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Reseña de la película del director rumano Radu Jude, Kontinental 25, una mordaz comedia negra, donde Transilvania revela sus verdaderos vampiros: los que hoy especulan con pisos y promueven movimientos de extrema derecha
Por Marina Moyano | 25/10/2026
En la ciudad de Transilvania llamada Cluj-Napoca, en el noroeste de Rumanía, y bien cerquita de la Piata Unirii (Plaza de la Unidad), de la estatua de Matias Corvino, aquel noble que reinó en Hungría a finales del siglo XV, y de la Iglesia católica de San Miguel, cuyos muros góticos contienen a los fieles que escuchan la santa misa en húngaro cada mañana, una empresa alemana ha conseguido, por medios no del todo legales, comprar una antigua casa con el fin de demolerla y construir un pequeño “hotel boutique”.
Orsolya (Eszter Tompa), una funcionaria menor del juzgado de la Municipalidad, tiene por deber asegurar el traspaso de la propiedad del antiguo dueño a la empresa compradora. En dicha casa, bajo tierra, donde se encuentra el sótano, escondido de la vista de todos y donde no entra ni un solo rayo de luz, un señor, ya mayor y desempleado, Ion (Gabriel Spahiu), ha armado su vivienda.
Orsolya, es una mujer nacida en el seno de una familia húngara de Transilvania. Adoptó la religión de su esposo, Vlad, que, como la mayoría de los rumanos, es un cristiano ortodoxo, para poder casarse con él y formar su familia. Orsolya había conseguido que la empresa demorara el inicio de la construcción con el fin de que Ion pudiera conseguir un lugar alternativo donde ir a vivir. Había buscado un refugio donde llevar al anciano, para que no quedara en el desamparo de la calle, y junto con ello, había buscado un camión para ayudarle a llevar sus pertenencias con él. Pero la noticia fue un golpe de knock out para el abatido Ion, quien decidió quitarse la vida antes de abandonar su hogar.
Orsolya había procedido como la ley le indicaba, le dicen su jefe, su esposo y su madre. El sacerdote busca contenerla, y emite juicio contra el pobre Ion con un: “nadie tiene derecho a quitar u otorgar la vida, más que Dios”. Pero Orsolya, siente la muerte del señor, sobre sus hombros y sobre su corazón. Los días que siguen al suicidio son una tormenta. Decide abandonar los planes de vacaciones con su familia, y quedarse sola en la ciudad. Tiene mucho que pensar y la tristeza no le deja un solo espacio de tranquilidad. A medida que los días pasan, la respuesta irá apareciendo, de la mano de los encuentros con su amiga rumana Dorina, su madre Orsolya, su alumno Fred y el padre Serban. Y acompañando a Orsolya, quienes estamos sentados frente a la pantalla, nos sentimos interpelados y somos convocados a reflexionar.
El filme del director rumano Radu Jude, con guión del propio director, es una obra artística, que no solamente nos acerca a conocer como es la vida contemporánea en Rumanía, como están construidas sus ciudades y cómo se desarrolla la vida en ellas; sino que además, comporta una dardo a nuestras propias conciencias. Es una invitación a volver a verla, y si es posible en compañía, para pensar y debatir acerca de la sociedad en la que vivimos, acerca de nuestros valores como humanidad.
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