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La estatalidad del Vaticano no sale de la institución eclesiástica, sino de una decisión externa y política, situada en un contexto histórico del fascismo.
Por Lucio Martínez Pereda | 9/06/2026
Los Pactos Lateranenses de 1929 -firmados por Pío XI y por Benito Mussolini- crean el Estado de la Ciudad del Vaticano. La soberanía temporal del Papa no procede de una continuidad institucional anterior a 1870 -como algunos sostienen- sino de una decisión adoptada por el fascismo italiano, decisión que proporcionó el marco de legitimación estatal del Vaticano, reconociendo su independencia y fijando sus límites territoriales.
Los Pactos no son únicamente la resolución de la antigua “cuestión romana”, son el acto fundacional que otorga al Vaticano su condición de Estado en el marco del derecho internacional. La estatalidad del Vaticano no sale de la institución eclesiástica, sino de una decisión externa y política, situada en un contexto histórico del fascismo. La decisión del fascismo italiano no respondió a una restitución histórica, sino a una estrategia de legitimación recíproca: el fascismo buscaba consolidar su autoridad normalizando sus relaciones con la Iglesia, mientras que el papado conseguía el reconocimiento nacional e internacional como Estado. La soberanía temporal del pontífice es el resultado de una decisión tomada por un régimen fascista, y no la continuidad directa de los antiguos Estados Pontificios.
Resumiendo: la legitimación internacional del Vaticano como Estado tiene su origen en un acto jurídico producido por el fascismo italiano. Su génesis actual está vinculada a un régimen autoritario.
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