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Cuando el PSOE dejó el Gobierno tras la derrota de 2011, Marruecos activó su maquinaria de lobby reclutando a buena parte de los exministros de Zapatero, incluido él mismo.
Por Ahmed Baba | 21/04/2025
En noviembre de 2001, José Luis Rodríguez Zapatero, entonces jefe de la oposición, desoyó las llamadas del Gobierno de José María Aznar y realizó una visita a Rabat para reunirse con Mohamed VI. Por entonces, la crisis diplomática entre España y Marruecos ya atravesaba un momento álgido, después de que Marruecos retirara a su embajador en Madrid en octubre de ese mismo año. La excusa: los supuestos malos tratos a inmigrantes marroquíes y un referéndum simbólico sobre el Sáhara Occidental promovido por asociaciones pro saharauis en Andalucía.
Zapatero fue recibido por Mohamed VI con un enorme mapa detrás, en el cual el Sáhara Occidental aparecía como parte de Marruecos. A partir de ese momento, el líder socialista ya era el político carismático y amigo de Marruecos que su prensa no dejaba de adular.
Ya como presidente del Gobierno, en noviembre de 2004, recibió en la sede del PSOE al entonces presidente de la República Saharaui y líder del Frente Polisario, Mohamed Abdelaziz. No lo hizo en La Moncloa, para evitar darle un carácter oficial al encuentro y, de paso, no molestar a Marruecos. Aquel recibimiento buscaba simplemente apaciguar a las bases del PSOE simpatizantes de la causa saharaui y mostrar cierto distanciamiento con Rabat, tras las informaciones que implicaban a los servicios de inteligencia marroquíes en los atentados del 11M, que terminaron beneficiando la llegada del PSOE al Gobierno.
En diciembre de 2007, durante la Reunión de Alto Nivel entre España y Marruecos, Zapatero defendió públicamente, y ante el primer ministro marroquí, la propuesta de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental, aunque seguía sin hacerla la postura oficial de su Gobierno. Muy probablemente lo evitó por el rechazo que dicha posición suscitaría entre los votantes y las bases del PSOE, teniendo en cuenta que solo faltaban tres meses para las elecciones generales de 2008.
Cuando el PSOE dejó el Gobierno tras la derrota de 2011, Marruecos activó su maquinaria de lobby reclutando a buena parte de los exministros de Zapatero, incluido él mismo. Al frente de la Alianza de Civilizaciones —financiada a medias por España y Marruecos— colocaron al exministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos. A partir de entonces, la mayoría de los congresos de esta iniciativa se celebraron en Marruecos, con fuerte presencia de propaganda marroquí. Tanto es así que, en 2021, durante un congreso en Tetuán con la presencia de Rodríguez Zapatero y Moratinos, la exministra de Vivienda María Antonia Trujillo reclamó la “devolución de Ceuta y Melilla a Marruecos, ya que eran presidios coloniales del pasado”. Ni Zapatero ni Moratinos, presentes en el acto, le contradijeron ni la reprendieron durante sus intervenciones; guardaron un vergonzoso y cómplice silencio.
Trujillo, antaño defensora de la causa saharaui y que lleva años residiendo en Marruecos, se ha convertido en una de las mayores defensoras del expansionismo marroquí en el Sáhara, Ceuta y Melilla. En 2019, el Gobierno de Sánchez la nombró consejera de Educación en la embajada española en Rabat. Su descaro y servilismo con los intereses de Marruecos provocaron que el CNI advirtiera al embajador de su sospechosa actividad de espionaje. Posteriormente, una mayoría de trabajadores de la embajada firmaron una petición para destituirla. Finalmente, fue cesada en mayo de 2022. Actualmente dirige una fundación en Larache financiada por la Casa Real marroquí.
Otro de los recién incorporados al lobby marroquí es José Bono, exministro de Defensa de Zapatero, quien recientemente inauguró su nueva mansión en la costa atlántica de Tánger. Antes de 2021, era conocido por sus críticas al régimen marroquí, al que llegó a calificar de “dictadura criminal que ocupa el Sáhara Occidental”. Sin embargo, en abril de 2022, en una entrevista en La Sexta Noche, comenzó a cambiar su discurso, describiendo a Marruecos como un socio fiable y necesario, y defendiendo el giro de Sánchez al apoyar oficialmente la propuesta de autonomía para el Sáhara.
