España tiene un alarmante registro de muertes y bajas vinculadas a la explotación laboral

La explotación laboral no solo genera bajas; también mata. Y el modo de producción capitalista es una máquina de exprimir trabajadores.

Por Ricardo Guerrero | 1/05/2026

En los últimos años, España mantiene registros preocupantes sobre bajas laborales y muertes de trabajadores vinculadas directamente a las condiciones de explotación laboral: ritmos intensivos, sobrecarga constante, presión de tiempo y ausencia de descanso adecuado. Lejos de ser casos aislados, estos fenómenos reflejan un modelo que prioriza la productividad sobre la salud de los trabajadores, con consecuencias devastadoras tanto para la salud mental como física. Los datos oficiales y de los sindicatos confirman la tendencia: cada vez hay más bajas y más vidas truncadas por causas directamente relacionadas con el estrés laboral.

Bajas laborales por salud mental: un récord que no para de crecer

Los trastornos mentales y del comportamiento se han consolidado como la segunda causa de incapacidad temporal en España, solo por detrás de los problemas musculoesqueléticos. Según datos del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), en 2024 se registraron 671.618 bajas laborales por estas causas, la cifra más alta desde que se tienen registros comparables (2016). Esto supone un aumento del 136 % respecto a las 283.999 de 2016.

En los siete primeros meses de 2025 ya se habían contabilizado 420.783 procesos de incapacidad temporal por trastornos mentales. Solo una mínima parte —708 en ese periodo— se reconocen como contingencias profesionales, lo que evidencia una infradeclaración masiva del origen laboral de estos problemas.

El INSST alerta de incrementos explosivos entre 2018 y 2024: las bajas por síntomas emocionales crecieron casi un 490 %, los diagnósticos de estrés grave un 230 % y los trastornos de ansiedad un 120 %. Encuestas europeas como la OSH Pulse 2025 revelan que el 49 % de los trabajadores españoles sufren presión de tiempo severa o sobrecarga de trabajo. A esto se suma la falta de autonomía sobre el ritmo laboral (20 %), mala comunicación interna y acoso, factores que directamente derivan de la explotación: jornadas intensivas, falta de desconexión digital y ausencia de descansos reales.

Infartos, ictus y accidentes mortales: el precio en vidas humanas

La explotación laboral no solo genera bajas; también mata. Los datos del Ministerio de Trabajo y Economía Social correspondientes a 2025 registran 735 muertes por accidentes laborales, de las cuales 584 ocurrieron en jornada laboral. Aunque el total de fallecimientos descendió ligeramente respecto a 2024, la principal causa sigue siendo abrumadora: infartos, derrames cerebrales y otras causas naturales provocaron 251 muertes durante la jornada laboral, representando cerca del 41 % del total de fallecimientos en el trabajo.

El INSST lleva años advirtiendo que infartos y ictus están detrás de casi la mitad de las muertes ocurridas en el puesto de trabajo. Estos eventos cardiovasculares están estrechamente vinculados al estrés crónico, la sobrecarga mental y física, los ritmos imposibles y la falta de descanso. La presión constante eleva el riesgo de patologías cardiovasculares, especialmente en sectores con alta exigencia (construcción, servicios, industria) donde los trabajadores acumulan horas extras, turnos irregulares o trabajo en solitario sin apoyo inmediato.

Además, los accidentes trágicos por sobreesfuerzos, caídas o aplastamientos siguen sumando víctimas, muchas veces agravados por el cansancio acumulado derivado de la falta de pausas y recuperación. En 2025 se registraron también 620.386 accidentes con baja, con un coste humano inaceptable.

Un problema estructural que exige respuestas urgentes

Los sindicatos denuncian que este aumento no es casual: responde al modo de producción capitalista donde la precariedad, la temporalidad y la intensificación del trabajo se imponen como norma. La tendencia al alza en bajas por estrés y en muertes cardiovasculares viene de lejos y se ha acelerado con la digitalización y la exigencia de productividad constante.

Expertos y organismos como el INSST insisten en la necesidad de reconocer los trastornos mentales como enfermedades profesionales y de reforzar la prevención de riesgos psicosociales. Medidas como reducir la jornada real, garantizar el derecho a la desconexión, mejorar la vigilancia de la salud laboral y combatir la infradeclaración de contingencias profesionales son urgentes.

Mientras tanto, miles de trabajadores pagan con su salud —y con su vida— el coste de un sistema que los exprime. La explotación laboral es una emergencia sanitaria y social que España ya no puede ignorar.

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