Cuando las mujeres desaparecen del lenguaje: el borrado político detrás de “progenitor A”, y “personas gestantes”

El feminismo siempre ha defendido que el lenguaje importa. Durante décadas hemos luchado para nombrar la violencia contra las mujeres, para visibilizar la discriminación estructural y para reconocer la realidad material basada en el sexo. Y ahora, paradójicamente, se nos pide que renunciemos a nombrarnos

Por Isabel María Durán Báez | 2/05/2026

Hay una paradoja inquietante en el discurso político actual: mientras se repite hasta la saciedad que vivimos en una era de igualdad, las mujeres están siendo progresivamente borradas del lenguaje, de las leyes y del debate público. No es una exageración. Es un proceso silencioso, pero profundamente político. Y está ocurriendo ahora.

Las mujeres ya no somos madres. Ahora somos “personas gestantes”.

Las mujeres ya no somos mujeres. Somos “cuerpos con vagina”.

Las madres ya no son madres. Son “progenitor A”.

Este no es un simple cambio lingüístico. Es un desplazamiento ideológico que tiene consecuencias reales.

¿Desde cuándo está cambiando ?

Este proceso no comenzó de la noche a la mañana. Se ha ido consolidando progresivamente durante la última década, especialmente a partir de mediados de los años 2010, cuando determinadas corrientes ideológicas comenzaron a impulsar la sustitución del lenguaje basado en el sexo por uno basado en identidades o términos neutros.

A partir de entonces, instituciones públicas, administraciones, documentos oficiales, hospitales, centros educativos y organismos internacionales empezaron a introducir términos como “persona gestante”, “personas menstruantes” o “progenitor A”.

En los últimos años, este cambio se ha acelerado. Lo que comenzó como una recomendación lingüística en algunos documentos ha pasado a convertirse en normativa administrativa, guías institucionales y, en algunos casos, incluso en lenguaje legal.

El cambio ha sido rápido, pero sus consecuencias son profundas. Y, sobre todo, afectan directamente a las mujeres.

El lenguaje no es inocente

El feminismo siempre ha defendido que el lenguaje importa. Durante décadas hemos luchado para nombrar la violencia contra las mujeres, para visibilizar la discriminación estructural y para reconocer la realidad material basada en el sexo. Y ahora, paradójicamente, se nos pide que renunciemos a nombrarnos.

¿Quién se beneficia de que las mujeres desaparezcan del lenguaje?

Cuando se sustituye “madre” por “persona gestante”, se elimina el sujeto político del feminismo. Se borra la realidad material de que solo las mujeres pueden quedarse embarazadas. Se neutraliza la opresión específica que sufrimos por nuestra biología.

No es inclusión. Es borrado.

De madres a “contenedores reproductivos”

El término “persona gestante” no es neutral. Reduce a las mujeres a su función biológica, pero al mismo tiempo borra la categoría política “mujer”. Es una contradicción profundamente reaccionaria.

Mientras el feminismo ha luchado por liberar a las mujeres de la reducción a su capacidad reproductiva, ahora se nos devuelve a ella… pero sin reconocernos como mujeres.

Esto tiene implicaciones graves:

  • Se invisibiliza la violencia obstétrica
  • Se diluye la discriminación laboral por maternidad
  • Se debilitan las políticas públicas dirigidas a mujeres
  • Se normaliza la explotación reproductiva (vientres de alquiler)

Cuando desaparece la palabra “madre”, también desaparecen los derechos asociados a la maternidad.

“Progenitor A y B”: la neutralidad que borra a las mujeres

La sustitución de “madre” y “padre” por “progenitor A” y “progenitor B” pretende presentarse como una medida inclusiva. Pero, en la práctica, borra la realidad de que la maternidad implica desigualdades estructurales que no afectan de la misma manera a los hombres.

¿Quién abandona más el mercado laboral?

¿Quién asume la mayor carga de cuidados?

¿Quién sufre penalización salarial tras la maternidad?

Las mujeres.

Eliminar la palabra “madre” no elimina la desigualdad. Solo la oculta.

Y cuando la desigualdad se oculta, deja de combatirse.

El nuevo borrado: del feminismo al “buenismo”

Este proceso no surge de la nada. Se alimenta de una cultura política que prioriza la apariencia de inclusión sobre la realidad material de las mujeres. Un buenismo que evita el conflicto, que teme nombrar las cosas y que sacrifica los derechos de las mujeres en nombre de una supuesta modernidad.

Pero el feminismo no nació para ser cómodo. Nació para ser incómodo.

Nació para cuestionar.

Nació para confrontar.

Y hoy, el feminismo abolicionista vuelve a señalar lo evidente: si no podemos nombrar a las mujeres, no podemos defender nuestros derechos.

No somos “personas gestantes”. Somos mujeres

Las mujeres no somos una identidad opcional. Somos una realidad material basada en el sexo. Y sobre esa realidad se construye la discriminación que sufrimos.

Borrar a las mujeres del lenguaje no es progreso.

Es retroceso.

Es una forma sofisticada de invisibilización.

Porque cuando desaparecen las mujeres, desaparece el feminismo.

Y cuando desaparece el feminismo, desaparece la lucha por la igualdad real.

Lo que exigimos

Desde el feminismo abolicionista exigimos:

  • Nombrar a las mujeres como mujeres
  • Reconocer la maternidad como realidad material femenina
  • Rechazar el lenguaje que invisibiliza a las mujeres
  • Defender políticas públicas basadas en el sexo
  • Combatir la explotación reproductiva y la mercantilización del cuerpo femenino

No vamos a desaparecer.

No vamos a aceptar el borrado.

No vamos a renunciar a nombrarnos.

Las mujeres existimos.

Las mujeres resistimos.

Y las mujeres no vamos a callar

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