La clase trabajadora no puede permanecer pasiva: es imprescindible un rearme político e ideológico que fortalezca las estructuras sindicales y los movimientos sociales independientes.
La socialdemocracia renunció hace tiempo a cuestionar el modo de producción capitalista, centrándose en gestionarlo y ofrecer migajas para evitar el conflicto con la élite.
Es el sueño húmedo del capital: miles de millones de euros de los sueldos de los trabajadores irán directos a engordar las cuentas de resultados de la gran banca y las aseguradoras.