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Al imitar a la ultraderecha Feijoó no la debilita: la fortalece. Al adoptar sus propuestas, el PP valida sus ideas y les otorga un lugar central en el debate público.
Por Lucio Martínez Pereda | 3/09/2025
Pese a lo que digan las encuestas que se encargan a los periódicos “amigos “, mal final de viaje le veo a un Feijóo cada vez más atado al mástil de la ultraderecha voxiana. Feijoó aún no es capaz de entender que entre la versión doblada y el original, el votante siempre prefiere el original. Al imitar a la ultraderecha Feijoó no la debilita: la fortalece. Al adoptar sus propuestas, el PP valida sus ideas y les otorga un lugar central en el debate público.
Además, el PP, al centrar el debate político en los temas favoritos de la ultraderecha les cede el control de la agenda política. Además, este proceso de deslizamiento transmite un mensaje inequívoco al votante de derechas: que las tesis de Vox no eran tan extremas como parecían, pues incluso el PP las incorpora a su retórica. La frontera simbólica entre la derecha tradicional y la ultraderecha derecha se difumina. El votante más ultra, entonces, carece de incentivos para abandonar a la ultraderecha: si su fuerza de referencia impone la dirección del debate, ¿por qué conformarse con el “segundo original” cuando pueden optar por el original mismo?.
Pero esta abducción política de la ultraderecha sobre el partido de Feijoo también está produciendo una notable disminución de la calidad del liderazgo político interno. Lo decía el otro día Natalio Blanco en un artículo para Diario16: en el PP se han sustituido los dirigentes políticos por los agitadores de redes sociales.
* Un lector de este texto previamente publicado en X comparaba el caso español con lo que ahora está sucediendo en Reino Unido
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