Entrevistamos a Adriana Royo, autora del libro Falos y Falacias: “El concepto libertad hoy en día está bastante confundido”

Antonio Moreno 3/9/2018 barcelona Cataluña.PARA LA CONTRA entrevista a Adriana Royo en Barcelona.Foto:Antonio Moreno

Por Daniel Seixo

Entrevistamos a Adriana Royo, autora del libro Falos y Falacias de Arpa Editores. Con ella hablamos sobre la utilidad del Satisfyer Pro 2, el sexo rápido, las relaciones poliamorosas o una sociedad que cada día tiene más temor a mostrarse como es ante los demás, a amar.

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El Satisfyer Pro 2 promete orgasmos en 1 minuto, ¿supone realmente esto un avance para la sexualidad de la mujer?

Todo depende de cómo se use. De todas formas, hablamos que es un orgasmo centrado en el clítoris.

Han venido a consulta varias mujeres muy jóvenes debido a un problema de dificultad para alcanzar el orgasmo con sus parejas y que curiosamente utilizaban el Satisfyer casi a diario.

Al usarlo tan habitualmente pasaban varias cosas: 1, conseguían con dificultad tener un orgasmo sin el aparato, 2, cuando querían masturbarse difícilmente conseguían excitarse lo suficiente y 3, los orgasmos se volvían bastante irrisorios comparados con los del satisfyer. En estos casos hablamos de cierto punto de adicción.

Muchas mujeres cuentan que no necesitan siquiera estar excitadas ni tener deseo, ni fantasear con nada para tener un orgasmo en menos de un minuto. Es algo mecánico, fácil, rápido cómodo y eficaz. El cuerpo y el cerebro están en constante aprendizaje, lo que lleves a tu cerebro y a tu cuerpo te moldea. Por otro lado, en el caso de pacientes mujeres con la menopausia, con la libido baja, o con dificultad de llegar al orgasmo ayuda muchísimo.

O en mujeres que lo usan de vez en cuando y experimentan nuevas formas de su sexualidad. Como siempre, todo depende de cómo se use.

De todas formas, aunque la mujer pueda escoger cuándo y cómo tener un orgasmo, y efectivamente es un gran cambio con respecto a la represión, ignorancia y prohibición a las que se sometían las mujeres de antaño, por otro lado, nos vamos al lado contrario. La persecución del orgasmo sí o sí, la descarga, la explosión. Seguimos sin detenernos en el medio, en la relación, el vínculo, el proceso. Vamos directamente a los resultados. En ese aspecto no sé si es evolución. Por un lado, es un gran avance y por otro, se utiliza como forma de control a un consumidor. En cierto modo se nos prepara para la robotización. Para que un día nos veamos comprando un novio robot y no nos parezca raro. Tenemos a mano el móvil a todas horas, casi como una extensión de nosotros mismos. La tecnología se filtra, y a pesar de tener aspectos sumamente enriquecedores y liberadores, también acabamos dependiendo de ellos y volviéndonos adictos. Creo que es un avance y un retroceso a la vez.

Tras la comida rápida y el entretenimiento rápido, ¿ha llegado también definitivamente a nuestras vidas el sexo rápido? ¿Se ha convertido por tanto el sexo y la sexualidad en un producto?

Definitivamente se vive un sexo rápido, se consume, pero va más allá de eso. Son relaciones rápidas, matches efímeros, y “vínculos” de usar y tirar. Vemos cada vez más a los demás como posibles opciones para nuestro entretenimiento, o para nuestra ascensión social, o para rellenar nuestro vacío. Caemos como tontos en este comercio de pornografía emocional que tan bien venden las grandes empresas porque nos sentimos solos y ansiosos y porque no sabemos gestionar ese estar solos y ansiosos. Como dice la periodista Duportail, “tu soledad paga el yate de otro”.

Entre la ignorancia humana que tenemos de nosotros mismos y el hecho de no saber utilizar la tecnología, esta mezcla nos vuelve unos borregos, adictos y doblemente borregos por creemos libres. Tinder te muestra lo que quiere mostrarte dándote la ilusión de libertad, el uso de estas apps o de algunas redes sociales afecta a nuestro comportamiento y nos atonta, nos alela. Esclavos, imbéciles y adictos, y encima gritando lo libres que somos. ¡Ideal! El poder lo tienen las empresas y tú, tú eres paquetes de datos fácilmente analizable y controlable. Encima, ¡ofrecemos con alegría nuestra intimidad y datos a la grandes empresas!

Deberían pagarnos a nosotros por estar en estas apps y dejarnos succionar el alma y no al revés. Estamos perdiendo dignidad como humanos.

