El odio ha regresado

Por Alberto Vila

“Algunos estudios recientes sugieren que los mecanismos fisiológicos de la violencia varían muy poco de un individuo a otro, e incluso de una cultura a otra” René Girard – “La violencia de lo sagrado”

A tenor de esta idea, podríamos afirmar que somos todos iguales. Esencialmente iguales. En lo personal, me resisto a coincidir con Girard en cuanto a los orígenes de la violencia en que sea un mecanismo exclusivamente fisiológico. Porque lo violento es conducta y, esta, si varía con las circunstancias y las convenciones. Como conducta lo es el sacrificio, ritual o personal, que también son violencia, cuando se impone o se ejerce desde convicciones trágicas.  El espectáculo observado en las Cortes durante la sesión de investidura atestigua que el odio y la violencia han regresado desde las oscuras catacumbas de la Historia. Respaldado por los grupos que no quieren perder los privilegios inaceptables en democracia.

La historia de España es violenta. Sus devenires y sus consecuencias lo han sido, en buena medida por los condicionantes religiosos. En otra por los motivos económicos, básicamente promovidos por la avaricia especuladora de los grupos en el poder. De esa fuente de culpas manipuladoras provienen gran parte de nuestros males. 

Buena parte de las víctimas que sigue cobrándose ese origen perverso que castra libertades, tanto personales como sociales, se puso de manifiesto hoy en las sesiones del Congreso. De allí se alimentan de razones los asesinos de mujeres y niños inocentes, cuando dejan que los maten o ahoguen. Que no son los únicos. Los ancianos que mueren en soledad o los pacientes desatendidos no forman parte de sus preocupaciones. Ya se aprecia en Andalucía.

Por eso no hay política pública que sea efectiva mientras no se proceda a la adecuada instrucción en los orígenes formativos y en los valores que se guarecen en el seno de las familias acorraladas por la pobreza y el terror. Si se entrega la educación a las camarillas fundamentalistas, los resultados permanecerán intactos. Esas camarillas ven con buenos ojos la propagación del odio. También la venta de armas de manera opaca a países que violan a los Derechos Humanos. Todo cuenta. Hasta el ocultar la barbarie genocida del franquismo de la postguerra.

Como la violencia no lo es si no tiene víctimas vulnerables sobre quienes ejercerse, se ceba en los más débiles. Los españoles venimos sufriendo violencia de manera alternativa y con diferentes modalidades desde que salimos de la denominada Transición. A partir de entonces, como si de un sacrificio ritual se tratase, los diferentes gobiernos han ido sustituyendo las víctimas de un colectivo a otro. Hasta que llegamos al 11M, en donde la violencia nos devolvió a la realidad, los españoles pensábamos que esas consecuencias no nos alcanzaban. Con esos atentados, la sociedad toda fue atravesada por el soplo del odio.

Sentimiento este del odio es aquella sensación de aversión, de rechazo muy intenso, que una persona siente hacia otra o hacia algo. El odio es el sentimiento más negativo que un ser humano pueda experimentar en su vida, porque con él le desea el mayor mal posible, ya sea al grupo, sujeto u objeto odiados. Ese odio ha entrado en el Parlamento e intenta que hacerse dueño de las calles. Habrá que enfrentarlo con la ley en la mano.

Tenlo en cuenta. Ya no estás a salvo.


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