Estas movilizaciones que comienzan a tomar forma no nacen del presente, sino de una sedimentación histórica que define una de las constantes de la izquierda española.
Pedro Sánchez es un trilero consumado: con una mano nos vende ‘neutralidad’ y ‘diplomacia de paz’, y con la otra mantiene intacto el entramado que nos ata de pies y manos a la estrategia global de EE.UU.
La verdad es que esta medida es un lavado de cara, un gesto superficial para aparentar independencia mientras se mantiene la sumisión estructural a los intereses estadounidenses.