Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, el Día Internacional de la Higiene Menstrual y el Día Mundial de la Nutrición: cuerpos explotados, salud olvidada

El problema es que vivimos en un modelo económico que necesita cuerpos agotados, inseguros y permanentemente insatisfechos para seguir consumiendo.

Por Isabel Durán Báez | 28/05/2026

Cada 28 de mayo las instituciones publican mensajes llenos de compromiso, campañas de colores y declaraciones sobre igualdad y bienestar. Pero detrás de la propaganda institucional existe una realidad mucho más incómoda: la salud de las mujeres continúa siendo tratada como un asunto secundario en un sistema que obtiene beneficios económicos precisamente de nuestro malestar.

Porque hablar de salud femenina no es solo hablar de hospitales o consultas médicas. Es hablar de pobreza, precariedad, explotación estética, contaminación, alimentación, salud mental y abandono político. Es hablar de cómo el cuerpo de las mujeres sigue siendo un territorio de control económico y social.

La menstruación continúa rodeada de tabúes y silencios absurdos en pleno siglo XXI. Muchas niñas y mujeres siguen teniendo dificultades para acceder a productos básicos de higiene menstrual mientras gobiernos y empresas convierten un proceso biológico natural en otro negocio multimillonario. El mercado no pierde oportunidades: aplicaciones, productos “eco”, suplementos hormonales y campañas de marketing disfrazadas de empoderamiento.

Mientras tanto, enfermedades que afectan principalmente a mujeres siguen infradiagnosticadas y minimizadas. Dolor menstrual incapacitante, endometriosis, problemas hormonales o trastornos relacionados con la salud reproductiva son tratados demasiadas veces con indiferencia médica y social. A las mujeres se les sigue enseñando a soportar el dolor en silencio.

La nutrición tampoco escapa a esta lógica de explotación. La industria de la dieta lleva décadas construyendo inseguridad para después vender falsas soluciones. Se impone un modelo imposible de belleza femenina mientras aumentan los trastornos alimentarios, la ansiedad y la obsesión corporal entre niñas y adolescentes. La alimentación deja de ser salud para convertirse en control, culpa y negocio.

El problema es que vivimos en un modelo económico que necesita cuerpos agotados, inseguros y permanentemente insatisfechos para seguir consumiendo. Mujeres cansadas que cuidan de todo y de todos mientras su propia salud queda relegada. Mujeres presionadas para cumplir estándares imposibles mientras se recortan recursos sanitarios y sociales.

Por eso el 28 de mayo no debería limitarse a una jornada simbólica. Debería ser una denuncia colectiva. Porque la salud de las mujeres no necesita más campañas vacías ni discursos institucionales oportunistas. Necesita políticas públicas reales, investigación médica diferenciada por sexos, educación nutricional basada en evidencia científica, acceso universal a productos menstruales y ciudades pensadas para vivir, no solo para producir beneficios económicos.

La salud de las mujeres no puede seguir siendo un negocio. Debe convertirse, de una vez por todas, en una prioridad política y social.

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