En el 45 aniversario de los asesinatos de Montejurra

Por Ernesto Sarabia Alfaro / Loquesomos

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Montejurra 76, un atentado terrorista urdido por, el albacea de Franco, Juan Carlos I y ejecutado por el Gobierno. Es el primer crimen de Estado de la monarquía franquista, en el que utilizaron todas las cloacas del Estado.

Fue una operación para allanar al rey Juan Carlos I el camino hacia el trono

El complot fue organizado por los aparatos de seguridad del Estado, a través de la denominada Operación Reconquista. El general de la Guardia Civil José Antonio Sáenz de Santa María, en la fecha de los sucesos jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil y persona muy relevante durante la Transición, antes de morir, reveló que fue el propio Estado el que, ante la evolución del carlismo, trató de crear un “contrapoder” alrededor de la figura de Sixto de Borbón, por medio del servicio de inteligencia SECED, creado por el almirante Carrero Blanco (sustituido en 1977 por el CESID, actual CNI), y de la Guardia Civil (de acuerdo con el testimonio del general Sáenz de Santa María, el director de la Guardia Civil le habría manifestado que el plan era conocido y aprobado por el Vicepresidente del Gobierno y ministro de Gobernación (cargo equivalente al actual de Interior) Manuel Fraga y por el presidente Arias Navarro.

Además de altos cargos de los cuerpos de seguridad del Estado, como el general Ángel Campano, director de la Guardia Civil (en cuyo despacho se gestó la operación), y el general Salvador Bujanda, subdirector general del mismo cuerpo, en la conspiración estuvieron implicados también Antonio María de Oriol y Urquijo, entonces presidente del Consejo de Estado, Juan María de Araluce, presidente de la Diputación Provincial de Guipúzcoa, y José Ruiz de Gordoa, gobernador civil de Navarra.

Por su parte, el general Sáenz de Santamaría, quien era en la fecha de los sucesos jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, afirmó que el SECED había facilitado a los mercenarios extranjeros gran cantidad de bastones y cachabos para agredir a los carlistas y que «la financiación de la operación corrió a cargo de señor Oriol Urquijo».

Para reforzar el golpe se organizó un operativo que no solo llevó a miembros de la facción minoritaria ultraderechista del carlismo, Comunión Tradicionalista, de toda España, sino también a elementos de Guerrilleros de Cristo Rey, falangistas, militantes de Unión Nacional Española (UNE) el partido de Fernández de la Mora, partido clave para la ‘Operación Reconquista’, Unión Nacional Española (UNE) que sería uno de los siete partidos fundadores de Alianza Popular (actualmente Partido Popular). Fue el partido que eligieron Mariano Rajoy o Loyola de Palacio para iniciarse en política, y un comando integrado por más de 20 mercenarios italianos y argentinos de ideología ultra (entre los que se encontraba también el francés Jean Pierre Cherid, posteriormente miembro de los GAL, ver libro “CHERID. Un sicario en las cloacas del Estado” acudieran a la romería y atacaran a los participantes en ella. Los mercenarios fueron pagados por agentes del SECED o por dirigentes de los Guerrilleros de Cristo Rey que los habían contratado. Unos días antes, el gobernador civil de Navarra, José Ruiz de Gordoa, reservó 20 habitaciones en el hotel Irache de Estella, para que se alojaran Sixto de Borbón y su escolta.

Esos crímenes se ejecutaron en presencia y con la colaboración de las fuerzas de seguridad, sin que fueran detenidos los autores ni requisadas las armas empleadas. Estos actos terroristas han sido relacionados con la Operación Gladio y con la trama de terrorismo de Estado que posteriormente originaría los GAL. Rodolfo Eduardo Almirón, exmiembro de la Triple A argentina que posteriormente sería jefe de seguridad de Alianza Popular y guardaespaldas personal de Manuel Fraga durante los últimos años de la década de los 70 y primeros años de la década de los 80, y Stefano Delle Chiaie, terrorista de ultraderecha italiano con vínculos con la organización clandestina de inteligencia y operaciones armadas o redes stay-behind (quedar detrás) GLADIO, estaban presentes en Montejurra este día.