Muchos crecemos construyendo nuestra identidad desde la culpa o la vergüenza, desde la ocultación de ciertas partes de nosotros que consideramos mala o defectuosa

¿Cómo educar sexualmente a las nuevas generaciones?

Con transparencia, confianza y naturalidad. Aportando información que no condene ni asuste. Haciendo que cada uno pueda descubrir su propia sexualidad, no la que se supone que debería tener. Exponer y explorar las diversas presiones sociales, cómo nos pueden afectar, e investigar acerca de la cultura que vivimos. Naturalizar los tabúes, enseñar sobre pornografía, con apertura, y sobretodo enseñando las herramientas emocionales necesarias para que uno pueda construirse y gestionarse a sí mismo respetando sus límites y sus deseos. Enseñar los recursos para que cada uno pueda ir conociéndose a sí mismo e indagar sobre los propios miedos, culpas y vergüenzas. Fomentar a los jóvenes desde su potencialidad como humanos, no como futuros consumidores. Construir una sexualidad en base a la confianza y la honestidad con uno mismo, no en base a la ignorancia, el miedo, la presión o la inercia. Enseñar a valorarnos a nosotros mismos sin necesidad de tener que complacer para sentirnos valorados, por ejemplo, a través del sexo.

¿Estamos sobreestimulados sexualmente?

Sexualmente, intelectualmente, emocionalmente y espiritualmente.

¿Vivimos una afectividad y una sexualidad más vacía que nunca?

Como dice el maravilloso filósofo Lipovetsky en su magnífico ensayo “la era del vacío”, (ojo, es un ensayo escrito en 1986 y es súper actual), una hipermodernidad vacía en la que reina una indiferencia social general, la desaparición de valores éticos, un narcisismo colectivo y centrado básicamente en el consumo, donde todo es efímero y carece de una solidez conectiva. Donde hay continente pero no contenido, donde hay máscaras relacionándose entre sí pero no hay humanos compartiendo, donde hay compras por entretenimiento y hastío y no por necesidad.

En mi fantasía me gusta pensar que los humanos evolucionaríamos viviendo la sexualidad como los bonobos, que la utilizan como vía para promover la cooperación y forjar vínculos de afectos y redes afectivas para ayudarse mutuamente, más que como una forma de posesión y logro. No sé si sería peor, es sólo una fantasía que pienso a veces.

Vemos cada vez más a los demás como posibles opciones para nuestro entretenimiento, o para nuestra ascensión social, o para rellenar nuestro vacío

¿Nos comunicamos adecuadamente con nuestras parejas sexuales a la hora de tener sexo?

En general nos asusta tener este tipo de conversaciones, ya que pueden provocar conflictos, desacuerdos y tensiones. Pero lo cierto es que muchas veces las tensiones y los conflictos vienen fruto de la falta de comunicación. Lo que pasa es que no aterra exponernos y arriesgaros a no saber cómo le sentará al otro. Tenemos que aprender a comunicar con honestidad lo que sentimos y dar cabida a lo que siente nuestra pareja. El problema es que en estas conversaciones suelen salir heridas infantiles de las que no somos conscientes y nuestras parejas nos sirven de espejo de esas heridas. En estar conversaciones suele salir el niño herido y suele ser el que crea la pataleta posterior y el que condena y juzga al otro por no ser como el niño quiere que su pareja sea. Son comportamientos que salen de lo más primitivo de uno. Sería muy provechoso que cada miembro de la pareja explorara sus angustias, tensiones, rabias, miedos y vergüenzas tempranas y de qué forma la pareja las gatilla en nosotros. Así nos ahorramos culpas, exigencias, juicios y castigos y podemos responsabilizarnos de nuestro dolor para comunicarlo a nuestra pareja y tomar decisiones desde ahí, no desde la pataleta. Difícil pero fructífero.

¿Follamos peor de lo que pensamos?

La verdad es que nuestra capacidad de autoengaño es infinita. Cada uno que se pregunte qué opina acerca de sí mismo.

¿Nos aterra actualmente arriesgarnos a amar?

Tenemos pánico a la posición en la que nos pone el amor: la vulnerabilidad.

