No fue un desliz: fue machismo institucional

El PSOE se llena la boca hablando de feminismo, igualdad y políticas de género. Pero la realidad es tozuda: los discursos no sirven de nada cuando los partidos protegen, blanquean o minimizan conductas inadmisibles hasta que estalla el escándalo.

Por Isabel Durán Báez | 31/12/2025

Que un concejal de Seguridad del PSOE en Martos (Jaén) cante públicamente “las niñas bonitas me la quieran mamar” y que el debate posterior gire en torno a si fue “una broma”, “un error” o “algo privado” revela hasta qué punto el machismo sigue incrustado en las estructuras de poder. No estamos ante una anécdota: estamos ante violencia simbólica ejercida desde el poder.

No es humor, no es libertad de expresión, no es una canción sin importancia. Es sexualización, cosificación y desprecio hacia las mujeres, y además pronunciado por alguien que ocupaba un cargo público vinculado directamente a la seguridad y la autoridad.

Cuando el machismo gobierna, la igualdad es propaganda

El PSOE se llena la boca hablando de feminismo, igualdad y políticas de género. Pero la realidad es tozuda: los discursos no sirven de nada cuando los partidos protegen, blanquean o minimizan conductas inadmisibles hasta que estalla el escándalo. El expediente disciplinario no es valentía política; es control de daños.

La pregunta no es por qué lo hizo, la pregunta es por qué pudo hacerlo siendo concejal. Y la respuesta es clara: porque el machismo sigue siendo tolerado, compartido y normalizado en demasiados espacios políticos.

‘Niñas’: la palabra que nadie quiere escuchar

Hay un elemento especialmente grave que muchos prefieren obviar: el uso del término “niñas”. No es casual. La cultura machista erotiza la juventud, la subordinación y la disponibilidad, y lo hace con total impunidad. Normalizar este lenguaje es alimentar una cultura que borra límites, banaliza la violencia sexual y protege a los agresores.

Desde el feminismo sabemos que estas “bromas” son el caldo de cultivo de violencias mucho más graves. No empiezan con una agresión: empiezan con risas, con complicidades, con silencios.

Un concejal de Seguridad que no es seguro para las mujeres

Que quien ha ocupado la concejalía de Seguridad se permita este tipo de mensajes debería provocar alarma institucional, no solo vergüenza. ¿Cómo se supone que una mujer va a confiar en las instituciones cuando quienes las representan se expresan como depredadores de bar de madrugada?  No es una cuestión de moral personal. Es una cuestión de idoneidad democrática. Quien desprecia verbalmente a las mujeres no puede garantizar su protección.

Cesar a alguien cuando el vídeo se hace viral no es asumir responsabilidades. Es llegar tarde. La responsabilidad política real implica: expulsión clara y sin ambigüedades; revisión de los mecanismos internos que permiten estas actitudes; y abandonar de una vez la hipocresía del feminismo de pancarta mientras se tolera el machismo en casa.

El feminismo no es marketing electoral

Este caso desmonta el relato de un partido que se autoproclama feminista mientras solo actúa cuando el daño reputacional es mayor que la complicidad interna. El feminismo no es un eslogan ni una ley para la galería: es una posición ética y política que se demuestra con hechos, no con comunicados.

Las mujeres no necesitamos disculpas vacías, necesitamos instituciones limpias de machismo y partidos que dejen de proteger a quienes nos desprecian, porque cada vez que se minimiza un caso así, el mensaje es claro: nuestra dignidad sigue siendo negociable.

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