El individualismo metodológico y la falacia de la composición

Javier Aledo


Uno de los puntales teóricos de la economía es el individualismo metodológico. Todos los estudiantes de economía cuando empiezan a cursar sus estudios reciben con asombro este sustento teórico que no solo choca con casi todos los progresos hechos en multitud de ciencias sociales (antropología, sociología, psicología social, ciencia política…), sino con la intuición humana más básica. Lo que afirma el individualismo metodológico es que los fenómenos sociales pueden ser enteramente explicados por acciones individuales. La sociedad como entidad no existe, sino que ésta sería la “suma de individuos”. Es decir, una acción colectiva puede ser explicada distribuyendo los propósitos y metas del grupo en cada uno de los agentes. Esta cosmovisión se ve plasmada en algunas citas de la ex primera ministra Margaret Thatcher: “Todos somos distintos. Nadie, gracias a Dios, es idéntico a otro a pesar de lo mucho que los socialistas intenten pretender lo contrario. Creemos que todo ser humano tiene el derecho a ser desigual, pero igualmente digno e importante” y “La gente que pide constantemente la intervención del gobierno está echando la culpa de sus problemas a la sociedad. Y, sabe usted, no hay tal cosa como la sociedad. Hay individuos, hombres y mujeres, y hay familias. Y ningún gobierno puede hacer nada si no es a través de la gente, y la gente primero debe cuidar de sí misma. Es nuestro deber cuidar de nosotros mismos y después, también, cuidar de nuestros vecinos.”

Este engendro teórico es completamente dominante en la economía ortodoxa. Según esta cosmovisión los individuos son enteramente responsables de su situación económica. Esta teoría viene como anillo al dedo al modo de producción capitalista, ya que las ingentes desigualdades e injusticia que genera no serían estructurales, sino que serían responsabilidad de cada individuo. Este aumento de la ideología individualista ha hecho, por ejemplo, que los fenómenos macroeconómicos se analicen desde un prisma microeconómico, cuando debería ser justo al revés. Es una inversión de la causalidad grotesca que tiene como único fin mantener las relaciones sociales de producción.

Otro de los puntales del individualismo metodológico es que lo que es bueno para “los individuos” es bueno para el conjunto de la sociedad. Sin embargo esto es completamente falso. Esta mentira es conocida como la “falacia de la composición”, que consiste en inferir que algo es verdadero acerca de un todo solo porque es verdadero acerca de una o varias de sus partes. Como podemos observar en la realidad, lo que es bueno para un individuo puede ser malo para la sociedad en su conjunto si repiten el comportamiento de dicho individuo. Dicho de manera simple, si un individuo hace algo que le beneficie a él sólo puede que esté en una situación mejor, pero si el resto de esos individuos emulan el comportamiento de dicho individuo el conjunto de la sociedad (o de la clase social) estará en una situación peor.  En el presente artículo nos centraremos en dos argumentos económicos que retratan de manera fidedigna la falacia de la composición; la conocida paradoja del ahorro de Keynes y la tasa decreciente de ganancia de Marx.

Paradoja del ahorro:

Lo que dice la paradoja del ahorro (o paradoja de la frugalidad) es lo siguiente. Si un individuo destina una parte mayor de su renta al ahorro en vez de al consumo conseguirá aumentar sus ahorros y su hipotético consumo futuro. Sin embargo, si todos los individuos intentan ahorrar al mismo tiempo descenderá el consumo a nivel agregado, por lo tanto bajará la demanda agregada y por ende, la renta disponible de los individuos. Vamos a verlo con un ejemplo práctico fácilmente entendible. En nuestro ejemplo tenemos a una chica que va todos los viernes a comer una hamburguesa. La chica, después de constatar que llega muy justa a final de mes, decide finalmente dejar de ir a comer hamburguesas para tener más dinero. La acción de nuestra chica no tiene prácticamente ningún efecto sobre la economía en su conjunto. Ahora bien, imaginemos que un millón de personas se ponen de acuerdo para no ir a comer hamburguesas. El consumo de la economía se resentirá, los restaurantes de hamburguesas no tendrán más remedio que cerrar. Al cerrar los restaurantes bajará la demanda de carne, pan, lechuga… por lo que estos sectores se verán afectados. Esto afecta como una bola de nieve debido a la interconexión de todos los sectores económicos y finalmente tendremos una contracción de la actividad económica, que reducirá la renta disponible de los individuos. Por eso, a pesar de haber ahorrado más, no tendrán un consumo futuro mayor, ya que también ha disminuido la renta disponible.

La tasa decreciente de ganancia:

Esta teoría ha sido muy discutida tanto por marxistas como por no marxistas, pero me ha parecido que es un buen ejemplo de la falacia de la composición. La tasa decreciente de ganancia dice lo siguiente: un producto tiene la siguiente composición de valor; capital constante (maquinaria, materias primas… no añade valor nuevo al producto) capital variable (fuerza de trabajo, variable porque añade valor nuevo) y plusvalía (diferencia entre valor producido por la fuerza de trabajo y el valor de la mercancía fuerza de trabajo). Los capitalistas tienden progresivamente a sustituir trabajo vivo (capital variable) por trabajo muerto (capital constante) para poder mejorar la productividad respecto a sus competidores. Desde un capitalista individual es una elección lógica, ya que sustituyendo capital constante por capital variable puede producir más cantidad de producto en menos horas de trabajo, por lo que podrá vender a un precio menor que el de sus competidores y obtener un beneficio mayor (plusvalía extraordinaria). No obstante, por la fuerza disciplinadora de la competencia sus competidores tenderán paulatinamente a aumentar su composición orgánica del capital (proporción del capital constante respecto al capital total) para igualarle. Sin embargo, cuando todos los competidores hayan optado por el nuevo método de producción la tasa media de ganancia habrá bajado, ya que la proporción de trabajo vivo habrá disminuido y éste es el único capaz de producir plusvalía. Este es un buen ejemplo de las contradicciones que entraña el capitalismo dentro de la propia clase burguesa.

En definitiva, hemos visto en estos dos sencillos e intuitivos ejemplos como la abstracción que hace la economía respecto al “individuo representativo” es completamente falaz. Un mismo acto que puede ser “bueno” para un individuo puede ser completamente perjudicial para el conjunto de la sociedad.

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