Cuando somos pequeños, vulnerables, impotentes y sin recursos para protegernos a nosotros mismos, muchas veces somos juzgados, castigados, criticados o asustados por el entorno debido a formas de ser y de reaccionar. Poco a poco anteponemos, de forma instintiva, cambiar lo que somos con tal de sentirnos aceptados y valorados por los demás. Es decir, antes decidiremos castrar una parte auténtica de nosotros con tal de tener la seguridad del “amor”. Se trata de supervivencia. Muchos crecemos construyendo nuestra identidad desde la culpa o la vergüenza, desde la ocultación de ciertas partes de nosotros que consideramos mala o defectuosa. Nos da pánico que nos vean tal y como somos, junto con nuestras taras y desperfectos. Nuestra parte envidiosa, celosa o territorial. Nuestras partes más perversas, débiles o incompetentes. Nos aterra hasta el punto que nuestros mecanismos de defensa funcionan automáticos sin que nos demos cuenta. Son mecanismos muy eficaces que nos ayudan a no ponernos en contacto con esa parte que consideramos “oscura”. Como si una parte de nosotros nos avergonzara. Nos ocultarnos de nosotros mismos para evitar el rechazo del otro, ¿es curioso verdad? Nos rechazamos a nosotros para evitar el rechazo del otro.

Por lo que amar implicar arriesgarnos a atravesar nuestra propia vergüenza, nuestro propio miedo. Ahí está el amor, justo ahí detrás. El amor está en amar lo que nos duele de nosotros mismos.

Por otro lado, es muy importante que diga que muchas veces también utilizamos el ideal amor romántico como forma de huir de nosotros. Usamos el amor para huir de nuestras heridas, de nuestros dolores del pasado. La mejor forma de evitar ponernos en contacto con nuestros miedos es perdiéndonos en relaciones dramáticas. El mejor entretenimiento para no investigar los verdaderos miedos en uno.

Preguntas si nos aterra amar, pues que cada uno se conteste. Preguntémonos: ¿Tienes miedo que se aprovechen de ti? ¿Sientes pánico de perder el amor del otro? ¿A veces tienes la sensación que no eres merecedor de amor? ¿qué tienes algo defectuoso y si el otro se enterara te dejaría? ¿Sientes la frustración de querer expresar lo que sientes pero te da miedo que te rechacen y te abandonen? ¿Te da miedo abrirte a otro y que te traicione? ¿Cuánto desconfías de los demás? ¿Hasta qué punto renuncio cada día a decir lo que pienso por miedo a que me juzguen? ¿Con cuántas personas siento que puedo realmente descansar de máscaras y mostrarme lo más genuino posible?

Poliamor, relaciones abiertas y no monogamias, ¿realmente nos hacen más libres o más maduros sexual y afectivamente?

Ser más libre y maduro sexual y afectivamente conlleva dos cosas básicas: la primera la honestidad a través del autoconocimiento con uno mismo, es decir, la conciencia de la propia miseria, de los propios miedos, pulsiones, límites y deseos. Y la segunda: la responsabilidad. Responsabilidad de lo que haces con esa miseria, esos deseos y esos límites. Da igual si es entre dos, tres, contigo mismo o en una comunidad de 60. El tema es qué sientes, qué haces con lo que sientes, y cómo lo gestionas con el otro, siendo consciente de sus consecuencias. Es muy fácil que confundamos la libertad con el egoísmo, y con el miedo a la soledad. El concepto libertad hoy en día está bastante confundido. No habrá ninguna etiqueta, ninguna corriente ni ninguna filosofía que traiga la libertad. La libertad está siempre en la búsqueda misma de la libertad, y en esa búsqueda está que nos preguntemos qué tipo de relaciones queremos tener, y qué necesitamos para estar a la altura de ese tipo de relación que buscamos. De qué me responsabilizo de esa relación. Está muy bien decir que eres libre porque eres poliamoroso, aunque de argumento pobre, me parece maravilloso, pero me lo creo sólo si esa libertad va siempre de la mano de la propia responsabilidad afectiva y emocional. La cuestión es desde dónde y cómo nos relacionamos, no con cuantos. Calidad.

Tenemos que aprender a comunicar con honestidad lo que sentimos y dar cabida a lo que siente nuestra pareja

¿Supone en muchos casos a día de hoy la transgresión sexual una máscara para evitar mostrarnos socialmente perdidos o inseguros?

Totalmente. La transgresión para mí es la ternura, la vulnerabilidad y el amor. Pero no el amor del mito romántico. Abrazar a alguien que llora en la calle que no conoces. Ayudar a tu vecino que no siempre te cae bien, apoyar a alguien que aunque no te caiga muy bien está sufriendo. Discutir con alguien y reflexionar sobre qué parte de responsabilidad tienes tú y no culpar siempre al otro. Abrazarnos y acariciarnos un poco más. Tocarnos. Reposar la cabeza en el hombro de un amigo y no sentiros tensos.

