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No se trata de oponerse a una regularización sino de algo propagandísticamente más eficaz: convertir el proceso en un artefacto fallido que se deslegitime por su funcionamiento.
Por Lucio Martínez Pereda | 24/04/2026
El caos, en política nunca es espontáneo. El caos es resultado de estrategias diseñadas: no es un problema a resolver, sino un recurso a explotar. El diario Público informaba en un artículo recientemente escrito por Laura Anido que el PP ha puesto en marcha su estructura para obstaculizar la regularización de migrantes, con una ofensiva desplegada desde ayuntamientos hasta los tribunales. Miguel Tellado ordenaba a los municipios gobernados por el partido que impulsarán mociones para frenar el proceso: sus alcaldes enviarán escritos a las delegaciones del Gobierno denunciando el supuesto “caos” de la medida.
No se trata de oponerse a una regularización sino de algo propagandísticamente más eficaz: convertir el proceso en un artefacto fallido que se deslegitime por su funcionamiento. Para hacerlo basta con amplificar cada fallo e ignorar cada acierto. La consigna -recopilar datos, documentar incidencias, y anotar errores- es en apariencia una labor de fiscalización legítima; en la práctica es una construcción narrativa orientada a demostrar que el sistema no funciona.
Esta estrategia no es nueva. Forma parte de un repertorio más amplio que podríamos denominar “administración del caos”, una técnica que consiste en no bloquear directamente una medida- lo cual implicaría asumir un coste político- sino en erosionarla desde dentro, construyendo un relato de ineficacia que, con el tiempo, se convierta en conversación social dominante y debate político polarizante.
Cuando los datos se seleccionan, se ordenan y se presentan con un objetivo previamente definido, dejan de ser instrumentos de información para convertirse en piezas de un relato propagandístico interesado. No se trata de si la regularización funciona o no, sino de cómo será percibida. Y en este objetivo , la acumulación selectiva de incidencias -los inevitables errores administrativos, los comprensibles retrasos- el dato se transforma en herramienta política. Es una estrategia común a toda la ultraderecha europea: la utilización de la inmigración como dispositivo de movilización emocional. Lo que pretende el PP con este consignatario enviado a lo suyos no es sólo alterar la percepción real de un proceso administrativo, sino la construcción una imagen más amplia: una sociedad amenazada por el desorden. Cuanto más desorden: más incertidumbre y miedo.
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