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Desde los años de la autarquía franquista, la planificación territorial respondió a una lógica centralista que relegó a las regiones periféricas, como Extremadura, a desempeñar funciones subordinadas al engranaje económico de Madrid y de los polos industriales del norte.
Por Lucio Martínez Pereda | 13/12/2025
Ahora que estamos en plena campaña electoral extremeña no debería olvidarse que Extremadura suministra materias primas y energía al resto del Estado español, pero consigue a cambio una inversión industrial y desarrollo socioeconómico muy escaso.
Es un patrón que se repite desde hace muchas décadas y refleja una dependencia periférica. Desde la posguerra franquista, Extremadura ha sido sistemáticamente relegada a la función de granero y cantera del centralismo madrileño.
Extremadura vuelve a ser utilizada electoralmente como escenario de promesas, pero no como sujeto histórico. Continua atrapada en un modelo económico de dependencia y subordinación que hunde sus raíces en la larga duración del Estado español: suministra alimentos, materias primas, energía y mano de obra barata , pero apenas recibe, a cambio, inversión industrial sostenible ni retorno en términos de desarrollo social o empleo cualificado.
Desde los años de la autarquía franquista, la planificación territorial respondió a una lógica centralista que relegó a las regiones periféricas, como Extremadura, a desempeñar funciones subordinadas al engranaje económico de Madrid y de los polos industriales del norte.
La transición democrática consolidó ese papel subordinado y no alteró sustancialmente ese desequilibrio. Los discursos de descentralización convivieron con la persistencia de una jerarquía territorial que sigue concentrando el poder político, financiero y tecnológico en unos pocos núcleos urbanos. La política autonómica, no ha conseguido romper el modelo centro-periferia. En su lugar, se ha producido una gestión administrativa de la desigualdad, acompañada por el discurso resignado del “atraso histórico”.
Extremadura representa una metáfora de la propia construcción del Estado español actual: un país vertebrado no tanto por la equidad y la planificación racional del territorio, sino por la extracción sistemática de recursos de la periferia hacia el centro.
* En la fotografía: mina de litio en Las Navas (Cáceres)
* Aclaración para los lectores de derechas: los conceptos periferia/ centro se refieren a la funcionalidad económica del espacio y no a su localización geográfica.
Junto a Andalucía, han sido caladeros de materias primas y mano de obra esclava, los santos inocentes de este país inducidos a una ignorancia e infracultura supinas a través de la religión y sus supercherías y puestas en escena. Maldita burguesía!