La transgresión ya no es ver escenas sexuales bestias en una película, o en el arte, o en un concierto mismo de Miley Cyrus, ni en hablar de sexualidad en el metro. El papel del transgresor hoy, es mera máscara. El riesgo está en ser vulnerable, no en postear una foto erótico festiva en Instagram, no en ser poliamoroso ni en aparentar ser moderno y estar por encima de los condicionamientos sexuales. De una u otra forma, en las ciudades somos esclavos y en cuanto a ser esclavos de la imagen, somos esclavos también comprando la imagen que nos venden. Eso no puede ser transgresor. El papel de la transgresora de turno también está cogido. La transgresión ahora es la conexión con uno mismo y con el otro.

¿Más sexo o más variedad supone indiscutiblemente mejor sexo?

Creemos que cuanto más tenemos para escoger en la estantería del supermercado de carne más libres somos, cuando precisamente es al contrario, más condicionados estamos a escoger y a vernos abocados a la ansiedad de la novedad, al síndrome de la habitación de al lado, y a la depresión. Eso no es libertad, es una forma de esclavitud más. No hay más calidad porque haya más cantidad.

¿Goza de un buen estado de forma nuestra salud emocional y sexual como especie?

No sé cuál sería un buen estado de salud emocional y sexual. Para cada persona quizás en un mundo distinto. Lo que sí es que falta mucha cooperación entre unos y otros, fala escucha y falta empatía.

No sé cómo sería un momento en que la sociedad goce de un buen estado emocional. Creo que es una utopía. ¿En qué momento de la historia la sociedad ha gozado de salud emocional? ¿Dinamarca?, ¿Noruega?, ¿Bután? Habrá que irse para allá.

¿Qué disfunciones sexuales son más habituales en nuestra sociedad?

Las disfunciones sexuales son las de siempre. Me interesan más las disfunciones emocionales a día de hoy. Disfunciones emocionales que, por supuesto repercuten en la sexualidad, en las relaciones íntimas y laborales.

La soledad, el vacío, la incomprensión. La falta de empatía, el querer evitar el dolor a toda costa. La falta de escucha, de apoyo y colaboración. La inseguridad y la culpa. La decadencia de los valores éticos. El aislamiento, la ansiedad y la depresión como estado anímico adaptativo dentro de las ciudades.

La cuestión es desde dónde y cómo nos relacionamos, no con cuantos

¿Cómo es posible que a día de hoy tengamos que seguir insistiendo en que en el sexo debe mediar el consentimiento?

Bueno, la eterna lucha del hombre para establecer límites. Cómo establecemos los límites es algo que me interesa mucho y que estoy estudiando para mi próximo libro. Por ejemplo, uno puede practicar masoquismo y que precisamente le excite que vulneren sus límites, pero todo estará dentro de un consentimiento mutuo. Otro caso es que a alguien le excite ver o infringir el dolor a otro que no está disfrutando y que no consiente. En ese caso, suele haber experiencias traumáticas de abuso que la persona ha vivido en su infancia, y la única manera de librarse de todo ese contenido psíquico doloroso y que está reprimido, es haciendo lo que una vez le hicieron a él. El sexo es una de las vías de escape más potentes de todo lo reprimido. Si todavía nos planteamos que el sexo debe ser consentido significa que hay mucha represión, mucha culpa y dolor infantil que canalizamos a través de la violencia sexual.

¿Sufren en mayor medida las mujeres las consecuencias de una sexualidad mal entendida?

Creo que sufrimos ambos. Los hombres también están sometidos a los condicionamientos que impone la educación, la sociedad y la cultura en el capitalismo y el tecnocapitalismo, capitalismo digital o como quieran llamarlo. Pero sí creo que lo han tenido generalmente más fácil. Aunque en ellos también, en nosotras recae muchísima presión física y estética, y más en estos tiempos de la imagen que vivimos. Muchísimas pacientes que acuden a consulta, que por cierto, son preciosas y maravillosas, se odian a sí mismas, se autoboicotean y se juzgan muchísimo por no alcanzar el ideal social de lo que representa que es ser mujer potente y poderosa, que está buena, y encima es exitosa, y libre y genuina y dueña de sí. Que puede ser madre, esposa, amante, amiga y trabajadora fiel y siempre con una sonrisa y sacando tiempo para ir al gimnasio. Estamos sometidas a muchísima presión para ser estereotipos que se consumen. Vivimos la era de la seducción, los medios, las películas, los anuncios, compra, compra, consume. Parece que la seducción hueca ha pasado a comercializarse entre lo humano para que nos compremos mutuamente la nada. Relacionarse es seducción artificiosa constante. Si no tienes Instagram y no seduces con tus fotos, tu vida de postín y tus comentarios cliché, si no tienes miles de visitas y miles de corazones no existes y por lo tanto, no te mereces la atención de nadie. O seduces o mueres.

