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El Gobierno aprobó recientemente un paquete de ayudas por valor de 14.100 millones de euros en préstamos y ayudas directas para mitigar el impacto de los aranceles anunciados por Trump.
Por Ricardo Guerrero | 10/04/2025
En una entrevista en Radio Nacional de España (RNE) este 9 de abril, Antonio Garamendi, presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), ha desatado la polémica al defender que las empresas afectadas por los aranceles impuestos por la administración Trump que reciban ayudas públicas puedan despedir a trabajadores.
Garamendi argumentó que los aranceles, que han golpeado especialmente a sectores como la agricultura, el automóvil y el vino, generan una ‘caída de pedidos importante’ que obliga a las empresas a replantearse su estructura. ‘Muchas empresas tendrán que ver cómo ajustan o cómo gestionan una caída de pedidos importante. Está bien que se ayude, pero habrá que mirarlo un poco más con la lupa’, señaló en RNE. Para el líder de la patronal, la posibilidad de recortar plantilla es una herramienta legítima ante un escenario de incertidumbre prolongada, especialmente si los gravámenes se convierten en una medida estructural y no temporal.
El Gobierno de coalición PSOE-Sumar aprobó recientemente un paquete de ayudas por valor de 14.100 millones de euros en préstamos y ayudas directas para mitigar el impacto de los aranceles anunciados por Trump. Sin embargo, esta estrategia del ejecutivo de inyectar dinero público en las empresas sin exigir contrapartidas claras en materia de empleo y condiciones laborales conlleva siempre abusos. La patronal, que constantemente se llena la boca de ser defensora del libre mercado, es la primera en demandar la intervención estatal en contextos de crisis.
Las ayudas públicas deben ir acompañadas de una participación estatal en los consejos de administración de las empresas beneficiadas. Esta medida permitiría un control público sobre las decisiones estratégicas de las compañías, además de generar beneficios que podrían revertirse en las arcas públicas y destinarse a sectores sociales. Si el Estado pone dinero, debería tener voz y voto, y los beneficios deberían retornar a la sociedad.
Sin embargo, el Gobierno se limita a satisfacer las demandas de la empresa privada sin ir más allá. La coalición PSOE-Sumar carece de una visión transformadora y se conforma con un enfoque asistencialista que no aborda las raíces del problema ni establece compromisos firmes por parte de las empresas.
Las declaraciones de Garamendi en RNE ponen de nuevo sobre la mesa, igual como ocurrió con la pandemia, el debate sobre cuál es el papel que debería tener el Estado en la economía y las condiciones bajo las cuales debería intervenir. ¿Debe el Gobierno limitarse a ser un salvavidas temporal o apostar por un modelo de intervención más directa?
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