El paso del mito al logos

Por Susana Gómez Nuño

Discurso mítico versus discurso lógico

La característica básica de la cosmovisión de los pueblos indoeuropeos era la trifuncionalidad: un sistema mental mítico basado en arquetipos, que podemos encontrar, también, en el discurso lógico. Al igual que los pueblos egipcios concebían el mundo de forma dual –esta dualidad es un hecho de sustrato proveniente de las culturas africanas antiguas– los indoeuropeos concebían el mundo perfecto con la cosmovisión trifuncional –también consideramos esta estructura ternaria, un hecho de sustrato–. Los tres aspectos que conforman la cosmovisión indoeuropea son la función soberana (poder y religión), la función guerrera (guerra y violencia) y la función nutritiva (fecundidad y economía).

El discurso lógico aparece en la Grecia clásica y tardo republicana fruto de una transformación mental y una manera de entender el mundo de las sociedades indoeuropeas a las que hacíamos mención antes. Los factores que condicionan su aparición se van estableciendo de forma progresiva de forma que mitos y logos conviven juntos durante mucho tiempo. De esta convivencia el discurso lógico toma muchas ideas del discurso mítico, categorizándolas de nuevo y dándoles un halo más desmitificado, disponiéndolas de forma secuencial en una línea de tiempo. Por ejemplo, las narraciones procedentes del discurso mítico se reinterpretan por los historiadores romanos que le dan una forma lógica y sin arquetipos. Las disponen en un sentido lineal y con esta forma innovadora de construir las narraciones explicaron los orígenes de Roma.

El discurso lógico pierde, así, toda la magia y transcendencia que poseía el discurso mítico. Los hechos singulares y profanos, y las acciones humanas son importantes por sí mismas y discurren en una línea de tiempo sin ningún tipo de trascendencia. Son obvias y destacables las diferencias entre los dos discursos, recordemos que el discurso mítico hacía referencia al tiempo primordial, a los arquetipos, a la repetición del mito y a las esferas más transcendentes de la vida humana. Es por eso, que ambos discursos son incompatibles, a pesar de que en la vida diaria, los dos discursos sí podían convivir: se podía experimentar la religiosidad trascendental, típica del discurso mítico, y formar parte de una sociedad donde predominara el discurso lógico.

El discurso lógico hace referencia a hechos concretos y singulares a diferencia del discurso mítico que relata hechos transcendentales

Por otro lado, es fácil establecer las diferencias entre ambos discursos (mítico y lógico) si hacemos una comparación sobre la vida de un emperador romano y un faraón egipcio. El emperador romano siempre hará referencia a los hechos singulares y concretos, explicados con detalle, que ha llevado a cabo y que dispone en una línea de tiempo, con la consiguiente desaparición de arquetipos y mitos. En cambio, no podremos encontrar nunca la biografía de un faraón egipcio, puesto que la vida del faraón es la vida del dios Horus, bien conocida por todos. No se hace referencia a hechos singulares si no a hechos transcendentes. Sucede el mismo con las batallas egipcias, todas están representadas de igual forma porque todas representan la batalla primordial, el arquetipo, la repetición del mito.

El discurso lógico predomina en Grecia y a Roma gracias a las clases dirigentes provenientes de la esfera política y académica, las cuales llegan al logos mediante los nuevos conocimientos adquiridos con la observación del entorno.

Concepciones egipcias y romanas sobre la realeza y el poder

En Roma hay una primera etapa monárquica donde los reyes, ayudados por el Senado tienen funciones relacionadas con el ejército, la justicia y la religión. Más adelante, se instaurará la República y Augusto será el primer representante de la etapa imperial romana. Tenemos que tener en cuenta que Roma se desarrolla cuando la “historia” ya existe, es decir, cuando los acontecimientos singulares adquieren importancia por sí mismos en el tiempo.

El poder de Augusto proviene del Senado y en cierto modo también del ejército y su origen no es sagrado ni inmortal, sino terrenal. Su política es expansionista y con este poder se rigen las naciones que forman parte del Imperio Romano a las que se les proporciona paz, establecida por el poder militar. Los romanos tomaban en consideración los hechos singulares que cobraban importancia por sí mismos y que estaban situados en una linia secuencial de tiempo

Cuando Augusto escribió sus memorias adoptó una actitud totalmente histórica. Encuentramos en este documento una ordenación, una clasificación de los hechos, una precisión en las fechas y una singulariización de los acontecimientos sin atisbo de transcendencia. En resumen, una intencionalidad propia del discurso lógico. Augusto se representa a él mismo y justifica con esos escritos su poder para que todos tengan constancia de todo lo que había hecho con las competencias que se le habían otorgado.

Las civilizaciones griega y romana fueron la cuna del discurso lógico. Sin embargo, el logos no desplaza al mito, sencillamente este último se repliega en algunas sociedades donde ambos discursos, con sus matices, coexisten.

En Egipto, en cambio, debido a la gran estabilidad de sus concepciones básicas, el faraón fue siempre la misma figura en todas las épocas y representaba al dios Horus, en contraposición al emperador Augusto que se representaba a él mismo. Las funciones del faraón eran interceder entre los hombres y los dioses, y mantener el orden cósmico. A su vez, la política estaba centrada en su propio territorio y no era expansionista como la romana. Los hechos que tomaban en consideración los egipcios eran hechos primordiales, arquetipos y mitos.

El poder del faraón radicaba directamente en su origen divino, ya que se consideraba un dios vivo, sagrado e inmortal, por eso, intentar justificar, de alguna manera, su poder se hace del todo innecesario. Contrasta como diferencia importante, en este punto, la justificación del poder de Augusto frente el poder inherente del faraón por el hecho de ser considerado un dios.

Ante estas diferencias entre la cosmovisión integrada de los egipcios y la visión lógica de los romanos, podemos afirmar que las civilizaciones griega y romana fueron la cuna del discurso lógico. No obstante, a pesar de las diferencias entre estos dos pensamientos, no podemos considerar inferior el discurso mítico en ningún aspecto. El logos no desplaza al mito, sencillamente este último se repliega en algunas sociedades donde ambos discursos, con sus matices, coexisten hasta la actualidad.

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