El riesgo está en ser vulnerable, no en postear una foto erótico festiva en Instagram, no en ser poliamoroso ni en aparentar ser moderno y estar por encima de los condicionamientos sexuales

¿El feminismo será revolucionario o no será? O más bien será únicamente otra pincelada para la diversidad del sistema…

No nos equivoquemos, hay un punto que la liberación de la mujer en occidente ocurre porque al capitalismo le venía bien que las mujeres se incorporaran al mercado laboral. Por un lado, vaya estrategia, y por otro, qué bien, porque son momentos de movimiento en los que también las mujeres se unen y se empoderan. Ese, fue un momento en el que por fin las mujeres lucharon por poder expresarse, ocupar puestos en política, como científicas, artistas, luchar por nuestros derechos, reivindicar el derecho sobre nuestra propia vida, sobre nuestras familias, nuestra sexualidad, y decidir por y para nosotras mismas. Ahora hay un poco de todo, hay tapadera capitalista, hay narcisismo feminista, y también hay verdadera concienciación feminista. Está todo a la vez.

¿Puede llegar a existir algo así como un porno ético o feminista?

Claro que existe, lo que pasa es que cualquier empresa pequeña que decida hacerlo lo tendrá difícil para competir con las grandes y potentes empresas mainstream. Hay varias empresas que pretenden representar una sexualidad que no se centre en la consecución del orgasmo, que no sea falocéntrica ni utilice a la mujer como mero objeto sumiso y complaciente, si no que haya pasión, empatía y una relación entre los dos sexos más allá de la perversión.

Muchas ayudan a que los demás veamos otras caras del sexo y ayuda a quitarnos de la cabeza el hecho de normalizar la violencia enmascarada de pasión y entrega en el sexo con respecto a las mujeres. Otras empresas van de feministas y no es más que mainstream enmascarado. Al capitalismo le encantan los nichos de mercado. Ah, ¿ahora hay feministas que quieren ver porno? Perfecto, hagamos porno feminista, ¡más consumidoras!

¿Para qué sirve fingir un orgasmo?

Para complacer al otro, para que nos acepten y validen, para evitar conflictos y para que el pesado o pesada de turno acabe ya.

La tecnología se filtra, y a pesar de tener aspectos sumamente enriquecedores y liberadores, también acabamos dependiendo de ellos y volviéndonos adictos

¿Nos hemos transformado todos un poco en un producto/marca personal acorralados por los tiempos de Tinder?

Dicen muchos filósofos, economistas y sociólogos, el capitalismo está muerto hace años y vivimos en el cadáver del capitalismo. Para “evolucionar” tienes que hacer de ti un producto y a la vez el consumidor que consumiría tu producto. Tienes que ser tu jefe, tu becario, tu director de cuentas, tu community manager, tu social media manager, analista digital, creador de contenidos, desarrollador y emprendedor. Ah, por cierto, y si vives y descansas un poco, todo se viene abajo.

Hace ya años que el sistema nos prepara para que nos acostumbremos y normalicemos el consumo hasta el punto de no desear el objeto de consumo, sino desear ser el que consume ese objeto. Sobrepasar los límites humanos de la frustración o la tristeza e ir más allá, todo para conseguir el sueño capitalista, la zanahoria que te promete la felicidad eterna. Todos espejismos en el desierto de la ciudad.

Ya hemos normalizado la autoexplotación y la entendemos como autonomía y libertad cuando no somos más que nuestros propios tiranos.

¿Qué hacer para empezar a follar mejor?

Los que se hacen esta pregunta siguen enredados en la telaraña. ¿Follar mejor? Mejor que quién, ¿que el actor porno, que tu amigo, que el vecino? Mejor que qué?, ¿que el satisfayer, ¿que un prostituto?

Ahí está el problema, otro más, del neoliberalismo. Tener que superar tus limitaciones, ser mejor, hacer más, destacar. Que los demás flipen. ¿Mejor? Eso significa que te comparas, contigo mismo o con otro, pero te comparas. En vez de ir hacia dentro de ti mismo y preguntarte: ¿qué me satisface, qué siento, qué me avergüenza? ¿Qué no hago que me gustaría hacer, y qué me lo impide? ¿Qué me han dicho mis amantes o parejas? Claro, es mejor que te den cuatro tips básicos de cómo dejar al otro flipando, claro, eso vende más que reflexionar solo en tu casa acerca de ti mismo.


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