Frente a los mamporreros de la patronal: ‘prioridad de clase’

Caer en la trampa de la ‘prioridad nacional’ solo sirve para que la derecha gane votos con el miedo y la xenofobia mientras la patronal sigue mandando.

Por David Hurtado | 5/05/2026

En las últimas semanas, PP y VOX han elevado la llamada “prioridad nacional” a bandera política. Con ella pretenden justificar políticas que discriminan a la población inmigrante, presentándola como una amenaza para los “de aquí”. Pero esta retórica no es más que una cortina de humo. Frente a esa supuesta prioridad nacional, lo que hay que defender es la prioridad de clase: los intereses comunes de la clase trabajadora, sea cual sea su origen, su pasaporte o el color de su piel.

La derecha ha construido un relato simplista: los inmigrantes quitan puestos de trabajo, colapsan los servicios públicos y erosionan la identidad nacional. Con esa excusa proponen recortar ayudas, negar acceso a vivienda social o limitar prestaciones a quienes no han nacido en España. Es la trampa clásica del divide y vencerás. Mientras los trabajadores españoles e inmigrantes se pelean por las migajas, la patronal se frota las manos. Porque, curiosamente, estos mismos empresarios que gritan “España primero” son los que llevan décadas exigiendo mano de obra barata y desregulada.

Una cosa es defender un modelo migratorio planificado, ordenado y vinculado a las necesidades reales de la economía y la sociedad. Eso implica fijar cupos, exigir formación, garantizar integración lingüística y cultural, y evitar la llegada masiva e incontrolada que genera guetos y competencia desleal en los salarios más bajos. Eso es responsabilidad de un Estado soberano y progresista. Otra cosa muy distinta —y reaccionaria— es negar derechos básicos a quienes ya están aquí, trabajando, pagando impuestos y contribuyendo al país. Convertirlos en ciudadanos de segunda categoría no resuelve ningún problema estructural; solo genera más precariedad y más división.

Los trabajadores inmigrantes no son el enemigo. Comparten los mismos problemas: salarios de miseria, contratos basura, alquileres imposibles, colas en urgencias y pensiones que no llegan. La patronal —esa que financia a la derecha y a la que PP y VOX protegen con uñas y dientes— lo sabe perfectamente. Por eso siempre ha impulsado la inmigración descontrolada: para tener un ejército de reserva que presione a la baja los salarios y debilite la negociación colectiva. Cuando la CEOE pide más mano de obra extranjera, lo hace por puro interés de clase. Y cuando luego PP y VOX convierten esa inmigración en un problema “nacional”, lo hacen para desviar la atención del verdadero culpable: el modelo económico que precariza a todos.

Defender la prioridad de clase significa rechazar cualquier forma de discriminación por origen. Significa exigir que los recursos públicos —vivienda, sanidad, educación, prestaciones— se distribuyan según la necesidad. Significa luchar por subir los salarios mínimos y por fortalecer la inspección laboral. Significa reconocer que la explotación no tiene nacionalidad.

Caer en la trampa de la “prioridad nacional” solo sirve para que la derecha gane votos con el miedo y la xenofobia mientras la patronal sigue mandando. Los trabajadores no tenemos nada que ganar enfrentándonos entre nosotros. La unidad de clase es la única herramienta que históricamente ha conseguido conquistas reales: el derecho a la huelga, la jornada de ocho horas, las vacaciones pagadas o el sistema público de pensiones. Esa unidad no se construye excluyendo a nadie que venda su fuerza de trabajo por un salario; se construye reconociendo que todos somos víctimas del mismo sistema.

Por eso, frente a la demagogia de PP y VOX, la izquierda debe ser clara: no hay ciudadanos de primera ni de segunda. Hay trabajadores y hay patrones. Y los intereses de los primeros están por encima de cualquier bandera o pasaporte. La prioridad de clase no es una consigna vacía; es la única forma de construir una España justa, solidaria y soberana, donde nadie sea utilizado como herramienta para recortar los derechos de nadie.

Es hora de dejar de picar el anzuelo de la derecha y volver a poner en el centro lo que nunca debió salir de él: la defensa de la clase trabajadora, sin excepciones.

2 Comments

  1. Un medio marxista-leninista no puede morrearse con la masonería como hacéis vosotros.

    Montagut es un burgués que merece como masón y burgués el desprecio. No como persona, pero sí como masón y burgués capitalista.

    En el marxismo-leninismo, la masonería no tiene cabida. El Gran Arquitecto del Universo que une a los masones es contrario a la dialéctica marxista y la pelea de opuestos. A no ser como están comentando en las redes sociales que este medio haya inventado el marxismo esotérico.

    Si es así, ya sois los sucesores del trotskista Posadas y sus OVNIS o de Santiago Alba, quien estuvo en sectas gnósticas y rosacruces de joven con otro autor de un libro suyo.

    El respeto se gana con la coherencia. No con masones o escribiendo más o menos bien en gallego.

  2. Cuando es revolucionaria, la clase desposeída lucha por acabar con la existencia de todas las clases, aunque a menudo los líderes izquierdistas de la revuelta intentan canalizar la lucha de clases y recuperarla para fines capitalistas con el fin de hacerse con el poder sobre los demás y situarse en una posición que les permita beneficiarse materialmente. Para los verdaderos revolucionarios, aquellos que realmente intentan acabar con el dominio del Estado, el capitalismo y todas las relaciones mercantiles, la disciplina del trabajo, el patriarcado y el régimen sociotecnológico sobre la vida, el objetivo es la autodestrucción del proletariado/los desposeídos como clase, y no que una clase (los desposeídos/el proletariado) ocupe la posición de otra clase (la clase capitalista o dominante).
    Salud y anarquia

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