El artífice de este cambio fue Rachad Andaloussi, un joven empresario marroquí afincado en Valencia. En septiembre de 2021, invitó a Bono a su boda en Tánger y le organizó un tour por las ciudades saharauis ocupadas, donde se reunió con autoridades locales. El nombre de Andaloussi aparece en un auto de la Fiscalía de Zaragoza como uno de los denunciantes contra la exministra de Exteriores Arancha González Laya y su jefe de gabinete, por la acogida en 2021 de Brahim Gali. Según un informe del CNI publicado por El País en octubre de ese año, Andaloussi habría presentado la denuncia por encargo directo de la DGED (Dirección General de Estudios y Documentación), el servicio de espionaje exterior marroquí. ¿Un exministro de Defensa de España y exresponsable del CNI colaborando con un agente marroquí en España?
Pero no acaba ahí. Este espía disfrazado de empresario tuvo que huir a Marruecos en abril de 2023, tras emitirse una orden de arresto por parte de la Audiencia Nacional por su implicación en la venta ilegal de armamento español a grupos armados en Libia.
Cada año, un grupo llamado Movimiento Saharaui por la Paz celebra un congreso en Canarias, al que suelen asistir Zapatero, Bono y Juan Fernando López Aguilar, exministro de Justicia de Zapatero y actual eurodiputado por el PSOE. Este movimiento, creado en 2019 por Hach Ahmed, un exmiembro del Polisario, promueve la autonomía marroquí como solución al conflicto. Sus escasos miembros contrastan con el generoso presupuesto del que disponen. Para sus congresos en Las Palmas, alquilan hoteles enteros, cubren billetes, dietas, alojamiento y pagan generosos honorarios a sus invitados estrella: Bono, Zapatero y López Aguilar.
En noviembre de 2021, los periodistas de El País, José Bautista y Óscar López-Fonseca, publicaron el contenido de un informe clasificado del CNI, donde se detallaba una lista de grupos y organizaciones contrarios al Polisario en España que estaban siendo financiados por los servicios de inteligencia marroquíes. Entre ellos figuraba el Movimiento Saharaui por la Paz, al que el CNI considera una “pantalla de la inteligencia marroquí”. Por lo tanto, Bono, Zapatero y López Aguilar estarían apadrinando —y cobrando por participar en— actividades financiadas directamente por los servicios de espionaje de Marruecos.
El lujoso hotel Le Mirage, en la costa de Tánger, es el paraíso escogido por Marruecos para alojar con todo incluido a exmiembros del PSOE. Allí se hospedan con frecuencia Zapatero y su familia, Bono, Moratinos, la exministra de Exteriores Trinidad Jiménez —quien también viró de defensora de la causa saharaui a simpatizante del régimen—, Bernardino León, Elena Valenciano, entre otros. Todos, en mayor o menor medida, forman parte del lobby marroquí, que exige no solo respaldo público a la “marroquinidad” del Sáhara, sino también apoyo a futuras propuestas como una «cosoberanía» en Ceuta y Melilla, paso previo a una eventual anexión.
En el actual Gobierno de Pedro Sánchez son conscientes de lo lucrativo que puede resultar integrarse en este lobby una vez dejen el poder. Un lobby que ya no se conforma con declaraciones favorables al Sáhara marroquí o el lavado de imagen del régimen, sino que exige posturas diplomáticas concretas. A esto se suma el escándalo del caso Pegasus: el sistema de espionaje israelí que, según informes, la inteligencia marroquí usó para extraer 2,6 GB de información del móvil de Sánchez durante la crisis de Ceuta en mayo de 2021. Marruecos podría tener bajo control nada menos que a un presidente español en ejercicio.
También causó sorpresa el nombramiento de José Manuel Albares como ministro de Exteriores en septiembre de 2021, meses después de la invasión de Ceuta y del espionaje con Pegasus. Albares, entonces embajador en Francia, mantenía vínculos con el lobby marroquí en ese país. Él y su esposa, de nacionalidad francesa, eran habituales en las celebraciones organizadas por este grupo, como el aniversario de la Marcha Verde o la entronización de Mohamed VI. La elección de Albares podría haber sido incluso sugerida por Marruecos, teniendo en cuenta que, según publicó El Confidencial en octubre de 2021, fue el propio Mohamed VI quien exigió a Sánchez la destitución de Arancha González Laya por considerarla “hostil a Rabat”. Esa presión se tradujo en su cese en septiembre, tras una campaña mediática organizada por la prensa marroquí y algunos voceros afines en España.
al final les acabaran regalando andalucia a los moros para que vuelvan a montar alli el reino de granada
No lo dudo. España acabará en manos de Marruecos sin pegar ni un tiro. Y no será tanto por las acciones de Marruecos como por las de los políticos traidores que han usurpado nuestras instituciones.