaja” a la Angloamérica de los 50 con sus tartanas de dos toneladas llenas de cromados y Billy Joe yendo al autocine con Peggy Sue; escucha jazz y se transporta a la Angloamérica de los garitos de los años 20 y 30 llenos de humo, alcohol ilegal y mujeres lanzadas…

    Todo eso está muy bien como música diegética, dentro de la película, de la narración, en una película de época donde la acción transcurre es situaciones en las que suena esa música (una escena de un concierto, otra en la que algún actor pone un disco, etc). O también si uno quiere a posta transportar al espectador a esa época, y siendo consciente de que a la siguiente generación de espectadores ya no le va a decir gran cosa (por tanto una película con fecha de caducidad). Pero es un error usarla como música extradiegética al menos de manera habitual (seguramente pueda tener un efecto narrativo válido si es de forma ocasional y justificada, pero nunca por poner música como “decoración”), la que se usa para subrayar la narración pero suena dentro las escenas de la película, la música que no oyen los personajes sino solo los espectadores, porque carga a la película de una connotación muy temporal y local. Como decía, si usas rock’n roll, la música tiene una vinculación tan fuerte con su época y su país de origen que irremediablemente va a transmitir una referencia, un “aroma” de esa época y lugar, y hay un gran riesgo de que convierta la escena en un videoclip, no en una escena cinematográfica inserta en una narrativa mayor y unitaria. Es fácil de entender: si uno ilustrara una escena con una jota aragonesa o un reel irlandés, o música árabe, no hay forma humana de que la escena no mande un mensaje de que algo tiene que ver lo que pasa con el Aragón popular, Irlanda, etc.
    Por eso la mayoría de las buenas bandas sonoras no suelen incluir música tan local y temporal para la música extradiegética sino música basada en los lenguajes compositivos de la música artística, principalmente la clásica y romántica, o, las bb.ss más arriesgadas, el de la música vanguardista de principios del siglo XX, atonalismo, dodecafonismo, etc, porque es un lenguaje que ha pasado a ser atemporal y “anacional”. Un chino no escucha música de orquesta sinfónica y piensa “Ah, mira esta película debe de ir de Europa” porque la tradición artística musical europea ha renunciado a los sonidos más “nacionales”, o mejor dicho, ha recogido tantos estilos y escuelas nacionales desde la Edad Media que han quedado todos integrados en el lenguaje musical “estándar” de cada época y se ha hecho internacional al punto de que los compositores chinos usan ese lenguaje más o menos adaptado a cierta identidad nacional, pero poco, nadie escucha música de Beethoven piensa “Ah, mira qué alemán suena esto”, o escucha música de Takemitsu y piensa “Vaya, no hay duda de que esta música es japonesa”. Hablo de la música que más ha influido en los compositores de múscia cinematográfica, por supuesto hay música sinfónica indudablemente nacional, como la de Manuel de Falla o la de Aaron Copland, pero esos lenguajes tampoco se usan en el cine (más que para los westerns clásicos, en el caso del lenguaje de Copland, precisamente por su carácter tan norteamericano).
    Además hay que tener en cuenta la naturaleza irremediable y voluntariamente banal de la música pop. La sencillez sin complejos, la frescura despreocupada (“Es sólo rock’n roll, pero me gusta”, redordáis?), la repetitividad de temas y ritmos, las letras sin pretensiones hablando de lo que ya se ha dicho desde hace siglos, etc, no pueden ilustrar una cinta que tenga una cierta ambición artística, una cierta ambición de contar algo medianamente importante.

    Así que yo creo que es una “mala” banda sonora, no porque la música sea mala en su género, que es evidente que no, sino porque la música no está bien utilizada, nunca debería haberse usado como música extradiegética, y las escenas quedan reducidas a videoclips, rompiendo la unidad narrativa de la película. Pasa algo con el cine de Tarantino, director sobrevalorado donde los haya, que comete siempre el error de poner como banda sonora la música que le mola, que suele molar y bastante, eso no lo discuto, sin entender que no está haciendo una “playlist” con una historia en imágenes de fondo sino una obra unitaria en la que la música debería contar la historia que está contando la imagen y los diálogos. En ese estilo de cine me parece mucho mejor en este aspecto Park Chan-wook. Películas como Oldboy usan una banda sonora en la que hay leitmotivs asociados a personajes, estados psicológicos, etc, en definitiva a “renarrar” la historia, no a sonar notas porque sí, porque me molan, auqnue no tengan ninguna coherencia con la narración.

    En fin, vaya parrafada que me ha salido. Sorry. Pero estaría bien que empezásemos a respetar el trabajo del compositor de cine porque la banda sonora es un elemento mucho más importante de lo que parece, y o se usa bien, o mejor no usarla, como hacían los del movimiento Dogma 95, que sólo aceptaban música diegética. Usar el cine como excusa para que la gente escuche la música que le gusta al director es una verdadera cagada artística.

    Saludos.

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    • 30/10/2019 at 12:03 am
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      Me comí una palabra. En “la que se usa para subrayar la narración pero suena dentro las escenas de la película” quería decir “la que se usa para subrayar la narración pero NO suena dentro las escenas de la película”

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