Empaquetando la compasión

Por Iria Bouzas

Creo que el mundo está en guerra desde que lo pisaron los dos primeros seres humanos de la Historia. No sé si se llamaron “Adán y Eva” o “Glup y Glop” pero lo que tengo claro es que con ellos empezaron todos los problemas.

Vivimos en medio de tantos conflictos que es imposible llegar a prestarles atención a cada uno de ellos para poder entender qué está pasando, solo vemos que todas estas peleas se traducen en que nuestras vidas diarias terminan por verse rodeadas de enfado, de ira, de agresividad y de odio.

Las emociones negativas nos invaden y nuestra respuesta, un tanto infantil, es defendernos de su ataque generando aun más rabia y enfado.

El problema grande que yo veo en toda esta situación es que las emociones no vengan empaquetadas. Si lo hiciesen, podríamos incluirles advertencias del estilo de las que tienen impresas los paquetes de cigarrillos:

“El odio es adictivo. Proteja a sus seres queridos de sus efectos perjudiciales”.

“La vida es eso que se le escapa entre los dedos mientras usted está provocando dolor innecesario en los demás”.

“Esta emoción negativa contiene altas dosis de frustración y desesperación. Úsela solo en caso de emergencia y bajo la supervisión de un adulto”.

Desde siempre he pensado que me gustaría tener una fábrica o un taller de artesanía. Me produce mucha satisfacción la idea de crear algo que después puedan utilizar otras personas para mejorar sus vidas. Así que, animada por esta fiebre institucional de empujarnos hacia el emprendimiento, me he embarcado en un nuevo proyecto empresarial.

A partir de ahora voy a fabricar y a vender “kits de compasión”.

Lo tengo todo pensado y creo que mi negocio puede llegar a ser un éxito sin precedentes.

Y no se crean, tengo incluso varios modelos de kit para poder atender a todas las demandas que pueda hacer el mercado.

El kit estándar es el que servirá para poder ir por la vida con la tranquilidad garantizada. El tamaño es ideal para llevar en el coche, el bolso o la mochila. Para su uso correcto es imprescindible llevarlo siempre encima y abrirlo en cuanto nos encontremos con cualquier persona que esté sufriendo.

Lo bueno de este kit son sus efectos secundarios. En el momento de su uso nos permite empatizar con la persona que sufre e intentar aliviar, o al menos no agravar, su dolor. Pero es que una vez utilizado podremos seguir sintiendo sus efectos durante un largo plazo. Nos sentiremos más a gusto con nosotros mismos. Entenderemos un poco más para qué estamos viviendo esta existencia tan dura y complicada y nuestros niveles de odio y enfado habrán disminuido drásticamente. Además, sin ningún coste adicional he añadido una característica extra tan genial como las anteriores: seremos capaces de empezar a sentir compasión por nosotros mismos y podremos empezar a perdonarnos aquello que nos está haciendo daño por dentro. Creo que este kit va a ser un éxito de ventas.

He desarrollado otros kits para completar la gama de producto que tienen las mismas propiedades pero que son para utilizar en momentos distintos.

Por un lado, está el “kit de compasión de emergencia”. Este viene en forma de caramelos de varios sabores para que podamos llevar un paquete entero encima y repartirlo entre nuestros allegados cuando las circunstancias así lo requieran. Estamos trabajando a destajo para lanzarlo antes de las fiestas navideñas y que así, las familias lo puedan tener disponible y eviten el dolor tan insoportable que supone el daño cuando proviene de los sientes que deberían cuidar de ti en vez de agredirte.

La vida es eso que se le escapa entre los dedos mientras usted está provocando dolor innecesario en los demás

El otro modelo es el kit que incluye un extra de paciencia.

A veces, es muy complicado practicar la compasión mientras los demás a tu alrededor siguen machacando y maltratando a diestro y siniestro.

En estos momentos, recomiendo firmemente el uso de este kit y si el nivel de paciencia que incluye el producto no fuese el suficiente, se pueden adquirir dosis extras de forma independiente para poder consumir según la necesidad de cada uno.

De momento ningún banco quiere financiar mi empresa.

El ICO tampoco lo ve viable y creo que por eso han dejado de atender mis llamadas.

Pero no me importa. Sé que nadie cree en mi proyecto, pero no necesito que lo hagan.

El mundo está lleno de personas en las que nadie cree, y al final, son esas personas las que llegan al final de sus días entendiendo que ellos han conseguido el mayor éxito que existe en este planeta Tierra, conseguir dar sentido a sus vidas.

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