Versión de los testigos

Carlos Hugo  repitió: «No perdamos la serenidad. Subir junto a gente armada me parece absurdo. Que alguien vaya a ver cómo está el cerro». No hubo que esperar mucho, pronto los primeros testigos, relataron los hechos. Un centenar de partidarios de Carlos Hugo  había llegado hasta la cima sobre las diez de la mañana. El cerro estaba tomado por jóvenes con barras de hierro, pistolas y ametralladora. No dejaban acercarse a la gruta donde estaban Sixto Enrique y medio centenar de partidarios. Durante bastante tiempo se intentó un diálogo. Un carlista de setenta y tres años, Jacinto Masfiera, de Cataluña, era el que más discutía con los partidarios de Sixto. «No podéis pasar hasta que llegue el Vía Crucis, les repitieron una y otra vez. La niebla cubría la cima de Montejurra. Por el altavoz se anuncia la proclama de Sixto Enrique. Los gritos de «Carlos Hugo, libertad» han sido acallados por los disparos. Un sacerdote dio la absolución al cuerpo, ya sin vida, de Ricardo García Pellejero. Junto a la cueva, Sixto Enrique, delgado, muy pálido, con gabardina larga cruzada, ruega a los informadores que han llegado hasta él que no le hagan fotografías. «En estos momentos dramáticos no quiero hablar». Son sus únicas palabras. Por la ladera contraria a donde están los partidarios de Carlos Hugo desaparece su hermano y los seguidores de esta facción del carlismo. En el cerro quedan restos de comida y un cesto con pan. Casquillos de balas y una caja de cartón con la inscripción: Pirotecnia militar. 25 cartuchos-9mm para subfusil ametrallador Smmaisser y pistola Parabellum. Se asegura que en la mañana del pasado viernes había acampado en este lugar un grupo de Sixto Enrique. Varios partidarios de Hugo Carlos subieron el sábado y les fue advertido que no apareciesen por allí el domingo. Los preparativos para el domingo no constituyeron ningún secreto y algunos visitantes a la cafetería del Hostal de Irache -donde llevaba varios días Sixto Enrique- escucharon conversaciones sobre el armamento y la vigilancia que se tenía para proteger durante la noche a Sixto Enrique.

Montejurra 76. ¿Y para cuándo Justicia?

El 9 de mayo de 1976, Rodolfo Almirón participó en los asesinatos de Montejurra, pero pese a ser reconocido nunca fue encausado, al igual que Stéfano della Chiae o Jean Pîerre Cherid. Ese día también estuvieron presentes en el monte miembros de los «Guerrilleros de Cristo Rey», de Fuerza Nueva, de la Internacional Fascista Italiana o la Triple A argentina, muchos de los cuales integrarían después las filas del GAL.

La Audiencia Nacional reconoce a los asesinados en Montejurra’76 como víctimas del terrorismo.

Sentencia de la Audiencia Nacional (05/11/2003). Después de 27 años y medio, el Carlismo consigue que los asesinatos de Aniano Jiménez Santos y a Ricardo García Pellejero, sean considerados como víctimas del terrorismo por la Audiencia Nacional en sentencia de cinco de noviembre de dos mil tres, en contra de lo que años ha estado manteniendo el Ministerio del Interior. La sentencia obliga al Gobierno español a pagar 23 millones de pesetas a cada familia.

Es decir, lo que todo el pueblo sabía desde entonces, pese a que lo negaran los autores, cómplices y encubridores, ahora se consagra de manera oficial y se repara una enorme injusticia.

– Sentencia de la Audiencia Nacional (2003) Montejurra-76
– Comentarios a una sentencia reparadora (2003). José Ángel Pérez-Nievas Abascal
– Montejurra 76, desclasifiquemos la verdad

A 45 años de estos sucesos todavía permanecen bajo secreto documentos que ayudarían a entender y depurar responsabilidades tanto de personas como de elementos y fuerzas de Seguridad del Estado.

Para esclarecer todos estos hechos y poder exigir una verdadera memoria y reparación de los mismos, se hace precisa la desclasificación de todos los «asuntos, actos, documentos, informaciones, datos y objetos» existentes en la Administración del Estado, desclasificación a la que el Gobierno central, administración competente para ello, no accede.

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